Resumen y sinopsis de La vegetariana de Han Kang
Hasta ahora, Yeonghye ha sido la esposa diligente y discreta que su marido siempre ha deseado. Sin ningún atractivo especial ni ningún defecto en particular, cumple los requisitos necesarios para que su matrimonio funcione sin sobresaltos. Todo cambia cuando unas pesadillas brutales y sanguinarias empiezan a despertarla por las noches, y siente la imperiosa necesidad de deshacerse de toda la carne del frigorífico. A partir de ese momento, Yeonghye impondrá en casa una dieta exclusivamente vegetariana que su marido aceptará entre atónito y molesto. Este será un primer acto subversivo seguido de muchos otros que la llevarán a la búsqueda de una existencia más pura y despojada, más cercana a la vida vegetal, un lugar donde el poder erótico y floral de su cuerpo romperá las estrictas costumbres de una sociedad patriarcal y ultracapitalista.
Situada en Corea del Sur, La vegetariana es la historia de una metamorfosis radical y un acto de resistencia contra la violencia y la intolerancia humanas. Galardonada con el Premio Booker Internacional, esta bella y perturbadora novela catapultó internacionalmente a la que es una de las voces más interesantes y provocadoras de la literatura asiática contemporánea.
Llegué a esta novela porque solo escuchaba reseñas positivas por todas partes. La cosa se amplificó, cuando la autora ganó el Nobel. Luego de buscar por todas partes, pude dar con este, leerlo y ahora les doy mi reseña. Voy a analizar cada uno de los tres actos de esta novela, que están marcados como capítulos.
El primer acto es magistral y lo amé. La novela arranca muy bien introduciendo al lector al universo de la historia. Vemos al personaje principal, aunque no es el narrador de la historia sino las personas a su alrededor. Aquí hay una tensión interesante, mostrando adaptabilidad para diferentes géneros. No captaba si era un relato de misterio, fantasía, thriller o terror y esa ambivalencia me encantó. El único defecto, es que es innecesariamente largo y eso le baja la tensión.
El segundo acto es el desarrollo del conflicto, pero ahí empieza a cojear. Es cuando vemos al “villano”, por definirlo de alguna manera, pero eso no suma nada a la historia. En este punto todo se vuelve simbólico y/o onírico, en donde el personaje principal empieza a caer en un “vórtice de destrucción” y arrastra a todos los que están a su alrededor a ello. Hay un cierto contenido erótico, pero me parece que no está bien implementado y no aporta nada.
En el tercer y último acto todo entra en crisis. El personaje principal toca fondo, pero entonces lo único que hace es estar en un estado catatónico y todo es mostrado desde el punto de vista de otra persona. Pero otra vez dan vueltas y vueltas, no definen nada, se comprende porque el personaje estás así, pero no transmiten mucho. Así continua hasta el final, que lo defino con esta palabra: “meeehhh”.
No me malinterpreten, entendí el mensaje de la historia. Se entiende que es una crítica a la sociedad coreana, a como esta prepondera al hombre por encima de la mujer. Entiendo que la situación de los personajes principales, son reacciones a la represión que sienten. Pero el problema es que se pudo ejecutar de una mejor manera. Hubiese sido mejor mostrar eso directamente, pero en su lugar, hay una innecesaria visión elevada, existencial, onírica que le juega en contra.
Adicionalmente, falta definición en los personajes masculinos. Estos son malos porque simplemente: “hombres malos” y nada más. No comprendes el accionar de estos, las motivaciones detrás y eso hace que las situaciones de conflicto, a pesar de ser impactantes, se sientan vacías al final.
Eso sí, a pesar de los defectos que posee, está estupendamente escrito, la prosa es ligera, fluida, directa y logra sumergirte en la historia. El primer acto me pareció fenomenal y te introduce magníficamente en la historia. A pesar de los defectos, la autora logra mantenerte enganchado hasta el final y de ahí calificación. Creo que este es uno de los casos en donde funciona el refrán que reza: “menos es más”.
