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Víctor Miguel Gallardo

Cómo se hace un libro (VII): Las correcciones

AutorVíctor Miguel Gallardo el 4 de enero de 2012 en Divulgación

Correcciones

Tema peliagudo el de las correcciones, sobre todo para muchos autores, ya sean noveles o experimentados, que no consideran necesario que se haga ninguna más allá de la más básica, la ortotipográfica. Pero, en realidad, la corrección es uno de los procesos más importantes para la realización de un libro. Contrariamente a lo que se piensa, ni siquiera se termina cuando se encuaderna el libro, sino que va más allá, pues un buen editor seguirá haciendo anotaciones previendo las reediciones futuras.

Algunas editoriales no dan la importancia que se merece a la corrección. En el caso de encontrar erratas en el texto, es responsabilidad absoluta del editor, no del autor, ya que éste, al escribir (y luego repasar) el libro tiende a dar más importancia al contenido que al continente. Por el contrario, es trabajo del editor adecuar éste último a unos estándares de calidad decentes. Es imposible, o casi imposible, conseguir “la edición perfecta”, un libro que no tenga absolutamente ningún error, pero un buen editor bien formado, y rodeado de correctores capaces, se acercará bastante a esta soñada perfección.

La corrección de estilo sería la más importante. El editor ha de leer detenidamente el original, corrigiéndolo en base a criterios filológicos. Es la corrección más lenta y difícil, pero muchas veces marcará la diferencia entre una obra mediocre y una buena obra. Un buen corrector respetará el estilo del autor (o traductor), sus giros lingüísticos, su forma de expresarse (siempre y cuando sea correcta), etcétera, centrándose en las imprecisiones en el uso de la lengua, la construcción gramatical inadecuada, las repeticiones (de palabras o incluso de sonidos), la concordancia verbal o la falta de fluidez y de claridad. Los dos conceptos fundamentales que el corrector de estilo ha de tener en su cabeza al enfrentarse a un texto son la corrección y la uniformidad. El tema de la uniformidad cobra una importancia capital en libros con varios autores, ya que podemos encontrarnos una diversidad de normas observadas que obligatoriamente deben unificarse.

En cuanto al tema de las traducciones, el editor ha de enfrentarse a un tema crucial: ha de elegir a un traductor competente en la materia tratada. No se trata tan sólo de elegir un traductor que conozca a la perfección ambos idiomas (el original y el final), sino que tenga conocimientos básicos sobre la temática del libro. Así, hay traductores especializados en libros técnicos, o en novela histórica, e incluso en poesía. Es bastante obvio que cualquiera no puede enfrentarse a la traducción de un poema: aparte de tener una sensibilidad especial ha de conocer el resto de traducciones de la obra del autor, de haberlas, a fin de, o bien seguir las pautas marcadas o, en el caso de malas traducciones, mejorarlas.

El editor, en todo caso, no puede olvidarse de que el texto es del autor, no de la editorial. Así, en todo caso, hay que contar con el autor en los procesos de corrección. Algunos de ellos tal vez no se tomen a bien las recomendaciones del corrector, pero han de tener siempre en cuenta de que él es un profesional que no pretende destruir el libro, sino mejorarlo.

Cómo se hace un libro (VI): El proceso editorial

AutorVíctor Miguel Gallardo el 31 de diciembre de 2011 en Divulgación

Proceso editorial

Un autor ha recibido el visto bueno de una editorial a su libro, o ha entregado (si es el caso) la obra que le encargaron. ¿Y ahora qué? El original queda en manos del editor y el autor puede llegar a desesperarse si desconoce los entresijos que lo llevarán a convertirse en un libro. Los autores con más experiencia pueden conocer ya las respuestas a algunas preguntas, pero para los noveles todo son incógnitas: no saben quién va a intervenir en la confección del libro, ni los plazos, ni cómo será el diseño interior o de la cubierta. Si no tienen noticias de la editorial durante un tiempo pueden llegar a pensar que no se está trabajando en su obra. Esto es un error: hay que tener mucha paciencia y tener siempre en cuenta que, incluso en editoriales muy pequeñas, lo más probable es que el editor no se esté ocupando solamente de tu libro, sino de diez, de veinte, o incluso de más, a la vez y cada uno en una fase distinta de producción. Suponer que un editor ocupa el 100% de su tiempo en un solo original (el tuyo) es de una candidez superlativa.

