El iPad y los libros
Lo reconozco, me ha sido imposible no hablar aquí del iPad también, regalándole publicidad a Steve Jobs, el reconocido Señor del Márketing, pero entiendo que un dispositivo tan mediático cuyo dossier de prensa se han comido numerosos periódicos y revistas, sin hacer un poco de análisis o crítica, merece su espacio en Lecturalia.
No voy a hablar del tema más orientado a juegos y aplicaciones, de eso ya hay otros mucho más conocedores de el estado actual de la tecnología que yo, pero teniendo en cuenta el hype generado por las capacidades como lector de libros electrónicos del iPad es necesario dejar algunos puntos claros antes de que la publicidad oficial se haga carne y se convierta en vox populi.
El nacimiento de los lectores de libros electrónicos viene determinado por la tecnología de tinta electrónica -aunque hay variantes, muchas de ellas en proceso-, y tienen éxito por convertir la lectura en la pantalla de un dispositivo en lo más parecido a leer un libro físico. Sin brillo alguno, capaces de ser expuestos a la luz directa del sol, con batería de larga duración, ligeros, los e-readers son unos aparatos dedicados a una función concreta (si dejamos al margen su capacidad para reproducir música): leer.
Por leer, claro, me refiero a que sirven tanto para veinte minutos de lectura como para cuatro horas. Es cierto que las estadísticas de lectura en iPhones e iTouchs, aparatos similares al iPad pero mucho más pequeños, habían mostrado ser altísimas, y la descarga de libros para esos dispositivos similar o incluso superior a los juegos. Sin embargo, y esta es una gran diferencia, en la pantalla de un iTouch se puede leer un rato corto, en el metro, en el autobús, mientras se está de viaje o esperando en una cola. Es un lector de libros de minibolsillo, y como tal cumple estupendamente su función. Ahora, más rato delante de la pantalla llega a ser molesto. Ese es el quid de la cuestión: el iPad es una pantalla igual que la de un ordenador, en la que se puede leer durante un rato, pero que no tiene nada que hacer en comparación con una pantalla de tinta electrónica.
Donde sí que tendrá su nicho, eso parece claro, es en el mundo de las revistas y los periódicos, ideales para lecturas rápidas y que agradecerán las capacidades multimedia -capacidades que se le suponen en un futuro, ya que ahora no hay Flash ni multitarea- que les brinda la plataforma iPad. En los cómics también parece que puede triunfar, ya que el tamaño de la pantalla y el color convierte al aparato de Apple en un gadget interesante, siempre y cuando, claro, no quieras estar muchas horas leyendo tebeos.
¿Quién se ha emocionado con el iPad y su Bookstore? Las editoriales, por supuesto. Apple ha realizado un movimiento completamente diferente al que inició con iTunes y sus canciones a un dólar: los libros van a costar 15$, mucho más que los 9,99 de Amazon y se acerca a la paridad con el libro físico de manera preocupante. Está claro que muchos editores venían reclamando ese tipo de precios desde hace tiempo para los ebooks: según ellos, bajar el precio de los libros depreciaría el valor del producto en general. Luego vendrán quejándose de la piratería, por supuesto.
En resumen, el iPad de Apple es un dispositivo para lecturas cortas y que, por ahora, no supone un cambio en el mundo del libro electrónico y es más que probable que pierda muchos enteros cuando los tablets de la competencia aparezcan con pantallas Pixel-q, capaces de pasar de modo LCD a casi tinta electrónica con sólo apretar un botón.

1 de febrero de 2010 a las 12:34
Hola,
el factor innovador del IPAD no es, desde luego, su tecnología, ni su precio ni su funcionalidad. Como ya se ha comentado, por 300€ se puede comprar un Netbook que hace todo lo que hace el IPAD y más. De hecho, las viejas PDA (IPAQ de HP, por ejemplo) con conexión WIFI tenían las mismas funciones hace 7 años, aunque su pantalla era mucho menor.
Lo novedoso del IPAD es que hace “oficial” la tendencia de tener en el salón una “pantalla secundaria individual conectada a Internet”. Cada vez más gente tiene un portátil en el salón para escuchar su propia música, ver vídeos que sólo interesa a uno de los miembros de la familia, consultar las últimas noticias o, simplemente, buscar en Wikipedia cuál es la capital de Estonia.
El espacio (físico) familiar es común a todos los miembros pero no así la actividad individual de cada uno de ellos: ver vídeos, oir música, leer un periódico, navegar por Internet, chatear, actualizar facebook, etc.
El IPAD anima a la generación más madura (40 – 50 – 60 años) a buscar su propio ocio sin tener que compartirlo con el resto de la familia. Además, ese grupo de gente puede gastar 400€ en un IPAD sin detenerse a compararlo técnicamente con otras opciones.
