Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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¿Es todavía necesaria la crítica literaria?

AutorAlfredo Álamo el 6 de enero de 2012 en Opinión

Crítica Literaria

A nadie se le escapa que con la aparición de las nuevas tecnologías el mundo de las críticas literarias en Internet ha ido cambiando a medida que una mayor parte de la población lectora ha ido incorporándose a las redes sociales. Quizá, antes que preguntarse si la crítica literaria es necesaria, habría que preguntarse qué busca un lector ante una crítica de esa índole.

La mayoría de la gente, hoy por hoy, busca la prescripción literaria. Quiere que alguien le diga si un libro es bueno o malo, si le gustará o no, si merece la pena perder unas cuantas horas, días o incluso meses, con una historia que puede elegir entre cientos de otras novedades. Esa prescripción venía antes desde medios tradicionales y escritos, con mayor o menor fortuna, en artículos que podían variar de extensión desde un párrafo a varias páginas. Dejando a un lado a aquellos que piden, necesitan, de análisis bien estructurados y complejos que soporten sus opiniones, nos encontramos que en el mundo digital es muy complicado lograr que un lector aguante más de cinco minutos leyendo el mismo texto sin que haga click en un enlace o pase directamente a la siguiente reseña del lote.

De ahí que haya muchas webs de crítica que apenas dejan caer unas cuantas líneas en su valoración, la valoración del crítico, su opinión personal, y se empieza a perder la crítica más elaborada. En Lecturalia, por ejemplo, dejamos más espacio a la reseña que a la opinión personal, ya que la crítica bien hecha necesita de un espacio que nosotros no podemos dar. De ese modo hay que preguntarse si la nueva crítica, rápida y muchas veces poco sostenible, tiene sentido frente a la propia opinión de los usuarios.

Habría que preguntarse, desde un punto de vista prescriptivo y no académico, si la tecnología de hoy en día es superior para acertar en cuanto a gustos personalizados que la propia identificación que puede conseguir un crítico con sus lectores. En ese campo, aunque más relacionado con la compra que con el gusto, Amazon siempre ha destacado, aunque es más probable que desde una red social, con opiniones más duras, se logre un equilibrio de recomendaciones más interesante. También existen proyectos directamente dedicados a la recomendación literaria, hablamos en su día del importante Proyecto Genoma, así que quizá no esté lejano el día en que cada mañana recibamos en nuestro correo el título que más nos puede interesar leer de entre todas las novedades.

¿Dónde queda entonces el crítico? Creo que, como viene siendo habitual, irán desapareciendo los críticos ocasionales o los que hoy en día persisten pese a estar por debajo de la media. Seguirán aquellos que o bien lo toman como una afición más o los que destaquen y consigan un buen número de seguidores, y que seguirán ocupando los lugares destacados en páginas dedicadas a la cultura. También, y sigue siendo mi opinión, todos tendrán que dar un salto hacia delante en cuanto a sus lecturas, arriesgando más con textos alejados de las grandes editoriales y con autores desconocidos que, en cualquier momento, podrían convertirse en auténticos best-sellers partiendo de un simple ebook.

La construcción del Literaverso

AutorAlfredo Álamo el 5 de enero de 2012 en Divulgación

Literaverso

Podría decirse que cada libro contiene su propio universo, sus personajes, sus reglas, sus lugares secretos… y, al mismo tiempo, comparte el universo en el que vivimos, con ciudades, cantantes, platos de cocina o políticos, por mencionar unos pocos.

La barrera entre ficción y realidad es, pues, difusa y muchas veces, además, puede parecer que el universo privado del escritor nos es completamente ajeno debido a esas referencias oscuras a saxofonistas de jazz, razas desconocidas de gatos o barrios pintorescos de una ciudad de Tokyo. ¿No sería maravilloso poder acceder a esas referencias? Sólo con acceder a las recetas sicilianas del Comisario Montalbano o a los listados de música en Alta fidelidad ya valdría la pena.