El editor debe ser consciente de que para el autor el único libro que existe es el suyo, así que lo recomendable es dejarle bien claro el recorrido que va a seguir su obra hasta su publicación, hacerle un breve esquema de los pasos (que no de los plazos: no hay nada que desespere más a un autor que un plazo incumplido, por mucho que se haya insistido en su provisionalidad) y hacerle notar en qué estadios se necesitará de su colaboración y, por tanto, habrá una comunicación más fluida. Porque el concurso del autor será fundamental, en primer lugar, durante la corrección de estilo y la posterior corrección de pruebas y, después, tras la impresión, cuando la editorial comience la promoción. Incluir al autor en más etapas de las necesarias es una complicación para ambas partes.

Los editores (o, de haberlos, los correctores en los que delegan su trabajo) han de leer el libro por completo y comprobar que se ha entregado todo el material necesario para su elaboración. Puede parecer una perogrullada, pero de no hacerse algo tan básico surgirán complicaciones durante el proceso editorial, sobre todo en el caso de los ensayos. No tiene sentido, por ejemplo, entregar un ensayo sin la bibliografía correcta, porque el corrector acabará trabajando el doble. Todo original entregado a una editorial tras su aprobación debería incluir (cuando corresponda, según el género):

-Título (aunque a veces, por cuestiones de promoción, la editorial puede llegar a proponer cambiarlo)
-Índice (indistintamente al principio o final del original: su colocación no depende del autor, sino de la editorial, que seguirá unas pautas prefijadas)
-Páginas preliminares (dedicatoria, introducción o prefacio, agradecimientos)
-Capítulos
-Bibliografía (a ser posible correctamente citada. Hay que tener en cuenta que existen varios sistemas aceptados para citar bibliografía. Dependiendo de la editorial se respetará la opción elegida por el autor o se adaptará al sistema que se haya usado en el resto del catálogo)
-Apéndices (glosarios, apéndices documentales o fotográficos)

Además, el editor debería aportar al corrector, de haberlo, las ilustraciones interiores que acompañarán al texto.

Otro paso fundamental sería, por parte del editor, comprobar que las cifras aportadas por el autor, o los hechos citados, se ajustan a la realidad. Hay que valorar las consecuencias legales que podrían derivar de la incorrección (malintencionada o no) de éstas. También hay que tener cuidado con los contenidos del libro: si se considera ofensivo o difamatorio también podrían surgir problemas a posteriori.

Cómo se hace un libro (V): El contrato

AutorVíctor Miguel Gallardo el 29 de diciembre de 2011 en Divulgación

Contrato Editorial

Antes de decidir publicar un libro la editorial debe estimar los costes. En grandes editoriales estos son complejos de calcular, ya que no estamos hablando tan sólo del precio de producción, sino también de los costes de promoción y marketing. Las campañas de venta del libro son una parte importante, y en ocasiones son tan costosos como la fabricación del libro en sí misma. Además, hay que tener en cuenta que no todo se reduce a pagarle al escritor o a los que lo van a editar y maquetar, ya sean internos o externos de la editorial: las ilustraciones, fotografías, el diseño de la cubierta o, en su caso, la traducción, son costes fijos que han de ser tenidos en cuenta. En el caso de libros técnicos, también habrá que recurrir a asesores, lo que encarece aún más el precio. Sin embargo, los libros especializados tienen costes variables más fáciles de calcular, ya que al tratarse de un mercado restringido, la campaña de marketing no influirá habitualmente en las ventas. A veces la promoción puede limitarse simplemente a enviar un servicio de prensa a publicaciones de su área temática, y esto podría ser suficiente para que la publicación sea conocida por la mayor parte del público potencial.

Pero sea como fuere, debe existir un contrato con el autor. Aunque dependiendo del sector al que se dedique la editorial estos pueden variar muchísimo (no es lo mismo una editorial técnica que una comercial, por ejemplo), dentro de un mismo sector los contratos tienden a ser muy parecidos, a veces casi indistinguibles de una editorial a otra. Una característica de los libros comerciales y de sus autores es que, a diferencia de los libros y autores especializados, suele intervenir la figura de un agente, que dependiendo del autor (pues algunos dejan absolutamente todo el proceso en sus manos) tendrá una mayor o menor importancia en el proceso de elaboración del libro. Sus honorarios suelen ser una décima parte del los ingresos para el autor.

