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Cómo ha cambiado el cuento (I)

AutorGabriella Campbell el 21 de septiembre de 2012 en Divulgación

Cuentos tradicionales

Es posible que haya libros o relatos que no deberían leerse a cierta edad. Y no hablo de su contenido sexual o político, sino de algo mucho más sencillo: dan demasiado miedo. Así, hay libros que caen en nuestras manos a una edad muy temprana y que se convierten en fuente inagotable de temores y pesadillas.

Cualquier cosa puede impresionarnos de manera extraña y lo mejor es que esa fobia irracional nos puede acompañar durante el resto de nuestras vidas. Es más, algunas de las mejores historias de terror son, de hecho, cuentos infantiles. En un artículo de Lecturalia hablamos hace ya tiempo de las lecturas no tan infantiles, de mitos, leyendas y narraciones repletas de atrocidades que con el tiempo se han ido suavizando y adaptando a nuestros tiempos. Pero apenas mencionamos de pasada algunos de los relatos más llamativos de la tradición oral y escrita.

No hablamos, por ejemplo, de Caperucita roja y su significado cultural. Algunos argumentan que el color de la capucha de Caperucita simboliza la llegada de la menstruación, de la pubertad, y defienden que la historia tiene un valor importante de advertencia para las mujeres jóvenes contra los depredadores sexuales. Pero parece ser que el color de la capucha fue algo que introdujo Perrault en su adaptación de la tradición oral. Si seguimos excavando, investigando acerca del origen del mito de la niña vestida de rojo y el lobo feroz que la persigue, descubrimos temas aún más terribles. Las primeras versiones del cuento hablan de cómo el lobo (o más bien un hombre lobo) le da de comer a Caperucita la carne y sangre de su propia abuela, y de cómo la obliga a desnudarse y tumbarse junto a él en la cama. Muy lejos del cuento de hoy en día, donde el lobo mete a la abuela en el armario y un aguerrido leñador acaba salvando a las damas en peligro. En algunas variaciones más recientes no hay ni derramamiento de sangre: al lobo se le introducen piedras en el estómago mientras duerme, y al ir a beber muere ahogado. Sea la versión que sea, la historia es evocadora, y hay más de una película y más de una novela inspirada en este texto.

El tema caníbal lo encontramos también en otro favorito infantil: Los tres cerditos. Por mucho que se edulcore la historia, esta narración en la que tres hermanos cerditos abandonan la seguridad de su hogar para vérselas con el mundo real, donde tendrán que defenderse de, entre otras cosas, un animal salvaje que quiere devorarlos (y sí, aquí también puede haber lecturas de índole sexual), es un tanto incómoda. Y el final no se queda corto: el cerdito que sobrevive termina comiéndose al mismo lobo que antes se había zampado a sus dos hermanos (si bien en otras versiones éstos consiguen salvarse resguardándose en el hogar del último cerdo).

En la segunda parte del artículo hablaremos de más cuentos e historias infantiles en los que subyacen elementos que normalmente no consideraríamos aptos para niños, y de cómo se han ido transformando a lo largo del tiempo.

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El atlas de las nubes, de David Mitchell

AutorAlfredo Álamo el 20 de septiembre de 2012 en Reseñas

El atlas de las nubes - David Mitchell

Es inevitable que dentro de poco se vuelva a hablar de El atlas de las nubes debido al estreno de su adaptación, obra de los hermanos Wachosky. Supongo que de aquí a ese momento el libro de David Mitchell será reeditado de una vez, ya que en la actualidad está descatalogado y su editorial, Tropismos, desaparecida.

El atlas de las nubes nos presenta una historia singular, tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta. Mitchell traza una línea argumental llena de saltos, tanto en el tiempo como en el espacio, así como en el narrador y su forma de contar, que en ocasiones te hace preguntar como lector si en algún momento va a ser posible que todo cuadre. Es difícil adivinar de qué modo el diario de un viajero americano por la Polinesia en el siglo XVIII tiene que ver con las cartas de un músico inglés de principios del siglo XX, o el relato futurista de una líder-clon del siglo XXI, entre otros fragmentos igual de dispares. Qué puedo decir. Lo consigue.