Pues bien, la gente de Small Demons se ha puesto en marcha y está creando un completo mapa del Literaverso (storyverse) en el que pretenden crear un mapa -más bien una corografía universal y virtual– en la que tengan cabida desde lugares, personajes, obras, películas, y cualquier otro tipo de cosa que aparezca en un libro, tanto si es real como si no lo es.

Literaverso

Las búsquedas, en teoría -están trabajando en ello- partirían tanto desde las propias obras como por los ítems a buscar. Es decir, se podría buscar cada pueblo que aparece en el Quijote o, directamente, ver en cuántos libros aparece El Toboso. Y así con cada cosa del universo en un mapa trenzado a través de la literatura.

De entrada parece una labor descomunal e infinita sacada de uno de los libros de Jasper Fforde. El mundo de los libros es amplísimo, por no hablar de las simples «cosas» que se podrían aplicar. Por el momento no sé si el proyecto pretende ir más allá de una prueba de concepto, ya que sin contar con el apoyo directo de una enorme comunidad de usuarios es imposible que el proyecto avanzara más allá de una pequeña muestra. Eso sí, las posibilidades comerciales parecen muy interesantes tanto a nivel publicitario como en ventas. Desde luego, una idea a la que habrá que ir siguiéndole el rastro.

Más información: Small Demons (Inglés)

Cómo se hace un libro (VII): Las correcciones

AutorVíctor Miguel Gallardo el 4 de enero de 2012 en Divulgación

Correcciones

Tema peliagudo el de las correcciones, sobre todo para muchos autores, ya sean noveles o experimentados, que no consideran necesario que se haga ninguna más allá de la más básica, la ortotipográfica. Pero, en realidad, la corrección es uno de los procesos más importantes para la realización de un libro. Contrariamente a lo que se piensa, ni siquiera se termina cuando se encuaderna el libro, sino que va más allá, pues un buen editor seguirá haciendo anotaciones previendo las reediciones futuras.

Algunas editoriales no dan la importancia que se merece a la corrección. En el caso de encontrar erratas en el texto, es responsabilidad absoluta del editor, no del autor, ya que éste, al escribir (y luego repasar) el libro tiende a dar más importancia al contenido que al continente. Por el contrario, es trabajo del editor adecuar éste último a unos estándares de calidad decentes. Es imposible, o casi imposible, conseguir “la edición perfecta”, un libro que no tenga absolutamente ningún error, pero un buen editor bien formado, y rodeado de correctores capaces, se acercará bastante a esta soñada perfección.

La corrección de estilo sería la más importante. El editor ha de leer detenidamente el original, corrigiéndolo en base a criterios filológicos. Es la corrección más lenta y difícil, pero muchas veces marcará la diferencia entre una obra mediocre y una buena obra. Un buen corrector respetará el estilo del autor (o traductor), sus giros lingüísticos, su forma de expresarse (siempre y cuando sea correcta), etcétera, centrándose en las imprecisiones en el uso de la lengua, la construcción gramatical inadecuada, las repeticiones (de palabras o incluso de sonidos), la concordancia verbal o la falta de fluidez y de claridad. Los dos conceptos fundamentales que el corrector de estilo ha de tener en su cabeza al enfrentarse a un texto son la corrección y la uniformidad. El tema de la uniformidad cobra una importancia capital en libros con varios autores, ya que podemos encontrarnos una diversidad de normas observadas que obligatoriamente deben unificarse.

En cuanto al tema de las traducciones, el editor ha de enfrentarse a un tema crucial: ha de elegir a un traductor competente en la materia tratada. No se trata tan sólo de elegir un traductor que conozca a la perfección ambos idiomas (el original y el final), sino que tenga conocimientos básicos sobre la temática del libro. Así, hay traductores especializados en libros técnicos, o en novela histórica, e incluso en poesía. Es bastante obvio que cualquiera no puede enfrentarse a la traducción de un poema: aparte de tener una sensibilidad especial ha de conocer el resto de traducciones de la obra del autor, de haberlas, a fin de, o bien seguir las pautas marcadas o, en el caso de malas traducciones, mejorarlas.

