La primera vez que leí El extranjero
No me acuerdo cuando fue exactamente, apenas el año, aunque supongo que sería cerca de 1992 o 1993, yo tendría unos diecisiete años aproximadamente, una época en la que devoraba una vieja colección de libros de mi madre que llenaban cuatro estanterías con clásicos de la literatura.
Queda claro que entonces no sabía quien era Albert Camus y que el mundo literario de los Premios Nobel no era algo que tuviera presente. Simplemente cogí el siguiente libro del estante, uno fino, para variar, y me puse a leer. He de aclarar que siempre he leído con ansiedad, lo sigo haciendo, cuando engancho un libro no lo suelto hasta dejarlo seco, leo deprisa y paso al siguiente. Sin embargo, y supongo que fue cosa de la edad -me pasó algo parecido con El lobo estepario de Hesse por esas mismas fechas- en cuanto empecé a leer El extranjero mi ritmo lector decayó en velocidad, que no en intensidad, enseñándome una de las más valiosas lecciones de la escritura: Las historias más complejas se pueden contar con las palabras justas.
El extranjero significó una de las primeras obras que, de algún modo, supieron tocar alguna fibra dentro del monstruo adolescente que llevaba dentro. Era una de las primeras piezas de literatura contemporánea que leía de una manera casi adulta y no hay duda que el encontronazo con ese existencialismo, esa falta de destino, fe, ese protagonista fuera del mundo por que deambula y que se pierde dentro de su propia vida, me sacudieron lo suficiente como para que fuera uno de esos libros que recuerdas siempre con cierta ternura.
Hace cincuenta años que Camus murió en un accidente de coche. Tenía cuarenta y seis años y ya había logrado un Premio Nobel de Literatura, algo a lo que muchos sólo aspiran después de la labor de toda una vida. Es inevitable recordar también obras como La peste o La caída, o alguno de sus ensayos, como El hombre rebelde.
Medio siglo ya de la ausencia de uno de los grandes escritores de las letras francesas, al que yo conocí por sus palabras escritas hace ya más de quince, y que, de alguna forma que sólo la alquimia de la literatura conoce, colaboró a construir, para bien o para mal, la persona que soy ahora.
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7 de enero de 2010 a las 18:53
¡Qué pena que muriese tan joven! Yo quedé fascinada con “El extranjero”, lo volveré a leer. Lo leí con 20 años y despertó algo en mí. A partir de ese día me empezó a interesar aún más el existencialismo.
Además, parece que le tengo cariño pues se parecía muchísimo a mi abuelo.
Saludos,
7 de enero de 2010 a las 19:54
A mí me ocurrió lo mismo que relatas, pero con dieciocho años y con 1984 y El Proceso.
8 de enero de 2010 a las 12:14
Hola! Me encanta la web y el blog es muy complento.Confieso que apenas tengo 20 años pero soy una amante de la literatura, todo empezó con El Principito. Pero ya mismo me leeré está obra que con tan buena recomendación segura me deja huella. Un Saludo.
24 de junio de 2010 a las 21:12
Buscando a Hermann Hesse, encuentro esta referencia al libro de Camus, por cierto un autor leído y luego censurado en epocas de dictadura, me trae buenos recuerdos este autor y ganas de leer este libro. Cristina.
26 de junio de 2010 a las 1:56
La primera vez que lo leí me parecio de una narrativa detallista y llena de palabras adecuadas a la situacion del protagonista, ese libro da para mucho, desde la perspectiva del protagonista se puede apreciar la manera en como ve la realidad, el amor, la muerte, la vida, un sinfin de cosas que despierta algo en nosotros, despierta la filosofia de lo adsurdo