Mitchell es capaz de narrar con la misma facilidad un historia que otra y enlazarlas no sólo en un discurso histórico coherente, sino también dejando pequeños detalles sueltos aquí y allá que sirven para hilvanar esa sensación de unidad, como por ejemplo, que todos los protagonistas tengan un antojo en forma de cometa. El libro es en realidad lo que su nombre indica, un atlas de las nubes, donde fija, por un momento, fragmentos cambiantes de un mismo mundo, de un mismo cielo.

Como único problema, puede que la disparidad de esos momentos no convenza por igual a todo el mundo y que a muchos les interese más la distopía de Sonmi-451 que las peripecias de un editor británico en una residencia para ancianos. El cambio de registro es tan grande que, como ya he comentado, puede llevar a una sensación de no saber exactamente en qué parte de la historia se encuentra uno. Pero da lo mismo. En El atlas de las nubes se disfruta tanto el viaje como la narración. Me pregunto qué podremos ver de todo esto en el cine.

Actualización 08/10/2012: Nos informan que la Editorial Duomo se encargará de volver a editar El Atlas de las nubes en noviembre de 2012. Una excelente noticia.

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Libros por encargo

AutorGabriella Campbell el 19 de septiembre de 2012 en Divulgación

Warhammer - Ian Watson

Estamos acostumbrados a encontrar películas, videojuegos, series de televisión, cómics y otros productos de ocio basados en libros. Pero pocas veces nos paramos a pensar en la versión opuesta del negocio: los libros basados en otros medios.

Por lo general hablamos de obras escritas a propósito para aprovechar la popularidad de un fenómeno concreto. Determinados autores, que suelen ser poco conocidos, reciben el encargo de crear obras de fácil y rápido consumo que satisfagan lagunas narrativas del producto original, o que sirvan de complemento a éste. Sin embargo, a veces se hace uso de escritores populares, buscando una calidad que haga al libro válido por sí mismo, pero incluso en esta situación dichos escritores pueden preferir utilizar un pseudónimo para que su nombre no se vea vinculado a la franquicia original, como es el caso, por ejemplo, de la línea de libros basados en el mundo Warhammer, que contó con algunos nombres decisivos de la ci-fi actual, como Ian Watson o Charles Stross, y con otros, como Brian Stableford o Kim Newman, que prefirieron firmar con un alias.

Un caso parecido fue el de la muy exitosa franquicia Dragonlance, que surgió del mundo del rol de Dungeons & Dragons. Tracy Hickman y Margaret Weis desarrollaron una serie de aventuras para este universo rolero que terminó convirtiéndose en un aclamado módulo de juego y en la primera de muchas novelas ambientadas en este mundo. El rol ha sido una fuente interesante de literatura ex profeso, como atestigua la gran cantidad no solo de manuales y módulos (de alto valor narrativo) creados de manera específica para los juegos, sino también la existencia de numerosas novelas inspiradas por estos mundos imaginarios: un ejemplo notorio es el de la empresa White Wolf (cuyo nombre viene, de hecho, de la literatura fantástica de Michael Moorcock), que controla franquicias como Vampiro u Hombre lobo, ambas con varias novelas vinculadas. Estos libros surgen sobre todo por una necesidad de documentación que ayude a los jugadores y aficionados a entender mejor el vasto universo sobrenatural creado por White Wolf.

Otra fuente interminable de literatura escrita a medida es el mundo de los videojuegos. Assasin’s Creed ha originado cuatro novelas por ahora, todas escritas por el autor e historiador Oliver Bowden. Otra marca que no se ha querido quedar atrás en este sentido ha sido Blizzard, que con World of Warcraft ha autorizado una pequeña montaña de novelitas. Para los que se pierden entre tanta historia de Azeroth, Terrallende, Rasganorte y etc., este enlace ofrece una lista por orden cronológico dentro del universo Warcraft. Por supuesto hay más nombres de videojuegos que os resultarán familiares y que tienen alguna novela como complemento literario: Tomb Raider (una de ellas, El amuleto del poder, es de Mike Resnick, otro de los pesos pesados del género fantástico de hoy en día, quien con más de doscientas novelas escritas parece ser que tiene muy asumido esto de producir libros al peso), Halo, Mass Effect, Doom, Command and Conquer, Baldur’s Gate, Uncharted y muchas más.