El editor, en todo caso, no puede olvidarse de que el texto es del autor, no de la editorial. Así, en todo caso, hay que contar con el autor en los procesos de corrección. Algunos de ellos tal vez no se tomen a bien las recomendaciones del corrector, pero han de tener siempre en cuenta de que él es un profesional que no pretende destruir el libro, sino mejorarlo.

El mejor regalo para un escritor

AutorGabriella Campbell el 3 de enero de 2012 en Noticias

Regalo para escritor

Siempre hablamos de regalos para lectores. Hablamos de obras, de lectores electrónicos, de ediciones especiales y de cuándo no regalar libros. ¿Pero qué hay del escritor? ¿Qué deberíamos regalar a nuestros allegados escritores en estas fechas de presentes y obsequios, en las que agasajamos a nuestros seres más queridos?

La respuesta más sencilla es el propio libro. Todo escritor es, por deducción lógica, un ávido lector (o debería serlo), por lo que un libro será seguramente un buen regalo. Por otro lado, puede ser complicado escoger el libro adecuado, ya que el escritor suele ser un lector exigente (además de gozar de una biblioteca bastante completa). Así que podríamos plantearnos algunas opciones igual de interesantes, pero bastante más originales:

Un lector electrónico. Puede parecer una elección obvia, pero la posibilidad que ofrece el e-reader para realizar anotaciones y corregir sobre el propio texto de uno es algo que hará las delicias de cualquier escritor meticuloso.

-¿Y si regalamos algo no físico, algo que un escritor suele necesitar más que ninguna otra cosa? Hablo de tiempo. Regálale tiempo a un escritor. Ofrécete a limpiarle la casa, hazle un vale como canguro para que pueda disponer de unas cuantas horas sin niños, permítele alojarse unos días en tu propio hogar mientras te ocupas de proporcionarle todo lo que necesita: comida, orden, paz y tranquilidad.

-Puedes ir más allá y ofrecerle un retiro. Un viaje o estancia en un lugar relajado, apartado, donde no tenga que hacer nada más que escribir. Un spa, una casa rural, un alquiler en la playa. Nada como escribir perdido en las montañas o frente a las olas del mar.

-También puedes cubrir los gastos de algún curso o taller para perfeccionar su técnica. Infórmate antes de qué tipo de clases se ofrecen en tu ciudad y cuáles serían adecuadas para las necesidades de tu escritor. Procura que no parezca un insulto (ofrecerle un curso titulado “Aprende a escribir” puede no entrar bien, de primeras, a un escritor más o menos consumado).

-Hay software que puede hacerle la vida un poco más sencilla a un autor. Puedes obsequiar una suscripción a Freedom, por ejemplo, ese programa que te desconecta de Internet para obligarte a concentrarte en tu escritura. Como a muchos autores les ayuda escribir con música de fondo, también puedes ofrecerles una suscripción a algún programa de música como Spotify o Last.fm.

-Siempre nos quedarán los regalos más tradicionales, asociados con el arte de escribir a mano, como los cuadernos de lujo tipo Moleskine o Paperblanks y las plumas. La elegancia tampoco tiene que estar reñido con lo tecnológico, y las memorias USB, ideales para llevar la obra de uno siempre encima, ofrecen modelos muy originales y elegantes.

-Dependiendo del escritor, a más de uno le hará ilusión recibir como regalo la edición de su propio libro. Regalarle a un escritor un ejemplar de su propia obra, o incluso una pequeña tirada, está a disposición de los más solventes a través de la autoedición. Tal vez este no sea un presente para todos los gustos, pero para escritores inéditos o que están empezando puede ser un obsequio ideal.

