La cerillera de Hans Christian Andersen:
En la noche de San Silvestre, la última noche del año, todo el mundo en la ciudad se apresuraba para llegar pronto a sus casas y refugiarse del frío y la nieve.
Bajo aquel frío y en aquella oscuridad, pasaba por la calle una pobre niña, descalza y con la cabeza descubierta. En un viejo delantal llevaba un puñado de fósforos, y un paquete en una mano.
En todo el santo día nadie le había comprado nada, estaba abatida, hambrienta y medio helada. No se atrevía a volver a casa, pues no había vendido ni un fósforo, ni recogido un triste céntimo. En un ángulo que formaban dos casas se sentó en el suelo y se acurrucó hecha un ovillo. Para calentarse comenzó a encender fósforos, mientras dejaba volar su imaginación.

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