Una fábula en torno a una persona absolutamente anodina, pasiva y sin voz, un cero a la izquierda, que un día toma una decisión sobre su alimentación que produce un completo rechazo y hostilidad entre quienes le rodean. Por supuesto no se trata de una simple decisión inocente, pues sus implicaciones son de callada rebeldía ante una sociedad, la coreana (la nuestra también) que no tolera disidencia alguna. Es “vegetariana” por decir algo, por poner una etiqueta a lo que no es opción moral o filosófica, sino algo visceral que viene de muy adentro; un acto radical que nuestra heroína llevará hasta sus consecuencias más extremas… un deseo, en definitiva, de transformación.
No conocemos a esta mujer, ni sus pensamientos o motivaciones, más allá, al menos, de los sueños, el componente onírico que arroja alguna pista, pues la novela se rompe en tres puntos de vista. El del marido, varón convencional e integrado en el sistema que sólo quiere una mujer-florero, o que cumpla con sus obligaciones de esposa, puede ser el más despreciable. El del cuñado, artista obsesivo y fetichista que descubre en ella lo que tanto buscaba, introduce un erotismo extrañamente romántico, idealizado y malsano, de veneración y a la vez deshumanización. Es otro rebelde, pero que no sabe cómo canalizar esa rebeldía e insatisfacción, y sin muchos escrúpulos, capaz de traspasar cualquier línea. Finalmente, tenemos a la hermana, otra mujer oprimida, pero que ha asumido y se ha amoldado a todo lo que el sistema le requiere, a todas sus cargas; en soledad ante lo que no entiende, pero muy a su pesar, comienza a entender… Y quizá nosotros con ella.
Destacable la crudeza de un libro de lenguaje escueto, que nos lo bebemos; novela del cuerpo, de sangre, pintura, fluidos, comida, materia. Novela política a partir de lo personal, que va más allá del posicionamiento sobre una cuestión polémica. Sobre el control de esos cuerpos y de cómo estos son el último bastión o parcela de libertad que ejercer. Pero es una forma de resistencia para nada admirable... y aquí viene lo difícil, propia de alguien mentalmente perturbado o que padece un trastorno alimenticio, consecuencia de una violencia largamente contenida desde la infancia y que adopta múltiples formas, podemos pensar. Y sin embargo, lo entendemos y hasta se desprende algo poético de un proceso de autodestrucción que da lástima, que da pie a algún que otro debate. Porque hay un ataque a la familia que cierra filas, al matrimonio sin un vínculo real detrás y las buenas apariencias, al consumismo, al trabajo y a la institución médica que agrava el trastorno. Nihilismo y anti-humanismo, pulsión de muerte y deseo de dejar de pertenecer al género humano o incluso animal, insinuando una forma muy retorcida de ecologismo, conforme la figura del árbol se apodera de la narración.
“La vegetariana” sería por último un relato kafkiano sobre una transformación repentina que rompe la normalidad, un ser familiar que un día se vuelve una otredad inasumible y pone a todos a prueba, y sería también un Bartleby que dice no a todo, sería “El extranjero” de Camus para el siglo XXI; el monstruo que tiene oscuramente algo de razón, pero con quien nos da miedo empatizar.
Obra cortita narrada a tres voces, me ha dejado sorprendido y mi calificación no es más alta porque, a mi parecer, la tercera parte se ha quedado por debajo de las otras 2 y no existe un desenlace o final, queda inconcluso.
La historia es muy interesante y el estilo narrativo es digno de un premio Nobel.
Me ha gustado bastante, es un estilo de libro que jamás antes me había leído. Muy bien escrito, fácil de leer. Libro perfecto para leerlo en un club de lectura y comentar ya que al tener tanto trasfondo puedes interpretarlo de mil maneras diferentes.
Me motivé a leer este libro para acercarme al más reciente Premio Nobel de Literatura y es obvio que Han Kang escribe bien, de eso no hay dudas. Sin embargo la novela me ha dejado con sentimientos encontrados. Todo comienza cuando la protagonista, una mujer común y corriente debido a unos sueños que tiene, deja de comer carne iniciando una dieta vegetariana. Pero lo que parece una decisión sencilla y que puede pasar por normal en nuestros tiempos termina convirtiéndose en un camino hacia la locura, con las consecuencias que esto deriva para ella y su familia. La historia está narrada en tres partes contada por el marido, el cuñado y la hermana.