Y tras todo lo anterior, una reflexión. Para el escritor el mayor placer es que lo lean, que expresen interés por su obra. Puede que el mejor regalo que puedas hacerle a un escritor estos días es comprar su obra y hablar de ella a todos tus amigos y conocidos, proporcionándole opiniones positivas en todos los lugares que puedas (sobre todo en comunidades de libros como Lecturalia) y compartiendo su obra en las redes sociales.

Sopa de Miso, de Ryu Murakami

AutorRaquel Vallés el 2 de enero de 2012 en Reseñas

Sopa de Miso - Ryu Murakami

En Sopa de Miso el escritor japonés Ryu Murakami disfraza de thriller una foto fija, aunque parcial, de la sociedad japonesa. Murakami nos habla de un país desubicado, que ha perdido la capacidad para comunicarse con los demás, una juventud cuyos referentes son de una sociedad que no comprende, en el que chicas de instituto pueden llegar a prostituirse para conseguir algo parecido al afecto, donde la gente está terriblemente sola. Este es el Japón al que nos traslada Murakami centrando la acción en los últimos días del año 1996.

Kenji es un joven de 20 años que miente a su madre sobre sus estudios y que trabaja como guía turístico ilegal, llevando a extranjeros, fundamentalmente norteamericanos, a la zona de prostitución de Tokio. Su último cliente es Frank, un estadounidense que lo contrata para las tres noches que le quedan en Tokio después de un viaje de trabajo. Pero, desde un principio Kenji encuentra extraño a Frank, le da la impresión de que miente sobre detalles sin importancia y su comportamiento se va haciendo cada vez más raro; no puede dejar de pensar en la reciente muerte sádica de una adolescente que “lo vendía”, eufemismo para indicar que se dedicaba a la prostitución, y empieza a obsesionarse con la posibilidad de que Frank esté relacionado. Después de todo, ¿qué hay más norteamericano que un psicópata asesino?

Mientras le enseña a Frank los “entretenimientos” de Tokio se van encontrando con personas cuyas vidas parecen impostadas, prostitutas que intentan pasar por amateurs, oficinistas borrachos desgañitándose en un karaoke; frente a estos la historia de Frank parece sólida, viva, aunque parezca surgida de una película de serie B.

Murakami comenzó su carrera de escritor con el best seller Azul casi transparente con el que consiguió el premio Akutagawa en 1976. Tanto en su faceta de escritor como de director de cine, Murakami destaca temas como la sexualidad o la violencia, poco que ver con el otro Murakami. Me ha llamado poderosamente la atención que la traducción de la novela parte de la traducción al inglés en lugar del original, una práctica editorial que creía desterrada hace años.

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Sopa de miso

Parafernalia deliciosa y literaria

AutorAlfredo Álamo el 1 de enero de 2012 en Noticias

Para los que no lo conozcan, Etsy es un lugar de obligada visita en Internet. Allí es donde miles de personas compran y venden pequeños objetos, curiosidades, manualidades y maravillas que antes sólo podían verse en pequeñas tiendas locales o, sencillamente, sólo servían como regalo entre amigos.

Ya hemos puesto en Lecturalia alguna vez colecciones o detalles relacionados con el mundo de los libros, pero creo que todo el mundo debería perder unos minutos navegando por la sencilla búsqueda que acabo de realizar, simplemente con la palabra «books» (libros).

Etsy

De libros ilustrados y encuadernados a mano a dibujos creadas a partir de hojas, llaveros y marcapáginas, colgantes o pulseras en forma de libros. Posters y cuadros creados con textos clásicos, libros troquelados, tazas, ropa, monedas, fundas para móvil y hasta lámparas. Parece que no hay límite a la imaginación humana. Un ejercicio calmado y tranquilo para este día de año nuevo en el que tampoco apetece pensar demasiado.

