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Estudió filología en las Universidades de Bonn y Leipzig. Su brillantez intelectual llevó a la extraordinaria circunstancia de que a los veintiséis años fuera nombrado catedrático de la Universidad de Basilea, aún sin haber publicado una tesis de habilitación, condición indispensable para acceder a la carrera universitaria. Sus protectores, los más influyentes filólogos de la escuela de Ritschl, lo consideraban «la más firme promesa de la filología alernana». Ya desde su lección inaugural y del libro que a ésta siguió, El nacimiento de la tragedia (1872), Nietzsche tomó claramente un rumbo intelectual que se alejaba de la filología para acercarse a la filosofía y precisamente a un tipo de pensamiento influido por un autor poco reputado en aquel momento en los círculos, académicos, Arthur Schopenhauer, y por, un músico, Richard Wagner, que no había adquirido aún la celebridad y la influencia que posteriormente lo convertirían en el compositor alemán por excelencia.
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