Resumen y sinopsis de Lo que pasa de noche de Peter Cameron
Un matrimonio estadounidense viaja a una fría y remota ciudad europea para adoptar a un niño. Aunque su relación está muy deteriorada a causa de la grave enfermedad de ella, llevan años soñando con ese momento y creen que un hijo les ayudará a recuperar la alegría. Mientras esperan noticias del orfanato en el decadente gran hotel donde se alojan, de atmósfera misteriosa y poblado por unos pocos y excéntricos huéspedes, la pareja se verá envuelta en unos sorprendentes sucesos que les empujarán a reconsiderar sus certezas.
A través de unos personajes llevados al límite en un entorno tan inquietante como singular, Cameron perfila con delicadeza los sueños rotos y las frágiles esperanzas de un matrimonio. Una absorbente novela sobre nuestras incertidumbres y deseos ocultos que indaga en la complejidad del amor y los poderosos vínculos que establecemos con los demás. Lo que pasa de noche es sin duda la novela más fascinante del autor y para muchos su mejor obra hasta la fecha.
El autor prescinde de referencias geográficas y temporales concretas, de nombres para sus protagonistas, que se limitan a ser “el hombre” y “la mujer”, para llevarnos a un territorio como de fábula e incertidumbre; el de un frío país europeo al que viaja un matrimonio estadounidense deseoso de adoptar un bebé. En el límite de todo, del mundo como tal, pero también de una relación humana, la novela la conforma una espera, una sucesión de encuentros y conversaciones con varios personajes intrigantes que van y vienen, cuya identidad e intenciones nunca están claras. El hotel, el orfanato, la casa del curandero, son espacios al margen de la realidad común que se reiteran y que aparentan ser el reflejo físico de una ruina interior, la de una pareja cuyos miembros se enfrentan tanto entre sí como consigo mismos. Lugares ensoñados, encallados en el tiempo, como ellos dos, en un punto muerto.
El punto fuerte del relato es la disección a conciencia de un matrimonio que ya no puede más; dos personas extenuadas, desesperadas y que intentan salvar de algún modo su vínculo mediante una nueva vida, aunque sea como resguardo ante la muerte, próxima e inevitable, de uno de los dos. Está muy bien captada la amargura, la falta de tacto y de comunicación, tan horriblemente humano todo; el carácter frágil del esposo, su enorme necesidad de cercanía y calor, sus frustraciones, su devoción, sin embargo, y su empeño fracasado en hacer lo posible por ella. Pero para la mujer nada es suficiente, aislada, inaccesible en la coraza emocional de su desgracia, resignada, aunque en determinadas circunstancias anómalas parece aún posible el milagro...
Lo que pasa de noche es lo que pasa en esos pliegues ocultos de la vida. Aceptar lo inevitable de la muerte y la enfermedad, asumir una pérdida, también una nueva vida; una reflexión sobre por qué queremos seguir adelante, o qué significa ser padres y formar un proyecto común, los límites inciertos entre el amor, el rechazo y el auto-engaño, las verdades incómodas hasta para uno… el autor se adentra en cuestiones complejas con una escritura ligera, con uno de esos comienzos memorables y definitorios (“...como el telón de una función de teatro aficionado que va camino del desastre”), que mantiene atento sin que haya una gran trama. La escena final, por su parte, ya nos adentra por completo en la ambigüedad y en la alucinación.
A destacar esa presencia secundaria, pero que acaba alzándose casi protagonista, como es la de Livia Pinheiro-Rima, algo así como una bruja o figura maternal que no parece decir una sola verdad, pero que se mantiene como la criatura más viva en ese hotel encantado (el único, por cierto, con nombre y apellidos); si leemos entre líneas, es fácil concluir quién es realmente esta señora…
Decir que la novela, por lo demás bien escrita, se asienta en un gran cliché (sobre el que parece ironizar) de americanos inocentes que se cruzan con sospechosos europeos en un continente extraño donde son víctimas de sus manejos, lo cual resulta algo cansino. En cuanto a la parte alusiva a la sexualidad de él, supuestamente reprimida, me parece lo menos logrado y resulta, de hecho, algo burdo, como si determinadas orientaciones tuviesen que ir por fuerza ligadas a una determinada forma de ser o actuar.