Godzilla

No sé vosotros, pero a mí este cuadro de Godzilla me parece irresistible…

Cómo se hace un libro (VI): El proceso editorial

AutorVíctor Miguel Gallardo el 31 de diciembre de 2011 en Divulgación

Proceso editorial

Un autor ha recibido el visto bueno de una editorial a su libro, o ha entregado (si es el caso) la obra que le encargaron. ¿Y ahora qué? El original queda en manos del editor y el autor puede llegar a desesperarse si desconoce los entresijos que lo llevarán a convertirse en un libro. Los autores con más experiencia pueden conocer ya las respuestas a algunas preguntas, pero para los noveles todo son incógnitas: no saben quién va a intervenir en la confección del libro, ni los plazos, ni cómo será el diseño interior o de la cubierta. Si no tienen noticias de la editorial durante un tiempo pueden llegar a pensar que no se está trabajando en su obra. Esto es un error: hay que tener mucha paciencia y tener siempre en cuenta que, incluso en editoriales muy pequeñas, lo más probable es que el editor no se esté ocupando solamente de tu libro, sino de diez, de veinte, o incluso de más, a la vez y cada uno en una fase distinta de producción. Suponer que un editor ocupa el 100% de su tiempo en un solo original (el tuyo) es de una candidez superlativa.

El editor debe ser consciente de que para el autor el único libro que existe es el suyo, así que lo recomendable es dejarle bien claro el recorrido que va a seguir su obra hasta su publicación, hacerle un breve esquema de los pasos (que no de los plazos: no hay nada que desespere más a un autor que un plazo incumplido, por mucho que se haya insistido en su provisionalidad) y hacerle notar en qué estadios se necesitará de su colaboración y, por tanto, habrá una comunicación más fluida. Porque el concurso del autor será fundamental, en primer lugar, durante la corrección de estilo y la posterior corrección de pruebas y, después, tras la impresión, cuando la editorial comience la promoción. Incluir al autor en más etapas de las necesarias es una complicación para ambas partes.

Los editores (o, de haberlos, los correctores en los que delegan su trabajo) han de leer el libro por completo y comprobar que se ha entregado todo el material necesario para su elaboración. Puede parecer una perogrullada, pero de no hacerse algo tan básico surgirán complicaciones durante el proceso editorial, sobre todo en el caso de los ensayos. No tiene sentido, por ejemplo, entregar un ensayo sin la bibliografía correcta, porque el corrector acabará trabajando el doble. Todo original entregado a una editorial tras su aprobación debería incluir (cuando corresponda, según el género):

-Título (aunque a veces, por cuestiones de promoción, la editorial puede llegar a proponer cambiarlo)
-Índice (indistintamente al principio o final del original: su colocación no depende del autor, sino de la editorial, que seguirá unas pautas prefijadas)
-Páginas preliminares (dedicatoria, introducción o prefacio, agradecimientos)
-Capítulos
-Bibliografía (a ser posible correctamente citada. Hay que tener en cuenta que existen varios sistemas aceptados para citar bibliografía. Dependiendo de la editorial se respetará la opción elegida por el autor o se adaptará al sistema que se haya usado en el resto del catálogo)
-Apéndices (glosarios, apéndices documentales o fotográficos)

Además, el editor debería aportar al corrector, de haberlo, las ilustraciones interiores que acompañarán al texto.

Otro paso fundamental sería, por parte del editor, comprobar que las cifras aportadas por el autor, o los hechos citados, se ajustan a la realidad. Hay que valorar las consecuencias legales que podrían derivar de la incorrección (malintencionada o no) de éstas. También hay que tener cuidado con los contenidos del libro: si se considera ofensivo o difamatorio también podrían surgir problemas a posteriori.