Las regalías dependerán, como hemos dicho, del sector editorial concreto. En las ediciones comerciales se suelen incluir cláusulas que permiten al autor aumentar sus honorarios en caso de que el libro tenga unas buenas ventas, lo cual es completamente lógico: recompensar a un autor popular hará que éste, en un futuro, quiera seguir trabajando con esa editorial y no con una de la competencia. Además, para la editorial esto no supone perder dinero, ya que estos aumentos en los porcentajes suelen hacerse coincidir con las reimpresiones (erróneamente llamadas de forma habitual “reediciones”), y reimprimir un libro es bastante más económico que producir uno nuevo. Los autores que aseguran buenas cifras de ventas están muy cotizados, y las editoriales los tratan de una forma mucho más cercana y comprensiva que a los autores noveles. De todas formas las editoriales deberían ser conscientes (muchas veces no lo son) de que la industria de la que forman parte no existiría sin los creadores, y de que un escritor novel es un potencial futuro escritor comercial de éxito (y, en parte, su futuro éxito dependerá de que la editorial apueste plenamente por sus libros).

En cuanto a los derechos que se especifican en los contratos hay que distinguir entre el derecho de edición, el fundamental para que una editorial pueda publicar un libro, y otro tipo de derechos subsidiarios que, sobre todo para las editoriales comerciales, son más que interesantes, ya que pueden explotarlos ellas mismas o incluso cederlos a otra editorial. Estamos hablando de las traducciones, la publicación en otros formatos (por ejemplo en bolsillo) o la inclusión en catálogos de clubes de lectores (en España tenemos como ejemplo más claro el Círculo de Lectores). Sin embargo, los agentes son cada vez más reticentes a otorgarle todos estos derechos a la editorial que publica el libro, especialmente el tema de las traducciones o de la edición en países distintos al de la editorial (aunque compartan idioma). Otro derecho que cada vez se restringe más es el de la adaptación de la obra a cine y televisión. En todos estos casos los agentes y los escritores se han dado cuenta de que los réditos son mayores si retienen y negocian ellos mismos todo esto, aunque a veces no son conscientes de que si están en la mano de la editorial será más fácil “colocar” el libro en otros mercados, por ejemplo.

Cómo se hace un libro (IV): La importancia del catálogo

AutorVíctor Miguel Gallardo el 25 de diciembre de 2011 en Divulgación

Libros - Catálogo

Una de las razones más comunes que tiene un editor para rechazar un original es argüir que no encaja en el catálogo de la editorial. A los escritores les puede sonar a excusa, y si bien es cierto que a veces se recurre a este tópico ya no sólo para no herir la susceptibilidad del autor dando las verdaderas razones sino también para ahorrar tiempo en la explicación, lo cierto es que la importancia del catálogo, y la sutileza en su confección, es fundamental. No estamos hablando de enviar un libro de cocina a una editorial especializada en textos técnicos de arquitectura, sino de algo más complejo. Aunque el autor no sea consciente y crea que su obra “encaja”, ha de tener en cuenta que las editoriales planifican minuciosamente su fondo editorial. Aunque un libro de sonetos y otro que usa rima libre sean poesía, ambos difícilmente podrían estar juntos en una colección que haya sido meticulosamente planeada. En una colección de novela, por poner otro ejemplo, tal vez se hayan fijado unos estándares de calidad (no sólo temáticos o de extensión) que el original recibido no cumpla. Lo cual no quiere decir que la novela sea mala: simplemente no encaja en el catálogo de esa editorial en concreto.

Existen editoriales, sobre todo las grandes, con catálogos muy amplios y en los que cabe prácticamente todo, pero en las pequeñas y medianas los catálogos tienen una coherencia interna que, aunque es difícil de observar desde el exterior, existe. Los libros de dicho catálogo, para el editor, forman un conjunto y guardan relación entre sí, aunque dicha relación parezca vaga.

