Nielsen y los datos de venta

Para aquellos que nunca se han acercado al mundo editorial, quizá resulte sorprendente que el método habitual para comunicar las ventas de los libros sea siempre un tanto peculiar. Durante mucho tiempo, los datos era aproximados, es decir, a ojo. Dependiendo de distribuidores y algunos libreros que se cogían como base, cifras de ventas ya determinadas… la cifra resultante era la que se pasaba al autor a la hora de hacer las cuentas anuales, y el autor, como no podía ser de otra forma, lo aceptaba, ya que el mundo de la edición es un mundo de auténticos caballeros.
Claro que siempre ha existido algún aprovechado que ha escamoteado algunos libros, pero, al parecer, esos han sido siempre los menos. También, para evitar casos muy sangrantes, todo escritor tiene derecho a ver cuántos libros suyos están en almacén. Derecho que, por lo que sé, tampoco se ejerce demasiado.
Lo cierto es que de un tiempo a esta parte, la técnica artesanal de estimación de ventas a pasado a estar en manos de la Consultora Nielsen, empresa que lleva un control férreo de los libros vendidos en grandes superficies y cadenas de librerías, al mismo tiempo que realiza un amplio muestreo en librerías de menor tamaño. El resultado, según ellos, llega al 80% del mercado, con lo que no es difícil realizar mejores estimaciones.
Si bien muchas editoriales han contratado el servicio de Nielsen, los datos obtenidos son tratados en secreto -no en vano son datos privados que cuestan dinero- y así, de paso, se pueden seguir hinchando los datos de ventas para determinados best-sellers. Hay que tener en cuenta, claro, que los datos semanales de Nielsen ayudan a los editores a copiarse unos a otros a la búsqueda del superventas definitivo.
La polémica salta cuando un número de escritores ha solicitado conocer los datos Nielsen sobre la venta de sus libros y lo consideran un derecho a la hora de calcular las ventas, ya que no saben qué tipología se sigue al calcular el número de ejemplares colocados, si el ojímetro de antes, o los datos refinados de la consultora.
Una polémica que resuena fuerte estos días de Feria del Libro en los que autores de toda España se reúnen en Madrid y hacen corrillos tras las firmas para compartir experiencias y quejarse un poco del mundo en general.

1 de junio de 2009 a las 22:55
Me ha gustado la negrita de “la edición es un mundo de auténticos caballeros”. Resulta sonrojante que a estas alturas el autor tenga que fiarse de la honestidad del editor, y es verdad que hay ruido de sables para pedir acceso a Nielsen -se habla de una recogida de firmas para que CEDRO, la SGAE de los escritores, lo solicite-. Yo creo que todos conocemos casos de autores cuyas cifras de ventas reales son sospechosamente bajas; que encima te vayan guindando de tu fastuoso 10% (10% el que tiene suerte, claro) una amplia cantidad es lo que faltaba.
Es curioso cómo la parte central del negocio, el escritor, es también la parte más débil. No hace tanto el autor al vender los derechos a una editorial prácticamente vendía su alma.
1 de junio de 2009 a las 23:19
Interesante artículo.
No estoy seguro, pero sí casi, casi, de que un muestreo bien hecho puede permitir conocer con mucha precisión los datos reales de venta. Además, Nielsen es una empresa muy especializada en este tipo de estudios. En ese sentido, a priori, no parece que pueda existir mejor método para realizar unas estimaciones de venta (que siempre serán estimaciones, claro).
Puestos a inventar, una alternativa serían datos proporcionados por la editorial acerca del volumen de libros vendidos actuando como mayorista; claro que, en este caso, no estaríamos hablando de verdaderas ventas a clientes finales, sino una aproximación en base a ventas de la editorial..que deberían ser auditadas para garantizar su autenticidad.
En cualquier caso, y sin entrar ni salir en si existen motivos para ‘la sospecha’, no me parece malo (o, al menos, no veo una alternativa claramente mejor) el método ahora elegido de estimación.
2 de junio de 2009 a las 8:08
No, si nadie duda de los datos Nielsen -bueno, casi nadie-, lo que pasa es que los autores quieren ver los datos Nielsen de sus ventas, cosa que, hoy por hoy, en la mayoría de los casos, no sucede. También hay que pensar que no todas las editoriales se pueden permitir a Nielsen, es un servicio de pago y no es barato precisamente.