Aland la blanca de Espido Freire:
El poema se inicia al modo clásico, con un canto introductorio del mendigo ciego que narra la destrucción de la ciudad perdida, inspirada por la visión de una escultura alada incrustada en el mar. Y con un segundo canto, en el que se presenta al héroe, Jantes, el niño salvado de las aguas por la misericordia de los dioses, que se ha criado en una aldea de pescadores, y que cuando es adulto se prepara para retomar al mundo de su infancia, un tiempo que no se sabe si es realidad o un simple sueño.
De este modo, todo el poema se sitúa en un espacio imaginario donde el lector viaja a través del tiempo en un recorrido en el que la autora evidencia las dificultades de preservar el reino de la ilusión y de los sueños en una sociedad en la que cada vez, en su opinión, se intenta más controlar más la realidad.

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