Los catálogos, por otra parte, nunca pueden estar parados: por un lado, las novedades han de ser lo suficientemente interesantes y, a la vez, mantener el nivel de calidad del resto de títulos. Los libros antiguos que se siguen vendiendo bien o que dan prestigio a la editorial se deben reeditar, evitando que lleguen a agotarse completamente ya que esto dificultaría volver a colocarlos en distribuidoras y librerías. La calidad del fondo editorial es, pues, esencial, y en tiempos de crisis como los que vivimos un buen fondo puede suponer un soplo de aire para las editoriales (no hay que olvidar que las reediciones son mucho más baratas).

La estructuración del catálogo en colecciones, a veces cada una con un director que es el que propone y supervisa los títulos, es otro detalle a tener en cuenta para que la coherencia no se pierda. La inclusión de un índice para facilitar a librerías y eventuales lectores la localización de los libros deseados también es fundamental. Los catálogos, ahora mismo, deberían estar disponibles por completo a través de Internet, aunque no todas las editoriales han comprendido la importancia de estar presentes en la red.

Cómo se hace un libro (III): El inicio del proyecto editorial

AutorVíctor Miguel Gallardo el 24 de diciembre de 2011 en Divulgación

Proyecto

Aunque a lo largo del proceso de elaboración de un libro el editor puede llegar a introducir modificaciones de casi cualquier tipo, hay una serie de elementos que ha de tener planificados de antemano. Lo principal es conocer la expectativa que el título que se planea publicar generará en el mercado, si responde a una demanda real o no, cuál es el público objetivo (o target), así como detalles técnicos tales como el formato de publicación o el precio de comercialización. Una vez solucionadas ciertas problemáticas junto a los responsables de marketing y de producción, se pasaría a la negociación con el autor, firmando un contrato, estableciendo cuáles serán las regalías y los adelantos de derechos y, por supuesto, fijando una fecha tope (en el caso de los libros por encargo) para la entrega del material, así como determinar la extensión que tendrá.

Por otra parte, muchos autores, sobre todo los noveles, no son conscientes de que la presentación de originales completos no es a veces lo más apropiado, sobre todo en ciertas editoriales. Es lógico pensar que una editorial, para que valore una novela, debe tener esta ya finalizada en sus manos, pero ¿no es igualmente razonable darse cuenta de que en editoriales de pequeño y mediano que no cuentan con personal específicamente empleado para la lectura y valoración sería mejor ponerles las cosas más fáciles? El autor haría bien en dejar su original bien guardado y redactar una presentación de su obra más o menos detallada. La más simple podría reducirse a una sinopsis y una pequeña parte del texto (un par de capítulos, por ejemplo), material más que suficiente para que el editor se haga una idea de la obra. Si a la sinopsis general y al texto de ejemplo añadimos una escueta sinopsis de cada capítulo, una evaluación del público al que va dirigido (argumentando las razones por las que será atractiva la obra) e incluso una DAFO en la que pormenorizar las fortalezas y debilidades respecto a otros libros publicados, mejor que mejor.

Cuando el original (o la propuesta de hacer cierto libro) llega al editor nos podemos encontrar con un problema: aunque se presupone en él una cultura general amplia, puede que el tema tratado, sobre todo cuando hablamos de ensayos, no le sea siquiera familiar. No obstante, cualquier editor con cierta experiencia debería ser capaz de valorar el interés de la propuesta simplemente formulándose ciertas preguntas básicas acerca de la consistencia lógica de la obra, de la coherencia de su estructura, o de si la información que presenta está fundamentada. En el caso de una novela es tan sencillo como comprobar que la prosa es sólida y el argumento se sostiene, sin olvidar otros factores que harán “vendible” el libro final.

Otro aviso a escritores en ciernes: los editores muchas veces se mueven por instinto, y valoran cada detalle antes de lanzarse a aprobar un libro. La comunicación con el autor es, entonces, un tema peliagudo: un autor que, incluso antes de firmar el contrato, se muestra agresivo, tarda en contestar correos electrónicos (o no coge el teléfono) o es descuidado en la redacción de sus mensajes hará plantearse al editor muchas cosas, y no precisamente buenas a la hora de decidirse finalmente por su obra. En este sentido, y dado que en este punto del proceso es la editorial la que tiene la sartén por el mango, es normal pensar que el escritor ha de ser más permisivo con el editor que viceversa, algo que cambiará una vez se haya formalizado la relación de forma contractual.