Rashomon, de Ryunosuke Akutagawa

AutorRaquel Vallés el 30 de diciembre de 2011 en Reseñas

Rashomon - Ryunosuke Akutagawa

El premio Akutagawa es el galardón literario más prestigioso de Japón y lleva otorgándose, dos veces al año, desde 1935. El nombre del premio es un homenaje a Ryunosuke Akutagawa, autor japonés que fue el miembro más destacado del movimiento neo-realista surgido en Japón en la segunda década del siglo XX. Akutagawa se suicidó en 1927 con 35 años después de ser perseguido, y alcanzado, por la enfermedad mental. De su obra destacan los cuentos centrados en el Japón feudal y contaba entre sus maestros con Natsume Soseki, el autor de Soy un gato. Llevaba un tiempo con ganas de leer a este autor y parecía que la mejor manera era con esta antología de relatos, Rashomon.

Rashomon es el título del relato que da nombre a la antología, y en él nos encontramos con una historia sobre la decadencia del ser humano. Rashomon era una de las dos puertas de Kioto, la capital durante la era Heian en cuyo final se situaría la acción. En esa puerta, antes imagen del esplendor de la ciudad ahora reflejo de su decadencia, se refugia de la lluvia el criado despedido de un samurái. Mientras cavila sobre su futuro entra en el edificio para poder dormir, pero no solo entra en Rashomon, también abraza su nueva realidad. Akira Kurosawa dirigió una película basándose en este relato y en En el bosque, otro de los que componen esta antología; la aparición de un cadáver en el bosque lleva a la declaración de varios testigos, incluidos los protagonistas, con versiones subjetivas de lo sucedido, de la verdad.

El biombo del infierno nos acerca a la creación de una obra de arte por parte de un artista dispuesto a todo por su trabajo y que descubrirá cual es el precio de su arrogancia y, lo peor, que está dispuesto a pagarlo. Es uno de los cuentos que más me ha gustado (quizás por que lo leí al lado de una chimenea).

El volumen se completa dos relatos, Kesa y Morito, y La nariz, una curiosa historia sobre un monje de nariz descomunal que intenta disimular el complejo que le supone no dándole importancia hasta que se le presenta la oportunidad de deshacerse de ella (a través de un método bastante doloroso).

Akutagawa es un autor a revisitar, un poco deprimente (es lo que tiene ser realista) pero con relatos muy cuidados y redondos.

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Cómo se hace un libro (V): El contrato

AutorVíctor Miguel Gallardo el 29 de diciembre de 2011 en Divulgación

Contrato Editorial

Antes de decidir publicar un libro la editorial debe estimar los costes. En grandes editoriales estos son complejos de calcular, ya que no estamos hablando tan sólo del precio de producción, sino también de los costes de promoción y marketing. Las campañas de venta del libro son una parte importante, y en ocasiones son tan costosos como la fabricación del libro en sí misma. Además, hay que tener en cuenta que no todo se reduce a pagarle al escritor o a los que lo van a editar y maquetar, ya sean internos o externos de la editorial: las ilustraciones, fotografías, el diseño de la cubierta o, en su caso, la traducción, son costes fijos que han de ser tenidos en cuenta. En el caso de libros técnicos, también habrá que recurrir a asesores, lo que encarece aún más el precio. Sin embargo, los libros especializados tienen costes variables más fáciles de calcular, ya que al tratarse de un mercado restringido, la campaña de marketing no influirá habitualmente en las ventas. A veces la promoción puede limitarse simplemente a enviar un servicio de prensa a publicaciones de su área temática, y esto podría ser suficiente para que la publicación sea conocida por la mayor parte del público potencial.

Pero sea como fuere, debe existir un contrato con el autor. Aunque dependiendo del sector al que se dedique la editorial estos pueden variar muchísimo (no es lo mismo una editorial técnica que una comercial, por ejemplo), dentro de un mismo sector los contratos tienden a ser muy parecidos, a veces casi indistinguibles de una editorial a otra. Una característica de los libros comerciales y de sus autores es que, a diferencia de los libros y autores especializados, suele intervenir la figura de un agente, que dependiendo del autor (pues algunos dejan absolutamente todo el proceso en sus manos) tendrá una mayor o menor importancia en el proceso de elaboración del libro. Sus honorarios suelen ser una décima parte del los ingresos para el autor.

