Julio Manegat retrata en esta obra de 1965 el reverso incómodo del bum turístico en España, destapando lo que había detrás del famoso eslogan publicitario de la época. La historia se traslada a un pueblo de la costa completamente transformado por los hoteles, donde las tradiciones locales empiezan a venderse al mejor postor extranjero a cambio de divisas y modernidad rápida. A través de un desfile de tipos humanos muy variopinto —que incluye desde hoteleros con ganas de hacerse ricos hasta turistas despistados y pillos de playa—, el argumento destapa los dilemas morales que surgen cuando la cultura de toda la vida se rebaja a un simple decorado rentable para el consumo de fuera.
Lo más valioso del texto es la mirada tan afilada y existencialista con la que se analiza este cambio social, huyendo de las palmaditas en la espalda del discurso oficial del régimen. La forma de escribir es muy clara y atenta al lenguaje de la calle, logrando capturar ese vacío que aparece cuando una comunidad prefiere el dinero fácil a mantener sus principios. Es una lectura que divierte por sus toques satíricos, pero que te deja un poso amargo al hacerte pensar en el peligro de convertir las señas de identidad de un pueblo en una mercancía barata para disfrute de otros.
Julio Manegat retrata en esta obra de 1965 el reverso incómodo del bum turístico en España, destapando lo que había detrás del famoso eslogan publicitario de la época. La historia se traslada a un pueblo de la costa completamente transformado por los hoteles, donde las tradiciones locales empiezan a venderse al mejor postor extranjero a cambio de divisas y modernidad rápida. A través de un desfile de tipos humanos muy variopinto —que incluye desde hoteleros con ganas de hacerse ricos hasta turistas despistados y pillos de playa—, el argumento destapa los dilemas morales que surgen cuando la cultura de toda la vida se rebaja a un simple decorado rentable para el consumo de fuera.
Lo más valioso del texto es la mirada tan afilada y existencialista con la que se analiza este cambio social, huyendo de las palmaditas en la espalda del discurso oficial del régimen. La forma de escribir es muy clara y atenta al lenguaje de la calle, logrando capturar ese vacío que aparece cuando una comunidad prefiere el dinero fácil a mantener sus principios. Es una lectura que divierte por sus toques satíricos, pero que te deja un poso amargo al hacerte pensar en el peligro de convertir las señas de identidad de un pueblo en una mercancía barata para disfrute de otros.