Cómo se hace un libro (II): Las tres elecciones

AutorVíctor Miguel Gallardo el 22 de diciembre de 2011 en Divulgación

Tres elecciones

Tres son las elecciones fundamentales en la génesis de un libro, dos por parte del editor y una del autor.

-¿Cómo seleccionan los editores un libro?

Seamos francos: el libro es un producto y las editoriales son empresas. Por tanto, el principal motivo para que un editor elija un texto y no otro para su publicación son las expectativas de venta. Existen salvedades, por supuesto: algunas pequeñas editoriales (alguna hay, sí) no tienen ánimo de lucro y publican lo que a su editor (que a la sazón también es el que financia) le gusta. Son editores por vocación, que no tienen inconveniente en perder dinero para hacer lo que más les apetece y lanzar al mercado libros que, de otra forma, no se publicarían o lo tendrían francamente difícil. Pero, ¿qué porcentaje de editoriales responden a este patrón? Sin duda estamos hablando de un fenómeno minúsculo. Tampoco son aplicables del todo los criterios racionales de selección de textos a las instituciones (ayuntamientos, fundaciones, diputaciones, etc.), ya que por compromisos u otro tipo de intereses pueden acabar publicándose a través de ellas libros de dudoso interés comercial. Además, existe otro fenómeno, el de las editoriales que se benefician de subvenciones de las administraciones locales y autonómicas. Por poner un ejemplo muy concreto y que sería extrapolable a otras comunidades, en Andalucía existen subvenciones para la edición de libros “de temas andaluces”. Son bastantes las editoriales que hacen negocio con estas subvenciones, dedicándose casi en exclusiva a la publicación de libros que puedan ser subvencionados, ahorrándose así una buena parte de los costes. Pero, por lo general, y en el caso de las editoriales comerciales, se buscará ante todo, a la hora de publicar un libro, una rentabilidad económica siempre y cuando el original recibido encaje dentro de su catálogo.

-¿Cómo eligen los editores a los autores?

En los libros por encargo, los editores han de ser conscientes de qué necesitan, así como los plazos que han de cumplir. Ellos mismos eligen un tema que consideren que tendrá éxito en un futuro inmediato, algo muy habitual sobre todo en ensayos y novelas, y se ponen en contacto con autores de reconocido prestigio intentando atraerlos para firmar un contrato. Ya no estamos hablando solamente de réditos a nivel comercial: a veces para una editorial es más importante contar con un autor prestigioso en el catálogo incluso a sabiendas de que la inversión no vaya a ser rentable a corto plazo. Sin embargo, los fondos editoriales y la creación de catálogos compensados y de larga duración en el tiempo de vida comercial son importantísimos. Como se suele decir, para saber ganar primero hay que saber perder.

-¿Cómo eligen los autores a los editores?

Algo que muchos autores noveles no se plantean siquiera es realizar ellos mismos una criba que les ahorrará tiempo y, por qué no decirlo, dinero. ¿Para qué enviar originales a editoriales que difícilmente estarán interesadas en tu obra? Ciertas editoriales no publican a noveles, eso está claro, y no todas las editoriales publican cualquier obra, sea cual sea la temática. Torpedear a una editorial especializada en libros de cocina con envíos de obras de novela negra es un esfuerzo baldío. En el caso de los autores consagrados esta cuestión ya es totalmente diferente, y elegirán una u otra editorial por el prestigio de la misma, por la calidad de sus ediciones y, tema nada baladí, por la importancia de otros autores de su catálogo.

Cómo se hace un libro (I): El trabajo del editor

AutorVíctor Miguel Gallardo el 18 de diciembre de 2011 en Divulgación

Imprentas

Resumiéndolo mucho, podríamos decir que el trabajo del editor consiste en evaluar y seleccionar las obras, la lectura detenida y la corrección de las mismas, así como convertirlas a un formato apto para imprenta y, tras la impresión (y corrección de los errores, de haberlos, de las pruebas de imprenta) la posterior puesta en el mercado del libro utilizando todos los medios de promoción y distribución a su alcance. Pero se hace necesario diferenciar claramente la labor de los editores de las grandes editoriales comerciales y la de los que pertenecen a pequeñas empresas. En las grandes editoriales existe personal especializado, ya sea en nómina o externo, que se ocupa de ciertos aspectos como la maquetación, las relaciones con imprenta y distribuidores, las correcciones o el diseño, limitándose la labor del editor prácticamente a la evaluación y selección. En las pequeñas, sin embargo, el editor participa (e incluso lleva él solo) en todo el proceso que va desde la llegada del libro a sus manos (o su encargo) hasta la colocación del libro en el punto de venta (y todo lo que viene después, que no es poco).