Las regalías dependerán, como hemos dicho, del sector editorial concreto. En las ediciones comerciales se suelen incluir cláusulas que permiten al autor aumentar sus honorarios en caso de que el libro tenga unas buenas ventas, lo cual es completamente lógico: recompensar a un autor popular hará que éste, en un futuro, quiera seguir trabajando con esa editorial y no con una de la competencia. Además, para la editorial esto no supone perder dinero, ya que estos aumentos en los porcentajes suelen hacerse coincidir con las reimpresiones (erróneamente llamadas de forma habitual “reediciones”), y reimprimir un libro es bastante más económico que producir uno nuevo. Los autores que aseguran buenas cifras de ventas están muy cotizados, y las editoriales los tratan de una forma mucho más cercana y comprensiva que a los autores noveles. De todas formas las editoriales deberían ser conscientes (muchas veces no lo son) de que la industria de la que forman parte no existiría sin los creadores, y de que un escritor novel es un potencial futuro escritor comercial de éxito (y, en parte, su futuro éxito dependerá de que la editorial apueste plenamente por sus libros).

En cuanto a los derechos que se especifican en los contratos hay que distinguir entre el derecho de edición, el fundamental para que una editorial pueda publicar un libro, y otro tipo de derechos subsidiarios que, sobre todo para las editoriales comerciales, son más que interesantes, ya que pueden explotarlos ellas mismas o incluso cederlos a otra editorial. Estamos hablando de las traducciones, la publicación en otros formatos (por ejemplo en bolsillo) o la inclusión en catálogos de clubes de lectores (en España tenemos como ejemplo más claro el Círculo de Lectores). Sin embargo, los agentes son cada vez más reticentes a otorgarle todos estos derechos a la editorial que publica el libro, especialmente el tema de las traducciones o de la edición en países distintos al de la editorial (aunque compartan idioma). Otro derecho que cada vez se restringe más es el de la adaptación de la obra a cine y televisión. En todos estos casos los agentes y los escritores se han dado cuenta de que los réditos son mayores si retienen y negocian ellos mismos todo esto, aunque a veces no son conscientes de que si están en la mano de la editorial será más fácil “colocar” el libro en otros mercados, por ejemplo.

Alonso Tudela, el hombre del millón de libros

AutorAlfredo Álamo el 28 de diciembre de 2011 en Noticias

Millón de libros

Lo primero que llama la atención cuando llegas a la finca de los Tudela, cerca de Albarracín, es su lejanía. No tanto física, apenas a veinte kilómetros del pueblo más cercano, sino espiritual. Con cada kilómetro que nos acercamos a su casa menos parecemos habitar en el mundo ruidoso, artificial y tecnológico que tan bien conocemos y tan bien nos domina. Allí, entre campos de trigo, álamos solitarios y pequeños riachuelos, el tiempo parece haber adoptado una actitud diferente.

La casa de Alonso Tudela es grande. Algunos la calificarían de mansión, pero le falta visión señorial para eso; está construida a grandes bloques, creciendo de manera desigual a medida que a la familia le hacía falta espacio. Hoy en día sólo vive en esta casa Alonso Tudela, de noventa y cuatro años, y su cuidadora. Además, claro, entre esos muros de piedra gris y bajo la techada roja les acompaña ese millón de libros por el que Tudela ha ocupado numerosas notas en diarios aragoneses.

La cuidadora, Marta, nos abre las puertas de la casa. Ya en el recibidor se levantan dos o tres filas de libros todavía envueltos en plástico protector. El señor todavía no ha tenido tiempo de clasificar estos ejemplares -nos comenta- a veces se le acumula el trabajo, sobre todo en navidades o en las fechas de la feria del libro. Lanzo un vistazo rápido antes de continuar, Reverte, Zafón, Eco… al parecer Tudela tiene un gusto ecléctico.

