Resumen y sinopsis de La vida en cuatro letras de Carlos López Otín
Carlos López-Otín, uno de los investigadores españoles de mayor relevancia internacional, nos propone un gran libro de divulgación científica para explicarnos los secretos del origen de la vida, el genoma humano y la lucha incansable de la humanidad para vencer la enfermedad y lograr la felicidad en la tierra.
Partiendo de un momento extraordinariamente difícil de la vida del autor, este libro empieza con una pregunta fascinante: ¿llevamos la felicidad escrita en nuestros genes?
Tomando esta pregunta como hilo conductor a lo largo de catorce capítulos, López-Otín nos presenta los momentos estelares de la historia de la vida sobre la Tierra, nos explica cómo llegamos hasta aquí y por qué una serie de adversidades nos trajo la enfermedad como amenaza universal contra la felicidad.
Para llevar a cabo esta explicación nos adentraremos en el lenguaje del genoma humano y participaremos de descubrimientos asombrosos, como el de Watson y Crick, quienes revelaron que el origen de la vida se inscribe en la cadena de ADN mediante un código molecular de tan solo cuatro letras que designan cuatro componentes químicos: A de adenina, C de citosina, G de guanina y T de timina.
Por último, el autor nos propondrá su imperfecta fórmula genómica de la felicidad y descubriremos que más allá de los mensajes escritos en nuestros genes hay otros lenguajes biológicos, dinámicos y fascinantes, que dependen de nuestra interacción con el entorno y de los que estamos aprendiendo lecciones insospechadas.
Terriblemente aburrido, La vida en cuatro letras, es un escrito a caballo entre la divulgación científica y el ensayo y, como tal, acaba fallando en cualquiera de los dos géneros. Al final lo único que te queda es un bodrio de más de 200 páginas que te cuesta leer y terminar.
El autor de semejante esperpento literario es Carlos López-Otín. No lo conocía y era mucho más feliz cuando eso sucedía. Para empezar López-Otín no es un escritor. Su carrera está en la investigación genética. Esto quiere decir que como autor deja muchísimo que desear gracias a su estilo de escritura simplista, tedioso y con una ejecución lamentable. Para conseguir esto utiliza una prosa lenta, pesada y con un desarrollo aceptable, un lenguaje bien escogido, aunque lleno de tecnicismos biológicos no siempre bien explicados, y unas descripciones perfectamente nulas. Aunque tampoco es que sean realmente necesarias. Eso si, en este caso hay que mencionar la excelente bibliografía recogida y la esmerada documentación que se complementa con unas notas profusas.
La vida en cuatro letras es un resumen, más o menos profundo, de todo lo que la ciencia genética ha ido descubriendo hasta ahora sobre un tema tan abstracto como la felicidad. Así que el autor primero realiza una reflexión filosófica tratando de determinar que es la felicidad (cuestión harto compleja si tenemos en cuenta que es un sentimiento muy subjetivo) para pasar a hacer una introducción en genética humana, hablando no solo del proyecto genoma, si no también de la importancia de la epigenética, optogenética y la metagenética esta última incorpora, entre otras cosas, la microbiota intestinal. Una vez que dominamos los conceptos básicos nos metemos de lleno en tratar de descubrir si existen o no los llamados “genes de la felicidad” para acabar con una estúpida divagación sobre lo obvio... de momento no podemos explicar ni alcanzar la felicidad desde la ciencia. Ateniéndonos solamente al contenido científico el libro es entretenido. El problema es que constantemente, López-Otín nos tortura con divagaciones carentes de interés, aburridas historias personales, una amplia playlist y una variada selección de versos o fragmentos literarios que más que ayudar entorpecen la lectura.
En resumen, La vida en cuatro letras es un libro que intenta dar una nueva visión a la literatura de divulgación. Lástima que al resultar tan soporífera invite al sueño antes que a la lectura o al afán de conocimiento. Hay millones de libros mucho más divertidos e ilustrativos que este. Así que mi recomendación es que ni os molestéis. Por mucho que lo haya intentado con solo las “cuatro letras” que conforman la vida, no se puede escribir un buen libro.