Resumen y sinopsis de El misterio de la cripta embrujada de Eduardo Mendoza
Las enigmáticas desapariciones de niñas del colegio de las madres lazaristas de San Gervasio son el punto de inicio de la aventura indagatoria que tiene como protagonista a un cliente del manicomio, quien, obligado a convertirse en investigador, se verá envuelto en toda clase de percances de los que logrará salir llevando a cabo su cometido y descubriendo una intrincada farsa de gente pudiente.
La escritura de Mendoza constituye un espléndido ejemplo de investigación literaria personal, ajena a todo mimetismo, que ahonda en las posibilidades de volver del revés, sin infringirlas a primera vista, las posibilidades del relato tradicional, e indagar así —como un buen detective, o como un personaje de Henry James— en el dibujo que se nos muestra al dorso del tapiz de la trama. Una farsa burlesca y una sátira moral y social que tiene sus raíces últimas en la picaresca y en el modelo cervantino.
"El misterio de la cripta embrujada" me ha parecido, sencillamente, una novela muy mala. No porque no entienda su humor ni porque me moleste el absurdo, sino porque detrás de la parodia encuentro una construcción extraordinariamente endeble. El propio Mendoza ha contado que la escribió prácticamente de un tirón, en una semana, pensando sobre la marcha en las escenas que se le iban ocurriendo. Y, sinceramente, se nota: más que una trama desarrollada, parece una sucesión de episodios y ocurrencias a los que al final hay que buscar una explicación.
El gran hallazgo —o la gran coartada— es el protagonista. Un loco, inculto y pedante que se expresa mediante un pseudolenguaje barroco, cambia de registro, utiliza palabras de manera imprecisa, divaga durante páginas y establece asociaciones disparatadas. Todo cabe porque está loco. Si el discurso es incoherente, está loco; si una expresión resulta retorcida o inadecuada, está loco; si la narración salta de una ocurrencia a otra, está loco. Es un personaje que permite al autor escribir prácticamente sin resistencia: cualquier imperfección puede presentarse después como un rasgo deliberado de la voz narrativa.
La novela funciona muchas veces como un tebeo en prosa. El protagonista cae, se golpea, se ensucia, acaba impregnado de pescado podrido y en la escena siguiente continúa como si nada. Los personajes aparecen para cumplir una función y desaparecen cuando ya no son necesarios. Son títeres de cachiporra: el malo es malo, el policía es cínico, la prostituta es grotesca y el narrador va de un decorado a otro encadenando accidentes y peroratas. Incluso la reiteración de referencias sexuales, tetas, nalgas y excitaciones varias termina siendo otro recurso fácil para llenar el discurso sin aportar prácticamente nada.
El verdadero problema es que esa lógica de dibujo animado acaba contaminando también el misterio. El cadáver pasa de un lugar a otro, una niña es retirada y devuelta a su cama como si fuera un objeto, aparecen cómplices cuando la explicación los necesita y, al final, el propio protagonista reconstruye lo sucedido mediante «supongo», «pienso yo» y «esto es sólo una conjetura». Parece menos una trama previamente construida que un intento de justificar retrospectivamente todo lo que se ha ido escribiendo sobre la marcha. El absurdo puede estar magníficamente construido: Mihura, Jardiel Poncela o "La venganza de don Mendo" son buenos ejemplos. Aquí, en cambio, veo sobre todo acumulación de ocurrencias.
Mendoza sabía escribir; "La verdad sobre el caso Savolta" me parece prueba suficiente. Precisamente por eso este libro me decepciona más. Tengo la impresión de que encontró una fórmula que funcionó: un personaje que justifica cualquier disparate y una verborrea cultista capaz de convertir cada escena en un gag. El éxito confirmó la fórmula y el personaje regresó varias veces. Pero que un procedimiento funcione comercialmente o que pueda explicarse como parodia no lo convierte necesariamente en buena literatura. Para mí, "El misterio de la cripta embrujada" es un tebeo de humor de trazo grueso escrito en prosa recargada: perfectamente imperfecto y, precisamente por eso, casi inexpugnable a cualquier crítica.
Entretenido y divertido. Fantástico para la época de juventud en que lo leí.
De fácil lectura, con episodios que te hacen sonreír y coger cariño al protagonista. Ingenioso para la época.
Excelente y entretenido.
Original, sarcástica y divertida
Libro sin pretensiones, ameno. Para pasar el rato.
Super recomendable para adentrarnos en el género del misterio y drama en la adolescencia. Engancha.
Este libro es una especie de parodia de novela policíaca. El estilo de Eduardo Mendoza, que en otras ocasiones sí ha sido de mi agrado, en esta novela me ha resultado un tanto cargante. Por otra parte, el desenlace resulta muy acelerado.
Como me gustaría escribir así. Protagonista único en la historia de la literatura, con una forma de hablar que ya quisiera yo.
Es una novela que tal vez me esperaba un poco más por las críticas que he leído de ellas. No me arrancó ninguna carcajada, pero sí que alguna sonrisa. Aún así, libro rápido y entretenido para pasar el tiempo.