El secreto de la arboleda de Fernando Lalana:
Cuando al pobre Ernesto le dieron en junio cuatro cates…, ¡cuatro!, pensó que el cielo se desplomaba, que se le hundía el suelo y la tierra le tragaba.
Con ese panorama, menuda perspectiva…, menudo verano le aguardaba.
Pero no fue así, que va, no señor. Y entre la Mariluji – sabihonda pero tan simpática- y Margarita, y los autobuses blandos, y sobre todo, Rufina del Bosque, menudo verano se pasó el buen Ernesto.

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