Pegaojos de Hans Christian Andersen:
En todo el mundo no hay quien sepa tantos cuentos como Pegaojos. Al anochecer, cuando los niños están aún sentados a la mesa, abre las puertas sin hacer ruido y, vierte en los ojos de los pequeñuelos leche dulce, con cuidado, pero siempre bastante para que no puedan tener los ojos abiertos y verlo. Se desliza por detrás, les sopla levemente en la nuca y los hace quedar dormidos. Pero no les duele, pues Pegaojos es amigo de los niños; sólo quiere que se estén quietecitos, y para ello lo mejor es aguardar a que estén acostados. Deben estarse quietos y callados, para que él pueda contarles sus cuentos.
Ahora veremos cómo Pegaojos visitó, todas las noches de una semana, a un muchachito que se llamaba Federico, para contarle sus cuentos. Son siete, pues siete son los días de la semana.

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yiyolon

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7
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