Resumen y sinopsis de Las meninas de Antonio Buero Vallejo
El estreno de Las Meninas, de Antonio Buero Vallejo, tuvo lugar en el 9 de diciembre de 1960, en el teatro Español de Madrid; en el mismo escenario, veintiún años antes, había obtenido el éxito que lo consagró como el innovador de la dramaturgia española de posguerra, con su Historia de una escalera. Con el texto sobre Velázquez, Buero rendía tributo y homenaje al pintor a quien desde su infancia admiraba, dando además un nuevo ejemplo del buen hacer literario y dramático que en su ya entonces amplia trayectoria había venido mostrando. Buero inauguró una fórmula nueva de abordar el tema de la historia en el teatro, de forma que el drama histórico cubre dos metas: la de recuperar un ayer conflictivo y olvidado, y la de reflexionar sobre acciones y comportamientos que, por ser inherentes al hombre o a la sociedad, son intemporales. Así en Las Meninas, Velázquez se convierte en el receptor que contempla el dolor humano y las injusticias sociales; los problemas que surgen del enmascaramiento de la realidad por los tópicos y engaños vigentes, y la encrucijada de la responsabilidad del artista, del intelectual ante todo.
Obra de teatro entorno al momento en el cual el pintor Velázquez retrata a las hijas del Rey. No está mal, pero hay algunos personajes interesantes que podrían haber dado más juego, como son los enanos o los mendigos. Interesantes las justificaciones del pintor ante el mismo Rey, de obligatorio análisis en clases de Historia del Arte. El final, tampoco es muy brillante.
El autor toma prestados personajes reales para contar una historia que no ocurrió, pero que bien podría haber sucedido.
Buero Vallejo la llamó una "fantasía velazqueña".
No es una crónica ni un documento histórico, ni lo pretende; utiliza el marco histórico de una época y unos personajes del pasado de España para mostrar una serie de conflictos que siguen vigentes y de actualidad; cambian los protagonistas, pero las situaciones son muy similares entonces y ahora.
Otra lección del maestro Buero llevada de manera sublime en la presentación de la trama y personajes, que sólo un final algo decepcionante que tira un tanto al folletín le resta brillantez.
Señalar que son dos las pinturas protagonistas del drama, la archiconocida que da título a la obra y La Venus del Espejo, espectacular lienzo que por caprichos de la historia cuelga de la National Gallery.