Con la lectura de La ciudad amarilla, nos metemos de lleno en una de las historias más magnéticas de la literatura de mediados del siglo pasado, escrita por el autor y periodista barcelonés Julio Manegat. La novela, que consiguió un gran éxito en su momento al quedar finalista del Premio Planeta en 1958, nos lleva de forma ordenada por las calles de una Barcelona gris y monótona a través de los ojos de un taxista. La propia ciudad se transforma de inmediato en un personaje más, vivo y asfixiante. A través del parabrisas del taxi, la rutina diaria del protagonista se rompe por completo debido a encuentros casuales que despiertan en él unas ganas enormes de cambiar de vida, obligándolo a enfrentarse a sus miedos, a su propia soledad y a un profundo deseo de libertad en mitad de la dura posguerra.
Lo mejor de la novela es la habilidad del autor para usar los viajes en el coche como una metáfora del propio camino moral y psicológico por el que pasan los personajes. Gracias a su experiencia en el periodismo, Manegat evita los textos fríos y prefiere usar una forma de escribir muy atractiva que atrapa al lector, capturando tanto el movimiento de las avenidas como el aislamiento de la gente que las camina. Aunque la estructura del libro responde a las costumbres literarias de los años cincuenta, las crisis emocionales que narra son tan universales que superan perfectamente el paso de los años. Es una joya rescatada del olvido e imprescindible para los amantes de las historias urbanas que analizan a fondo la condición humana.
Con la lectura de La ciudad amarilla, nos metemos de lleno en una de las historias más magnéticas de la literatura de mediados del siglo pasado, escrita por el autor y periodista barcelonés Julio Manegat. La novela, que consiguió un gran éxito en su momento al quedar finalista del Premio Planeta en 1958, nos lleva de forma ordenada por las calles de una Barcelona gris y monótona a través de los ojos de un taxista. La propia ciudad se transforma de inmediato en un personaje más, vivo y asfixiante. A través del parabrisas del taxi, la rutina diaria del protagonista se rompe por completo debido a encuentros casuales que despiertan en él unas ganas enormes de cambiar de vida, obligándolo a enfrentarse a sus miedos, a su propia soledad y a un profundo deseo de libertad en mitad de la dura posguerra.
Lo mejor de la novela es la habilidad del autor para usar los viajes en el coche como una metáfora del propio camino moral y psicológico por el que pasan los personajes. Gracias a su experiencia en el periodismo, Manegat evita los textos fríos y prefiere usar una forma de escribir muy atractiva que atrapa al lector, capturando tanto el movimiento de las avenidas como el aislamiento de la gente que las camina. Aunque la estructura del libro responde a las costumbres literarias de los años cincuenta, las crisis emocionales que narra son tan universales que superan perfectamente el paso de los años. Es una joya rescatada del olvido e imprescindible para los amantes de las historias urbanas que analizan a fondo la condición humana.