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La labor del escritor: Entrevista a José Carlos Somoza

AutorGabriella Campbell el 18 de septiembre de 2012 en Entrevistas

Tetrameron - José Carlos Somoza

En esta tercera entrega de entrevistas con profesionales relacionados con el sector del libro, nos detenemos ahora en la labor del escritor, aquel que crea el texto. Para ello hemos contado con José Carlos Somoza, uno de esos autores que no necesitan introducción (pero, de cualquier forma, podéis encontrar toda la información necesaria sobre su trayectoria profesional aquí, en Lecturalia). Para los que todavía no os hayáis acercado a su obra, podéis empezar, por ejemplo, con su novela más reciente, Tetrammeron.

-Aunque es algo sobre lo que te habrán preguntado muchas veces, el método de trabajo de un escritor es algo que siempre nos intriga. ¿Cuál suele ser tu disciplina de escritura, si la tienes? ¿Tienes alguna manía o costumbre fuera de lo ordinario que te ayude a trabajar?

Creo fundamental la disciplina. Empiezo a trabajar a las 8.30 todas las mañanas, hasta las 3. Por la tarde releo lo que he hecho o preparo lo que haré al día siguiente. Tengo muchas manías. Entre las más curiosas, disponer siempre de gomas de borrar (de hecho, una pequeña pila) junto a mí, aunque jamás escribo con lápiz.

-¿Dirías que es posible vivir sólo de lo que uno escribe? ¿Sueles complementar tu tarea de escritor de novelas con otras actividades relacionadas con la literatura?

Yo vivo de lo que escribo desde que publiqué La caverna de las ideas en el año 2000, novela que actualmente está traducida a 40 idiomas. Las traducciones son muy importantes para obtener una tranquilidad económica. En cuanto a otras actividades, hago lo que suelen hacer mis colegas: participo en debates, imparto conferencias, escribo algún artículo, etc.

-¿En qué sentido dirías que te afecta como escritor (si lo hace) la irrupción del libro digital en el mercado?

Es pronto todavía para saber cómo afectará al escritor el libro electrónico. Como lector, me ha beneficiado mucho, pero no en el sentido de comprar menos libros de papel sino en el de poder leer más: si antes compraba cinco libros de papel, ahora compro cinco libros de papel y me descargo otros cinco… De esta forma, puedo atreverme con esos otros libros que nunca compraría por no tener claro si me gustarán o no.

-¿Cuáles crees que son los errores más frecuentes que cometen los escritores principiantes?

A mi entender, un error principal es no terminar lo que se comienza. Hay muchos escritores de “ideas” y no tantos de papel y tinta. Hay que tener ideas y ánimo, hay que comenzar y hay que terminar. A todos los escritores noveles les digo: “Terminad una obra, y si no os da resultado, comenzad la siguiente y terminadla”.

-¿Crees que el escritor nace o se hace? ¿Cuál es la formación que consideras más recomendable para una persona que quiere dedicarse a la escritura?

El escritor nace, pero su formación es muy importante. William Faulkner, que se jactaba de haber hecho de todo en su vida menos literatura, iba por ahí con las obras de Shakespeare bajo el brazo. Es preciso leer mucho y bueno para escribir mucho y bien.

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Post patrocinado: El placer de escribir, un curso 2.0

AutorAlfredo Álamo el 17 de septiembre de 2012 en Noticias

El placer de escribir

Ya os hablamos la semana pasada del interesante proyecto de El placer de la escritura, un curso de escritura creativa articulado en dos partes: una, más clásica, consiste en una serie de fascículos con artículos teóricos, consejos y ejercicios prácticos, preparados por grandes profesionales; la otra, y aquí entra lo novedoso, está integrada en www.elplacerdeescribir.com, donde podemos encontrar material adicional, ejercicios adicionales y mucho más.

Sin duda, el uso de la tecnología 2.0 se demuestra fundamental hoy en día para cualquier experiencia de aprendizaje a distancia. Si nos fijamos detenidamente en los apartados de la web encontraremos, además de un foro donde poner en común nuestras experiencias con otros miembros del curso, un interesante apartado de Wikirelatos, donde la creación compartida alcanza un nuevo significado. Además, podrás enseñar tu obra para que el resto de autores realicen su propia crítica constructiva, ayudándote a mejorar.

Ni que decir tiene que la información adicional de la web completa y aumenta la calidad del curso, ya que podrás acceder a fragmentos de obras fundamentales, vídeos, fragmentos de audio y ensayos de crítica literaria. Además, la bibliografía extra ayuda a descubrir grandes obras de la literatura y sus principales claves.