El señor de la casa nos espera, como no podía ser de otra manera, en la biblioteca. Nos quedamos sin aliento en medio de una sala no apta para claustrofóbicos. Cientos, miles, de volúmenes se apilan en estanterías que ocupan hasta el último rincón de una habitación que en otro tiempo había servido para apilar enormes cubas de vino. Tudela se da cuenta de nuestro asombro y sonríe tras las gafas redondas que le dan un cierto aire a intelectual de los años 20. Sentado en un enorme sillón orejero, lucha contra el frío aragonés con una estufa de gas y una manta sobre las piernas. El rostro lo tiene surcado de arrugas y viste una chaqueta gris de paño. A su lado se levanta una pila de libros que, mientras nos esperaba, ha ido despojando de sus envoltorios.

La entrevista se desarrolla más deprisa de lo que esperamos en un principio. Tudela nos confirma el número exacto de los volúmenes de su colección: un millón de ejemplares que ocupan esa sala y casi en su totalidad el resto de la casa. A la pregunta de cuándo nació su afición por los libros contesta mientras etiqueta la última novela de Lucía Etxebarría. Los libros son cultura -afirma-, eso decía mi padre. Así que en casa siempre había libros, lo único que hice yo fue coger la costumbre de ir comprando. Primero poco a poco, siempre que bajaba a la capital, y luego ya, con el Círculo, por catálogo. Ahora compro por Internet todas las novedades y me las traen a casa gratis.

Así que hasta aquella casa abandonada han llegado las ventajas de la red. Tudela deja a un lado el libro y continúa. También he comprado varias bibliotecas completas de saldo, tengo un librero de viejo que me visita un par de veces al año y que viene con un camión lleno de libros en perfecto estado.

Mientras Joan, el fotógrafo, sale a la caza de unas buenas fotos, no puedo hacer la pregunta inevitable: ¿Cuántos de esos libros se ha leído? A lo que yo creo que es una pregunta divertida y que, normalmente, hace que el entrevistado se suelte, el señor Tudela parece algo incómodo. ¿Leídos? -repite- Bueno, la verdad es que nunca he leído un libro en mi vida. Entiéndame, sí que he leído los de estudiar en la escuela, y en su día el Código de circulación, pero de estos, de mis libros, todavía no me ha dado tiempo a empezar ninguno. Si casi no puedo ni ordenarlos, imagínese si tuviera que leerme alguno.

No acabo de creerme la historia del señor Tudela, pero su ceño fruncido y la cara de la cuidadora acaban por convencerme. Parece algo irreal, un millón de libros comprados y ninguno leído… así que le pregunto si piensa donar sus libros en algún momento.

Tudela sonríe con un cierto brillo de orgullo en los ojos. Se quita las gafas y las pliega. Por supuesto -anuncia-, ya estoy preparando mi legado. A mi edad estas cosas hay que dejarlas claras. Cuando muera he dejado las instrucciones pertinentes para que mis libros sean donados a un museo y puedan ser contemplados.

¿A un museo? -le interrumpo- Será a una biblioteca. No -contesta-, a un museo. Esta no es una biblioteca para leer, es una biblioteca para mirar. Con lo que me ha costado. Lo dice de manera tajante, tanto que prefiero no seguir discutiendo. Llamo a Joan, que parece entusiasmado con sus fotos, y nos despedimos del señor Tudela, el cual pierde rápidamente el interés en nosotros mientras sigue catalogando sus libros pendientes.

Nos montamos en el coche y abandonamos, entre campos de trigo y caminos sin asfaltar, ese cementerio literario en que se ha convertido la biblioteca del hombre de un millón de libros.

Actualización: Este artículo es en realidad una pequeña broma realizada para el Día de los Inocentes. Ni Alonso Tudela ni su millón de libros existen realmente. ¡Gracias a todos por vuestros comentarios!