Resumen y sinopsis de Un futuro prometedor de Pierre Lemaitre
PARÍS, PRAGA, 1959
Una trama llena de acción, mucho suspense y giros inesperados, con la Guerra Fría y la amenaza nuclear como telón de fondo
Vuelve Pierre Lemaitre con su saga sobre la familia Pelletier.
Iniciado hace más de diez años con Nos vemos allá arriba (Premio Goncourt 2013), el monumental proyecto de Pierre Lemaitre de ofrecer una historia subjetiva, incuestionable y sobre todo gozosa del siglo XX, que no ha cesado de sumar lectores y elogios de la crítica, prosigue con Un futuro prometedor, un sabrosísimo relato lleno de giros, misterio, tensión, espías y amor en el contexto de la Guerra Fría.
Tras vender su fábrica de jabón en Beirut, el matrimonio Pelletier se instala en la apacible campiña francesa, donde recibe la visita regular de sus tres hijos y sus numerosos nietos. Corre el año 1959 y la vida parece sonreír a los Pelletier, pese a que el sombrío panorama político nacional e internacional no invita al optimismo. Pero todo cambia cuando, en plena Guerra Fría y con el comunismo en horas altas, uno de sus hijos debe dirigir una peligrosa misión en Praga, detrás del Telón de Acero, de la que no sabe si va a poder salir indemne o ni siquiera vivo... Atrapado en una ciudad donde reinan la policía, el ejército, los delatores y los informadores, deberá superar una prueba a la que se ha comprometido en nombre de un valor moral que considera superior. Esta aventura afectará profundamente a la familia y pondrá a prueba el vínculo afectivo y la solidez de los lazos de todos sus miembros.
Tercera entrega de la saga familiar sobre el clan Pelletier, Un futuro prometedor es un auténtico homenaje a la novela de acción con la amenaza nuclear como telón de fondo. En ella, Pierre Lemaitre nos ofrece, una vez más, un retrato exultante de una época tan turbulenta como fascinante.
Un futuro prometedor es la tercera parte de la trilogía de Los años gloriosos. Ocurre a veces que las terceras partes presentan una trama más desgastada o un final que dice poco. En este caso no me ha parecido así: esta tercera novela está a la altura de las dos anteriores.
El tiempo ha transcurrido y los Pelletier ya están asentados entre París y su cinturón. En realidad, nada parece haber cambiado salvo la salud del señor Pelletier, Louis; Collete que ha cumplido los diez años; y la vida estable de François que se verá alterada por una situación repentina.
Esta sensación de que nada se ha movido se refleja en todos los personajes: no evolucionan, no cambian ni aprenden nada con el paso de los años. Son los mismos de principio a fin y no se contempla un aprendizaje moral en ninguno de ellos. Están estancados, incapaces de escapar de sí mismos. Tal vez por eso, lo interesante en la vida de los Pelletier, y lo que la hace atractiva, no es lo que la vida les enseña sino cómo la viven.
La dinámica de la novela es como en las anteriores: uno de los hermanos se convierte en personaje principal. En la primera parte fue Étienne, en la segunda Hélène y en la tercera François. A Jean y Geneviève, Lemaitre les concede el privilegio de estar presente en toda la trilogía y los convierte en el alma de la historia.
Son un matrimonio tóxico, aunque en distintas direcciones. En Jean se refleja una conducta amoral en la que no hay nada que rectificar: sin moral, el mal no necesita justificación. Geneviève, en cambio, resulta previsible; su crueldad es evidente y nadie en la familia la soporta.
Quienes verdaderamente sufren este comportamiento son sus hijos, Collete y Philippe, cuya vida diaria me parece inquietante porque no he percibido miedo en ellos. Aprenden de lo que ven: un padre indiferente e inseguro que necesita refugiarse en su mujer, aunque le incomode, y una madre dominante a la que solo le mueve la ambición.
En general, es una novela y una trilogía ajetreada con una trama que mantiene al lector en alerta. Sin embargo, la vida diaria de los personajes es apagada, triste, como si el ambiente estuviera cargado de negatividad. Cuesta entrar en sus vidas y sentir afinidad hacia alguno de ellos. Parecen resistentes y al mismo tiempo, vulnerables; extraños y carentes de moral.
Pese al buen estatus familiar creo que los progenitores, Louis y Angèle, cometen un error que influye en la educación de sus hijos. Aunque quizá sean los únicos que muestran cierta emotividad, no hay en ellos calor familiar. Los cuatro hijos se han educado dentro de un programa donde lo que prevalece son las normas: se enseña a comportarse, pero no a comprender.
Este aspecto es tal vez el único que sí evoluciona a lo largo de esta historia y agrava con el paso de las generaciones.
Esta evolución no la he percibido hasta llegar al tercer libro, donde se hace evidente que Lemaitre crea con estos personajes un modelo de vida que no se corrige, sino que se normaliza, y cuya transmisión es cada vez más empobrecida.
Donde mejor se ve este proceso es en Collete y Philippe que, aun siendo hermanos, el trato maternal es diferente al principio para terminar siendo despiadado en ambos, ya que Jean interviene poco en la educación de sus hijos. Colette se adapta y sobrevive sin provocar malestar quizá porque desde su nacimiento no fue deseada. No despierta expectativas en Geneviève y, por tanto, la normalidad es lo habitual. Philippe, en cambio, el hijo deseado y heredero correcto, deja de serlo cuando su madre descubre que su sensibilidad e inquietudes no encajan en los parámetros que ella había fijado.
El final de Un futuro prometedor queda abierto con un final feliz parcial. Se presenta de varias formas: el de Louis y François no sorprende porque se ajusta a lo esperado, como el de Hélène. Sin embargo, me ha desconcertado el último comportamiento de Collete con una sorpresa final que rompe el esquema de la novela: hace algo que es moralmente correcto sin tener conciencia de ello.
Pensando que con este libro terminaría la trilogía me decidí a leerlo, cuando menos esta mas entretenido que el anterior, aunque el final se me hace precipitado y lo que no esperaba, es que lo mas probable es que haya un cuarto libro de la serie, ya que la historia del gordito y su tóxica mujer queda inconclusa.
Tercera entrega de la que finalmente parece que será una tetralogía alrededor de la familia Pelletier, se sitúa ya a finales de los 50, en plena guerra fría.
Lemaitre nos vuelve a sumergir en una historia un tanto rocambolesca donde se mezclan asesinos en serie, espías, delincuentes sexuales y secretos de familia desvelados (o no).
La trama es vertiginosa y la narración ágil, tal y como nos tiene acostumbrados ya el autor, y todo bañado en un tono entre irónico y nostálgico.