Pero el gran atractivo de la web estriba en la posibilidad -bajo un extra en la suscripción- de contar con un equipo de profesores para la corrección de tus ejercicios, un servicio personalizado que te ayudará a mejorar sustancialmente y a participar en el II Premio Literario Planeta DeAgostini con grandes posibilidades de llevarte alguno de los 10.000 euros en premios.

Recuerda, El placer de escribir es una serie de fascículos que se complementan con una red social para escritores, una excelente opción de cara a mejor tus habilidades narrativas y de compartirlas con el mundo.

El comisario De Luca, de Carlo Lucarelli

AutorRaquel Vallés el 15 de septiembre de 2012 en Reseñas

El comisario De Luca - Carlo Lucarelli

El comisario De Luca es el protagonista de tres relatos policíacos del escritor y periodista de sucesos Carlo Lucarelli, creador también de la inspectora Grazia Negro, aunque con un registro muy diferente.

De Luca es inconfundible con su gabán y su barba mal afeitada, sus problemas alimenticios y su insomnio, a pesar de lo cual consigue ser un investigador eficaz que se hizo policía por su curiosidad, que no dejará de poner al comisario en apuros por no tener cintura ante las exigencias de sus jefes, siempre pensando más en sus carreras políticas que en resolver crímenes.

Estos tres relatos están situados en tres momentos distintos pero muy próximos en el tiempo: la Italia fascista cercada por aliados y partisanos en Carta blanca, el país la inmediatamente posterior a la guerra, con el gobierno fascista ya derrotado pero sin un orden político claro de El verano Turbio, y la Italia de las primeras elecciones post Mussolini donde el poder popular de la Iglesia, el plan Marshall con un sus contraprestaciones políticas y la fuerza de los comunistas (los partisanos) se miden en Via delle Oche.

En estos tres momentos diferentes el comisario De Luca (o el ingeniero o el represaliado) intenta resolver tres casos de homicidio; para De Luca lo único importante es resolver el caso, saber la verdad, sean cuales sean las circunstancias, aunque no podrá evitar que su investigación, su vida, se vean afectados por el convulso momento histórico y la lucha por el poder.

Esta es una de las características más destacables de De Luca, en el que el interés para el lector no sólo se centra en averiguar el quién, por qué o cómo, sino si podrá llevar adelante la investigación tal y como quiere, si a partir de esa investigación el culpable será llevado ante las autoridades o se perderá entre las intrigas políticas y las luchas por el poder. Porque De Luca, al contrario que otros detectives, no va a tener ese golpe de suerte, esa vuelta de tuerca que hace que todo encaje y la justicia prevalezca, ya que el contexto, la Italia previa a la democracia vigilada que ponía las bases para que la Mafia extendiera su poder, no permite los milagros.

Si bien los tres relatos son muy recomendables es el último de ellos, Via dell Oche, el que transmite de manera más brutal el tema recurrente de los tres: la brutal lucha por el reparto de poder.

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Los mandamientos del crítico responsable

AutorGabriella Campbell el 14 de septiembre de 2012 en Divulgación

Crítica literaria

En las últimas semanas parece que Internet se ha visto invadido de nuevo por uno de sus temas favoritos: la crítica literaria y su respuesta por parte de lectores y escritores. Mientras unos se preguntaban si los reseñadores y críticos, tanto profesionales como profanos, eran demasiado benévolos para con sus objetos de análisis (una conversación que se ha movido sobre todo por Twitter), otros se escandalizaban por una serie de reseñas particularmente crueles y mordaces publicadas en el New York Times acerca de unos libros de la autora Alix Ohlin. Aunque es indiscutible que este tipo de crítica ingeniosa y malévola, escrita para mayor gloria del reseñador, es tremendamente divertida, cabe preguntarse si es necesario tomar este tipo de postura ensañada con una persona a la que ni siquiera conocemos, que ha invertido (ya sea para bien o para mal) una gran cantidad de esfuerzo y tiempo en producir una obra literaria. En respuesta a esto, en el periódico británico The Guardian, el escritor y crítico J. Robert Lennon, que confesó arrepentirse de su propia reseña negativa (y un tanto maléfica) de Diario de invierno de Paul Auster, decidió compartir con el mundo las seis cosas que, a su juicio, uno debe tener en cuenta siempre a la hora de enfrentarse a la creación de un texto crítico:

1. Proporciona un contexto. Si tu opinión es negativa debes justificarla, y no hay mejor manera de hacerlo que en contraste con el resto de la producción literaria del escritor reseñado. Conoce a quien reseñas, sé coherente y explica por qué esta obra o texto no está a la altura. Para ello necesitarás tener todos los datos posibles de este escritor en conjunto, no solo como autor de una obra en concreto.