Los libros se escriben por varias razones. La principal es por iniciativa del autor, pero no es raro que un editor se ponga en contacto con él para hacerle un “encargo”. Las razones de estos encargos son variopintas, pero suelen responder a una expectativa de ventas generada, por ejemplo, por una fecha significativa (el aniversario de un hito histórico, una efeméride, etcétera) o por seguir las tendencias editoriales de ese momento. Por ejemplo, un editor bien podría ponerse en contacto con un autor especializado en literatura de terror para encargarle escribir un libro sobre zombis ahora que el mercado parece estar demandando esa temática.

El trabajo del editor es esencial, porque es él el que elegirá qué títulos van a publicarse y cuales no, al menos en editoriales pequeñas. En las grandes, ellos son los que criban qué enviarán a los responsables últimos de la publicación, ya estemos hablando de un Consejo de Administración, un Director o, en el caso de instituciones, el diputado o concejal de turno. Paralelamente a esto, el marketing ha adquirido cada vez más importancia, y en gran parte de las editoriales la opinión de los expertos en mercadotecnia es imprescindible para la aceptación de un original, imponiéndose a veces incluso su criterio al del editor. Este hecho es especialmente significativo en las grandes editoriales comerciales.

Otra función esencial del editor es la de “cuidar” al autor. Los escritores son fundamentales para el desarrollo del proyecto editorial por muchas razones, y a veces dan auténticos quebraderos de cabeza al editor, sobre todo cuando son autores de éxito. Los editores con poca experiencia tienen dificultades para enfrentarse a las demandas de autores agresivos, aunque también sucede al contrario: un autor novel puede verse totalmente desprotegido ante un editor sin escrúpulos, y ya no estoy hablando tan sólo de las peliagudas relaciones contractuales, sino sobre todo del libro en sí mismo, si bien es cierto que algunos autores son reacios a introducir cambios en el texto original incluso cuando es evidente que son necesarios para la correcta comprensión del futuro libro. El autor debería ser consciente de eso: aunque el libro le pertenece de forma genuina, es el editor el experto en convertirlo en un producto vendible.

Homenaje improvisado a Joaquín Bosque Maurel

AutorVíctor Miguel Gallardo el 17 de diciembre de 2011 en Noticias

Joaquín Bosque Maurel

El pasado 29 de noviembre, y en un acto organizado por el Área de Cultura de la Diputación Provincial de Granada al que Lecturalia fue invitada expresamente, se produjo la presentación del libro Granada. Historia y cultura, del eminente geográfo zaragozano Joaquín Bosque Maurel, y que se convierte en el trigésimo sexto título de la colección Los libros de la estrella. Aunque sea aragonés de nacimiento y esté radicado desde hace décadas en Madrid vinculado a la Universidad Complutense (de la que es profesor emérito de Geografía Humana ), buena parte de su obra, que es considerada imprescindible para los estudios sobre geografía en nuestro país (y con gran repercusión en el extranjero), habla sobre Andalucía y, en especial, sobre Granada, ciudad a la que llegó en su juventud y en la que se formó, hasta el punto de que su tesis doctoral versó sobre ella. Entre sus libros más accesibles para el público no especializado podríamos mencionar En torno a Andalucía: Estudios de Geografía Humana y La creación del patrimonio cultural de la ciudad de Granada.

No obstante, puede ser precisamente el novísimo Granada. Historia y cultura una buena piedra de toque para el que quiera acercarse a su obra. Se trata de un texto más que recomendable para expertos y profanos y, desde luego, casi imprescindible, por su concisión y su lectura amena totalmente alejada de enrevesadas explicaciones (que no de erudición), para el lector interesado en conocer los entresijos culturales y humanos de la ciudad de la Alhambra, aparte de unos breves apuntes sobre su historia. La edición, plagada de ilustraciones y mapas a todo color, es notable y muy visual, y el libro es lo suficientemente exhaustivo para contentar también a los que ya tengan nociones sobre el tema.

