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Organización y concentración como bases para comenzar a escribir

AutorAlfredo Álamo el 14 de abril de 2017 en Divulgación
  • Sentarse delante del ordenador sin nada preparado es perder tiempo.
  • Hay que tener claros nuestros hábitos de trabajo.

Espacio de trabajo con una taza de café.

Dicen que cuando mejor desarrollamos una tarea es en los primeros treinta o cuarenta minutos de trabajo. A partir de esa idea se han desarrollado métodos de organización como el Pomodoro, del que ya os hemos hablado en otras ocasiones, aunque siempre me han parecido demasiado estructurados y rígidos. Pero pese a todo, sí que tienen una razón de ser, ya que, si vas a ponerte a escribir en serio, será mejor que tengas muy claro qué vas a hacer una vez te pongas a trabajar en ello.

La organización del trabajo diario va más allá del consejo básico que siempre os damos: hay que escribir todos los días, por lo menos unas 250-300 palabras; lo cierto es que si tenemos tiempo hay que aprovecharlo más allá de escribir unas líneas. Hoy en día a los autores les está tocando hacer de todo, así que lo mejor es compartimentar nuestras tareas diarias.

Está claro que escribir tiene que ser la parte más importante. Si tenemos tiempo y estamos inspirados, no debería haber límite a nuestra dedicación, aunque es recomendable parar cada hora y, en caso de que vayamos más allá, dedicar un poco de tiempo a revisar lo que estamos escribiendo para comprobar que sigue el estilo general del texto y la idea principal que teníamos. Es muy normal dejarse llevar en un buen momento y luego comprobar que estamos escribiendo algo diferente a lo que teníamos empezado.

Pero, en la mayoría de ocasiones, lo de tener todo el tiempo del mundo es imposible. Así que lo mejor que podemos hacer es tener una rutina de acciones que nos venga bien. Hay que estructurar las tareas de manera que podamos dedicarle un buen rato, pero sin consumir todo nuestro tiempo. Por ejemplo, si estamos 45 minutos escribiendo, podemos parar, estirar las piernas -recomendable-, y luego revisar durante 30 minutos otro capítulo. Luego podemos dedicarle 20 minutos a redes sociales y otros 15 a buscar editoriales que encajen con lo que escribimos.

En realidad, los tiempos dependen mucho de nosotros y los intereses principales que tengamos. Hay cosas, como revisar texto, que a muchos nos parecen aburridas, pero que hay que hacer sí o sí. Es como lavarse los dientes, una rutina que se deja de lado y que luego nos puede salir cara. Podemos asociar estas rutinas a pequeños premios diarios: una chocolatina, llamar a un amigo, bajar a tomar café al bar, etc. Cualquier cosa que nos haga trabajar un poco más, llegar a desear revisar un capítulo para tomarnos esa cervecita fresca o hacernos un té de frutas del bosque.

Recordad que la parte más dura de escribir está en las primeras páginas, en las que no hay nada definido ni creado. Es ahí donde hay que pasar más tiempo sentado, tratando de encontrar el camino que nos llevará a trabajar de manera más sencilla. Pero no hay que obsesionarse si no se encuentra a la primera. De ahí que, para evitar frustraciones, lo mejor sea esta diversificación diaria. Total, vas a llevar la novela -o el cuento- en la cabeza el resto del día.

Alfredo Álamo

(Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas. Actualmente es el Coordinador de la red social Lecturalia al mismo tiempo que sigue su carrera literaria.

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