2. Sé humilde. Tu opinión es eso, tu opinión, y más allá de ciertos aspectos técnicos que se demuestran con mayor o menor facilidad, gran parte de tu reseña tendrá componentes subjetivos (si bien lo ideal sería que gozáramos de la mayor objetividad posible). Y las opiniones no siempre son correctas.

3. Si el escritor acaba de empezar a publicar, sé comprensivo. Recuerda cómo te sentiste cuando estabas en su lugar, si eres autor, o cuando empezaste a publicar reseñas, si eres crítico. Relee lo primero que publicaste. ¿Es perfecto, es genial? Probablemente no. Probablemente hay muchas cosas que te gustaría haber hecho mejor. Puedes señalar estos aspectos mejorables de la obra novel sin ser cruel con su autor. Concéntrate en buscar el potencial de este escritor, aquello que puede llegar a ser.

4. Nunca reseñes las obras de tus enemigos. Nunca. Esto va unido a otra regla de oro: Nunca reseñes a tus amigos. Las razones son obvias: tienes prejuicios, estás condicionado y esto se notará en tu crítica.

5. No seas un capullo (y aquí cito textualmente a Lennon). Si no tienes nada bueno que decir, no lo digas, pero tampoco te dediques a convertir tu desprecio hacia la obra que estás reseñando en una cruzada personal, ni pongas tu propio ingenio y talento por encima de tu objetivo, que debe ser proporcionar una valoración y análisis objetivo y útil de la obra.

6. Sé equilibrado. Intenta compensar los comentarios negativos con aportaciones positivas, y viceversa. Si sucumbes al odio, a la ira, al desdén, esto impregnará toda tu crítica y esta perderá su objetividad. Aunque haya poco positivo que decir de un texto, debes concederle también lugar en la crítica para que esta tenga cierto aspecto de imparcialidad.

Si eres tú el que ha recibido una mala reseña, consuélate pensando en que el crítico no ha sido objetivo y se ha dejado llevar por impulsos poco profesionales. Lennon aconseja que no le demos mayor importancia, al fin y al cabo todo el mundo olvidará esa reseña tarde o temprano. Si tu objetivo es crear buena literatura, un texto que perdure, piensa que tus lectores ideales ni siquiera habrán nacido todavía. O haz como Auster, que afirma que nunca lee las reseñas de sus libros, sean buenas o malas. Y si no puedes evitarlo y caes en la tentación de leerlas, y encuentras una crítica nefasta, recuerda cómo te sentiste la próxima vez que te toque a ti realizar la reseña. Sea como sea, se trata de pensar antes de abrir la boca (o poner las manos sobre el teclado).

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Vendiendo reseñas al por mayor

AutorGabriella Campbell el 13 de septiembre de 2012 en Noticias

Gente Letal

En el mundo de la publicidad siempre ha funcionado muy bien el testimonio, o aquella reseña o crítica positiva, supuestamente objetiva, realizada por el cliente o consumidor del producto anunciado. Sin embargo, ya pocos se creen las palabras que aparecen en las esquinas de las webs o de las revistas, o de fondo en los anuncios de televisión: ¡Con Herbalifit-Intensivo he perdido 20 kilos en dos semanas!, Cómo atravesar espejos verdes es la mejor película que he visto este año o tienes que probar los yogures de Biofitán, desde que los compro hasta tengo los dientes más blancos.

Lo que sí seguimos creyéndonos son los testimonios supuestamente realizados por personas como nosotros, en un entorno controlado, como ocurre con las reseñas de libros en lugares como Amazon. Y es posible que en nuestro país todavía no haya llegado la oleada de falsas reseñas que azotan otros países, como ocurre en Estados Unidos en comunidades como la propia Amazon o Goodreads, donde se estima que un alto porcentaje de las reseñas y comentarios que se dejan en los libros no son del todo fiables. Los expertos estiman que un tercio de las opiniones publicadas por parte de los consumidores es falso, si bien es difícil saber qué parte de éstas son producidas por clientes a comisión de la empresa anunciadora o por parte de una empresa dedicada a confeccionar este tipo de testimonios (por no hablar de familiares y personas cercanas al propio autor).