Lo que en principio era una presentación editorial más, sin embargo, se convirtió rápidamente en un merecido homenaje al octogenario autor, que con cierto mal disimulado embarazo (“¡Yo he venido a hablar de mi libro!”, podría haber gritado, y tal vez con razón, emulando a Paco Umbral ) acogió los elogios vertidos tanto por el vicepresidente provincial, José María Guadalupe, como por dos de sus colegas y discípulos, Francisco Villegas (de la Universidad de Granada) y Carles Carreras (de la de Barcelona). Los elogios no se limitaron a la actividad profesional de Bosque Maurel, sino que se hicieron extensivos a su condición humana, abundando las anécdotas que hicieron que el numeroso público (que prácticamente llenó la sala) pudiera conocer un poco mejor al autor zaragozano. Villegas, además, aprovechó para pedir encarecidamente que Bosque Maurel fuera reconocido cuanto antes como hijo predilecto de la ciudad, lanzando un guante a Guadalupe que el político aceptó de buen grado y entre sonrisas.

Los libros de la estrella es una de las colecciones más conocidas del organismo provincial nazarí, aunque fuera de Granada tal vez sean más populares sus dos colecciones de poesía, Maillot amarillo, dirigida por el omnipresente Luis García Montero, y Genil, esta vez a cargo de Antonio Carvajal.

La cocina de Berasategui y Adriá

AutorVíctor Miguel Gallardo el 26 de noviembre de 2011 en Reseñas

Adria - Recetas

Los que son seguramente dos de los popes de las artes culinarias españolas, el hospitalense Ferrán Adrià y el donostiarra Martín Berasategui, ya tienen sendos nuevos libros de cocina. Y en ellos no encontraremos recetas rebuscadas con sonoros nombres, tal y como se podría esperar, sino algo bastante más sencillo.

Por una parte está Adrià, nuestro cocinero más popular por antonomasia (con permiso de los televisivos Arzak y Arguiñano): a costa de sus deconstrucciones, en especial la de la tortilla de patata, se ha creado toda una comidilla entre la población en general, esa que nunca pensó que acabaría hablando de alta cocina. Pero desde que en 1999 un semanario español se atrevió a colocarlo en portada denominándole como El mejor cocinero del mundo, su fama se ha disparado exponencialmente, y ya no son pocos los que se atreven a asegurar, con o sin razones gastronómicas de peso en la mano, que es el más grande. Lógico: también aparecieron como setas, a la par que se agigantaban las figuras de Fernando Alonso o Rafael Nadal, cientos de miles de expertos en Fórmula 1 y tenis.

Adriá ya posee un interesante título en su haber, una biografía autorizada titulada Reinventar la cocina. El de ahora es diferente, un recetario al uso denominado La comida de la familia. El título no es gratuito, ya que en él se recogen algunas de las recetas que los empleados del restaurante El Bulli preparaban para ellos mismos, para poder afrontar con fuerzas las jornadas de hasta doce horas entre los fogones y la parafernalia casi de ciencia ficción de su cocina. No esperemos encontrar allí recetas complicadísimas, sino 31 menús al uso, un mes completo, de entrante, plato principal y postre. Aunque no sean las famosas deconstrucciones, estos platos sí se rigen por los parámetros de calidad en cuanto a frescura y elección del producto que han guiado a Adriá desde que, siendo un chaval que hacía el servicio militar, siguió la recomendación de un compañero y visitó El Bulli, que ya en los años 80 era un restaurante con cierto renombre, aunque sin duda muy alejado de la fama que ha contado en la última década, cuando él ya era el protagonista indiscutible a nivel de gestión y de elección de platos.

El libro de Berasategui que ve ahora la luz tampoco es el que uno imaginaría, hablando como lo estamos del cocinero español con más estrellas Michelín, la supuesta biblia de la cocina, en su haber (nada menos que siete entre los cuatro restaurantes que por ahora cuenta, ya que existen un par más en camino en el Caribe y al amparo de cierta empresa hostelera). El libro en cuestión se llama Las recetas favoritas de Martín Berasategui, y se centra no en sus recetas de postín, sino en las que él ha preparado en su propia casa a lo largo de los años, lo que él y su familia han degustado.

