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Dylan Thomas, el centenario de un poeta bohemio

AutorAlfredo Álamo el 18 de noviembre de 2014 en Divulgación

Whiskey

No te dejes arrastrar a esa dulce oscuridad sería la traducción -muy, pero que muy libre- del primer verso de Do not go gentle into that good night, uno de los poemas más conocidos de Dylan Thomas y que ahora ha vuelto a sonar gracias a su inclusión en una de las películas más esperadas de 2014, Interestellar, dirigida por Christopher Nolan.

Thomas, además, es recordado ahora por haberse cumplido recientemente, el 27 de octubre, el centenario de su nacimiento, con numerosas actividades en homenaje a uno de los poetas más interesantes de mediados del siglo XX en lengua inglesa.

Dotado de una voz singular y potente, además de una personalidad arrolladora, Dylan Thomas fue un poeta precoz, que ya desde su Gales natal dio muestras de lo que estaba por venir. Thomas abandonó la escuela con 16 años y comenzó a trabajar como periodista, que fue dejando atrás en favor de la poesía. Su obra es escasa, pero de gran calidad, lírica y con una gran capacidad evocadora, alejada de la hosca etapa que vivía el mundo durante la Gran Depresión. Thomas trabajó como guionista en el mundo del cine y tras la II Guerra Mundial trató de triunfar en Hollywood, sin demasiado éxito.

Pero era la poesía la que se convertiría en su verdadera amante. Habría que destacar Muertes y entradas (1946), o la antología de 1952 en la que incluía Do not go gentle into that good night, que le consagró como uno de los autores más prometedores de su generación.

Sin embargo, en la poesía no hay dinero. Alcoholizado y con problemas económicos, Thomas seguía siempre hacia delante, convirtiéndose en un personaje habitual de la noche allá donde fuera. En 1953, Thomas murió en Nueva York, creándose a su alrededor la leyenda de que había muerto tras una sonora borrachera en el pub White Horse. De hecho, las últimas palabras que se le recuerdan públicamente fueron Me he bebido dieciocho güisquis. Creo que es un récord». Sin embargo, Thomas murió de una neumonía complicada con problemas en el cerebro y el hígado.

La obra de Thomas es rica y sugerente, muy difícil de traducir con fidelidad debido a la musicalidad de sus versos. Además, mucho de su simbolismo era profundamente personal y su análisis siempre ha llevado de cabeza a los estudiosos. Hace poco se ha descubierto un libro de notas del poeta galés en el que, o eso esperan, se guardan las claves de sus últimas obras. El libro había sido encontrado por su suegra poco después de su muerte y había ordenado que lo quemaran, algo que, por suerte, no se cumplió.

¿Y vosotros? ¿Habéis leído algún poema de Dylan Thomas? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

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Alfredo Álamo

(Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas. Actualmente es el Coordinador de la red social Lecturalia al mismo tiempo que sigue su carrera literaria.

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