El duende de la tienda de Hans Christian Andersen:
Érase una vez un estudiante, un estudiante de verdad, que vivía en una buhardilla y nada poseía; y érase también un tendero, un tendero de verdad, que habitaba en la trastienda y era dueño de toda la casa; y en su habitación moraba un duendecillo, al que todos los años, por nochebuena, obsequiaba aquél con un tazón de papas y un buen trozo de mantequilla dentro.
Un atardecer entró el estudiante por la puerta trasera, a comprar una vela y el queso para su cena. Cuando le dieron lo que pedía, el estudiante se quedó parado, leyendo la hoja de papel que envolvía el queso. Era una hoja arrancada de un libro viejo, que jamás hubiera pensado que lo tratasen así, pues era un libro de poesía.

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yiyolon

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