En el libro, Berasategui repasa sus más de ciento cincuenta recetas favoritas, muchas de ellas con amplias raíces tradicionales, aunque también hay lugar para algunas más novedosas y, llamémoslas así, de tintes étnicos.

Dos buenos regalos navideños, sin duda, para el cocinitas que hay en cada casa, y para sentir por un día que estamos comiendo en El Bulli o en el restaurante del Kursaal de San Sebastián.

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El libro de El Mundo Today

AutorVíctor Miguel Gallardo el 25 de noviembre de 2011 en Noticias

Libro de El Mundo Today

The Onion es una publicación satírica estadounidense fundada en 1988 que en la actualidad cuenta tanto con un diario en papel (con una circulación cercana al medio millón de ejemplares por número) y con una popular página web. The Onion lleva, pues, más de veinte años riéndose de la actualidad y lanzando noticias que, aunque son falsas, pueden pasar en determinados momentos por reales. En España tenemos una publicación parecida, por ahora simplemente on-line, El Mundo Today, que ahora se ve trasplantada por primera vez al papel, aunque no en forma de diario, como The Onion, sino de libro recopilatorio.

Los creadores de El Mundo Today son Xavi Puig y Kike García, que reconocen que no conocían The Onion cuando empezaron su andadura con su primer proyecto conjunto, Espongiforme, una web de humor. Por entonces eran estudiantes de Filosofía, y al dar el salto a Comunicación Audiovisual lo que hoy es El Mundo Today cristalizó tras la elaboración de un falso programa de noticias. Porque eso es básicamente lo que se hace en esta página web: con una estructura idéntica a los sitios de los diarios convencionales, crear una serie de noticias falsas de corte humorístico.

Parece mentira que titulares como “Rubalcaba busca el voto en el modo multijugador del Call of Duty”, “Cientos de españolas votarán lo que digan sus maridos” (complementado con un descacharrante “El 53% de las viudas votará lo que diga José Coronado”) o “Conejos adiestrados harán de recogepelotas (en tenis)” puedan confundir al lector despistado y hacerle pensar que se encuentra ante una noticia genuina, pero la realidad es que tanto en El Mundo Today como en The Onion las anécdotas al respecto son cientos. En The Onion, por ejemplo, fue muy sonada una noticia de 1998 en la que se informaba sobre el supuesto proselitismo que los homosexuales estadounidenses estaban llevando a cabo para reclutar” a jóvenes heterosexuales, así como otras noticias aún más sorprendentes como el cabreo de Sean Penn con el usuario que había registrado la cuenta de correo SeanPenn@gmail.com (noticia recogida como verdadera por un medio de comunicación danés), las declaraciones de Neil Armstrong reconociendo que la llegada del hombre a la luna fue un fraude (que fueron publicadas como auténticas en la prensa de Bangladesh) o la elección del director danés Lars Von Trier para realizar spots publicitarios para fomentar el turismo a Dinamarca, noticia esta última que fue publicada como tal por un diario tan prestigioso como el italiano Il Corriere Della Sera.

El Mundo Today también ha podido “colar” noticias ficticias en medios de comunicación serios; de hecho, Puig y García tienen sendos programas en dos cadenas de radio de difusión nacional, y reconocen que al menos a uno de ellos accedieron tras “engañarles”. Nótense las comillas, porque es obvio que ni The Onion ni El Mundo Today tienen como primera intención el engañar al público o a otros medios de comunicación, aunque seguramente no les será indiferente cuando esto ocurre. Después de todo, es divertido comprobar los comentarios indignados que los visitantes dejan en la web de El Mundo Today cuando se creen una noticia del tipo “Facebook te alertará cuando tu ex sea más feliz que tú” o “Movistar cobrará las llamadas al interfono”.

The Onion, hasta la fecha, ya ha visto publicados diez volúmenes recopilatorios con las mejores de sus noticias. Esperemos, por el bien del sentido del humor español, que El Mundo Today tenga al menos tanta suerte como ellos.

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