Por otra parte, no es un e-reader (un lector de libros electrónicos) porque no permite una lectura prolongada y porque su escenario de uso no permite la concentración necesaria para leer una obra literaria.
mi opinión
1 de febrero de 2010 a las 14:46
¿Dónde estamparán los escritores su dedicatoria para el lector?
1 de febrero de 2010 a las 14:52
Si tanta importancia tiene para un lector la firma de su autor favorito, creo que debería comprarse el libro en papel y pasar por la feria del libro. Y si no, pues una dedicatoria en el muro del Facebook y ya está.
25 de mayo de 2010 a las 22:22
Soy un autor “amateur”, pero autor al fin y al cabo, con tres títulos publicados entre pecho y espalda. Y antes que autor soy lector. Mi idilio con el libro “en soporte papel” viene de lejos. Simplemente me parecia el soporte perfecto para lo que estaba diseñado:leer. Hoy tengo mis dudas.
Mis sospechas comenzarón estas Navidades cuando llegó a mis manos, por cortesía de Papa Noel, mi primer iPhone. He de confesarles que la tecnología y yo nunca nos hemos llevado bien, por no decirles que nunca nos hemos entendido. Eso era hasta que Papa Noel, como les decía, me regaló un iPhone. Por hacerselo corto:descubrí un nuevo mundo. Me temo que no soy el primero, y que mucha gente, muchísimo mas lista que yo, me lleva en este descubrimiento y en la exploración de este nuevo mundo, tres pueblos de ventaja.
Conocía los lectores de e-books de tinta electrónica, por cortesía de mi agente, y no me parecieron un mal soporte. La experiencia de lectura es muy agradadable, muy parecida a la de un libro de papel. Pero no “hace” nada mas que un libro de papel. Me quedo con el libro de papel.
La industria editorial supongo que debió llegar a una conclusión parecida a la mia y respiraba tranquila.
Hace un mes leí mi primer libro en mi iPhone, “El espía de Dios”, de Juan Gómez Jurado, al precio de 1´59 euros. (su aplicación esta entre las mas vendidas de la categoría “Libros” de Apple Store). Les mentiria si les dijera que iPhone es el mejor soporte para leer un libro, no es cierto, en algunas actividades de la vida el tamaño si importa. Pero no es una experiencia de lectura decepcionante y sobre todo no minusvaloren el poder adictivo del iPhone.
Hace dos semanas leí mi primera novela en un iPad, por cortesía de unos programadores de aplicaciones para iPad, excepcionalmete jovenes y probablemente trimillonarios dentro de unos meses. Cuando termine de leer la novela, a un precio de 2 euros, miré los lomos de mis queridos libros de papel de mi libreria y supe que una época de mi vida de lector se cerraba.
Porque cuando cerramos un libro de papel, lo cerramos y lo volvemos a poner, amorosamente, en una estanteria. Cuando cerramos una aplicación de un libro en nuestro iPad (o en nuestro iPhone), podemos ver a continuación una película, o leer el Marca, o escuchar música, o la radio, o ver fotos de tias en pelotas, ojear el New York Times (para mi el mejor diario online), jugar con un video juego, meternos en Apple Store a bichear, quizás a comprarnos otra novela por 2 euros…
Podemos intentar defensas numantinas de las excelencias de otros soportes. Ninguno admite una comparación racional y objetiva con el nuevo mundo que ha creado Steve Jobs.
Supongo que la industria editorial ha llegado a la misma conclusión que yo y ahora su respiración es mas agitada.
Apple esta cambiando las reglas del juego de muchos negocios y el de la industria editorial esta en el centro de su diana.
La vieja cadena de valor esta totalmente cuestionada: autor-agente(el que tenga la suerte de tenerlo)-editorial-imprenta-almacen-distribuidor-punto de venta-lector.
Steve Jobs cree que todo puede ser mas sencillo y mas eficiente sobre todo para los unicos players que de verdad importan y que nunca desapareceran: autor-lector. Su cadena de valor es terrorificamente simple si la llevamos a su mas salvaje reducción: autor-Apple Store-iPad/iPhone-lector. Su novela por dos euros, gracias.
¿Da que pensar, verdad?
Nos esperan tiempos de cambios fascinantes y llenos de prodigios. Que ustedes, amigos lectores, los disfruten conmigo.
28 de junio de 2010 a las 2:51
Sí, una experiencia real… pero no se leerá mejor en el iPad que en un lector e-lector hasta que aquél tenga tinta electrónica. El cansancio que produce está de sobra probado.
28 de junio de 2010 a las 7:56
Es lo que decimos en el post. De todas maneras, el iPad nunca tendrá tinta-e porque no es un lector de libros electrónicos. Esa es tan sólo una función añadida al sistema que le puede venir muy bien como complemento ocasional, sobre todo por su sistema con el que puede compartir el mismo libro en varios dispositivos. Lectura ocasional y en movilidad.