Y es que esto de las reseñas es todo un negocio. Así lo descubrió el emprendedor Todd Rutherford, que empezó a vender al por mayor sus reseñas a los escritores deseosos de apuntarse al carro Amazon de la promoción “boca a boca”. Es cierto que una obra que obtenga muchas valoraciones en esta página despierta más interés que los pobres libros que son ignorados, así que muchos escritores no tenían problema en pagar 499 dólares (casi 400 euros) para conseguir 20 reseñas favorables en diferentes comunidades lectoras en línea. Pronto Rutherford tuvo que empezar a reclutar a más “críticos”, que ni siquiera leían los libros: solo hacía falta saber un poco de qué iban estos para producir una reseña creíble. A Ruthford al final le explotó el negocio en las manos: una de sus clientas quedó insatisfecha con sus servicios y publicó su experiencia negativa en internet (un ejemplo de como, a diferencia de lo que ocurre con los libros, la mala publicidad no ayuda a vender); por otra parte Amazon por fin espabiló y comenzó a controlar con mayor precisión la fiabilidad de sus reseñas. Aun así, parece que sigue siendo una práctica común entre autores (sobre todo autoeditados) el contratar los servicios de reseñadores profesionales.

La desesperación de estos autores, dispuestos a pagar lo que haga falta para promocionar sus libros, demuestra lo importante que es compartir nuestras reseñas y opiniones por la red para ayudar a dar a conocer a un escritor. Hagamos que nuestras palabras acerca de un libro cuenten de verdad. Se ha demostrado que hasta las valoraciones negativas pueden ayudar a vender libros, así que el mayor castigo que puede proporcionarse a un libro que no guste es ignorarlo. Teniendo esto en cuenta, cobra más importancia el dar a conocer nuestra pasión por las obras que sí valen la pena.

Los autores que no amaban a otros autores

AutorGabriella Campbell el 12 de septiembre de 2012 en Divulgación

Escritores enfadados

El ego del escritor es legendariamente inmenso, y con los grandes talentos llegan, con frecuencia, grandes y conflictivas personalidades. Por tanto, no ha de extrañarnos que las disputas entre autores (y, por supuesto, las disputas entre autores y críticos) estén a la orden del día.

Todos recordamos aquel soneto A una nariz de Quevedo, tal vez la muestra más famosa que tenemos en la historia de la literatura española de un desencuentro entre grandes autores. Pero las broncas literarias no son exclusivas de un solo país, cultura o época. Hay odios, desprecios y rencores para elegir, como en todas las familias.

La animadversión no se limita a los coetáneos, ya que muchos autores han expresado, de manera vehemente, su aberración por escritores ya fallecidos. Algunos hasta han insistido en su deseo de desenterrar al autor detestado para aporrear su esqueleto, como le ocurría al dramaturgo George Bernard Shaw, que odiaba tanto las obras de William Shakespeare que afirmaba que la intensidad de mi impaciencia con Shakespeare llega a veces hasta tal punto que sería para mí un alivio desenterrarlo para tirarle piedras, conociendo como conozco tanto su incapacidad como la de sus adoradores para entender cualquier forma menos obvia de humillación. Claro está que Shaw también tenía sus detractores; de él dijo H. G. Wells (autor de La máquina del tiempo o La guerra de los mundos) que era un niño idiota gritando en un hospital. Y aquello de vejar cadáveres no se quedaba en el célebre dramaturgo irlandés; Mark Twain decía de Jane Austen, autora de grandes clásicos de la novela decimonónica como Sentido y sensibilidad que cada vez que leo Orgullo y prejuicio quiero desenterrarla y pegarle en el cráneo con su propia tibia.

Ni los más grandes y populares se libran del odio de sus colegas escritores. Y qué decir de críticos y teóricos: Harold Bloom dijo de J. K. Rowling, en el año 2000: ¿Cómo leer Harry Potter y la piedra filosofal? Bueno, con mucha prisa, para poder llegar al final. ¿Por qué leerlo? Si es imposible convencerte de que leas otra cosa mejor, imagino que Rowling tendrá que servirte. Stephen King, sin embargo, defendía a Harry Potter, aunque no puede decirse lo mismo de Crepúsculo: Tanto Rowling como Meyer le están hablando de manera directa a los jóvenes. La diferencia es que J. K. Rowling es una autora excelente y Stephenie Meyer no sabe escribir. No es muy buena.

Ni siquiera ese gran favorito de la literatura española, Cervantes, se libra del desprecio ajeno. Martin Amis dijo del Quijote en una ocasión: Leer Don Quijote podría compararse con una visita indefinida de tu pariente anciano más insoportable, con todas sus travesuras, costumbres asquerosas, relatos interminables y amigos terribles. Cuando termina la visita, y el viejo por fin se marcha (en la página 846 de una prosa apretada, sin pausas para el diálogo), llorarás, pero no lágrimas de alivio o arrepentimiento sino de orgullo. Lo conseguiste, a pesar de todo lo que Don Quijote podía hacerte.

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La escandalosa vida de H. G. Wells

AutorGabriella Campbell el 11 de septiembre de 2012 en Divulgación

H. G. Wells

Tras crear algunas de las obras más importantes del género que más tarde se conocería como ciencia ficción, obras que él llamaba romances del espacio, Wells se dedicó a escribir, una y otra vez, sobre temas sociales y políticos. Uno de sus mayores intereses era la liberación sexual, y no hay duda de que fue un hombre que supo llevar a la práctica sus propias nociones acerca de lo que debería ser una relación más saludable de pareja. Wells buscaba nuevos estándares humanistas que formasen parte de su visión de lo que debería ser un mundo perfecto, y esto se vio reflejado en su curiosa vida amorosa que incluso a día de hoy podría considerarse poco común.

A finales del siglo XIX Wells se casó con su prima, Isabel. Ninguno de los dos tenía mucha experiencia en las lides sexuales: Herbert George, con 25 años, solo había conocido carnalmente a una prostituta, y pronto se dio cuenta de que su esposa no tenía el mismo interés en descubrir los placeres de la alcoba que él. No duraron mucho, y en 1895 se divorciaron. Wells comenzó un romance con su estudiante, Amy Catherine Robbins, a quien prefería llamar “Jane”. Se casaron al poco del divorcio con Isabel, y vivieron juntos como marido y mujer hasta la muerte de “Jane” en 1927.

Parece ser que Jane y Herbert George tenían algún acuerdo en relación a las costumbres amorosas de este último, ya que ella le permitía tener todo tipo de encuentros con otras mujeres (y hasta mantenía contacto con algunas de ellas). Jane aceptaba como algo normal y cotidiano la intensa vida extramarital de su esposo, que decoraba su hogar con fotografías de sus amantes y se costeaba un apartamento en Londres para las visitas de sus queridas.

Wells y su legítima tuvieron dos hijos, pero fue padre de dos más (que él reconociera, cabe la posibilidad de que fueran más). El primer bastardo nació de Amber Reeves, la joven hija de una de las familias más importantes de la capital británica, y el segundo de Rebecca West, una crítica y escritora feminista que llamó su atención tras reseñar de modo muy negativo una de sus novelas. En aquel entonces Rebecca tenía unos veinte años, y Wells tenía 46, pero ella se vio conquistada por su encanto e inteligencia. Muchos dicen que después de su esposa fue la mujer más importante de su vida: sus encuentros duraron casi una década, hasta que finalmente fueron sustituidos por el ardor de otros amantes y por el miedo de Rebecca de que su reputación se viera severamente dañada por su relación con el escritor.

Lo curioso es que, con tantísimas amantes como se calcula que tuvo (hasta bien entrado en años seguía acudiendo a sus numerosas citas en su nidito de amor de Londres), tuviera tiempo para escribir tal cantidad de libros. Aunque lo conocemos por obras especulativas como La máquina del tiempo y La guerra de los mundos, produjo todo tipo de textos, desde la crítica social y política que ya hemos mencionado a libros de historia o didácticos. En cualquier caso, era un hombre de múltiples identidades: ateo, socialista, comprometido con toda una serie de nuevas y revolucionarias ideologías, adelantado a su tiempo de mil maneras y que sabía conjugar su vocación absoluta de Don Juan con una vida familiar más o menos estable y tranquila.

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