La primera parte me ha provocado sentimientos angustiantes, deprimentes, la definiría como de terror. La segunda parte es la que más me ha gustado aunque tiene un manejo del erotismo que puede no ser del agrado de todos los lectores. La tercera parte es la que he encontrado más floja y la que menos ha sido de mi agrado.
El final es muy abierto, prácticamente queda inconclusa. En resumen, me resultó una propuesta interesante, diferente, que debe ser leída pero no entra dentro de mis preferidas.
La historia es original, pero no he entendido el mensaje que nos quiere transmitir la autora. Al principio del libro parecía que se trataba de romper con los estándares tradicionales, pero poco a poco el relato se va haciendo más irreal, hasta acabar confundiendo.
La vegetariana relata la historia de una mujer corriente, Yeonghye, que por la simple decisión de no volver a comer carne convierte una vida normal en una perturbadora pesadilla. Narrada a tres voces, La vegetariana cuenta el desprendimiento progresivo de la condición humana de una mujer que ha decidido dejar de ser aquello que le obligan a ser. El lector, como un pariente más, asiste atónito a ese acto subversivo que fracturará la vida familiar de la protagonista y transformará todas sus relaciones cotidianas en un vórtice de violencia, vergüenza y deseo.
"Era un cuerpo exento de deseo y paradójicamente era también el bello cuerpo de una mujer joven. De esa contradicción emanaba una fuente de fugacidad, una fugacidad extraña y sólida. La luz del sol se diseminaba a través del ventanal como en infinitos granos de arena y, aunque no fuera perceptible a la vista, la belleza de ese cuerpo también se estaba desmoronando como arena pulverizada..."
Libro que retrata el deterioro físico y emocional de una mujer, Yeonghye, causado por múltiples factores: traumas de infancia por la violencia paterna, sueños recurrentes con imágenes perturbadoras, la poca o nula valoración que le tienen sus familiares y su esposo, un ejecutivo promedio aunque exitoso en sus proyectos y de vida muy convencional, y unos intentos de modificar sus hábitos alimenticios pero que esconden elementos de orden personal que nada tienen que ver con simples temas de "salud y bienestar".
A lo largo de tres capítulos, la autora plasma distintas perspectivas donde la incomprensión, algunos paradójicos "placeres carnales" y ciertos daños colaterales a personas del entorno cercano de Yeonghye, como su hermana In-hye, producen una mezcla de patetismo, estupor, inquietud, tristeza, soledad, y cuya lectura genera cuestionamientos y reflexiones acerca de las actitudes de la protagonista y sus consecuencias, las cuales pueden suscitar tanto empatía como rechazo, dependiendo de la mentalidad del lector que se acerque a esta obra.
Narrativa punzante, con trazas surrealistas y kafkianas bien manejadas, y una trama no exenta de polémica por los temas de fondo que plantea.
Casi se puede considerar este libro un clásico moderno de la literatura asiática, uno de esos libros que siempre se recomiendan cuando hablamos de autores orientales. Sin embargo, y a pesar de que me ha gustado, debo decir que no creo que sea una obra para todo el mundo. La narrativa y la historia es confusa y rocambolesca, llena de momentos en los que te preguntas qué es exactamente lo que estás leyendo.
Este libro trata de forma única temas como la existencia humana y el sentido de la vida, al tiempo que hace una crítica a la sociedad. A través de distintes personajes, la autora nos hace recorrer distintas perspectivas de una existencia hastiada, que no sabe bien a dónde se dirige, todo en torno a una protagonista enigmática, amoral y libre que desea simplemente hacer lo que plazca. Así, la autora trata de mostrar a una mujer que desea librarse de las convenciones sociales, especialmente dura contra las mujeres, rompiendo con absolutamente todo y desconcertando a les otres personajes y a les lectores por igual.
Es un libro de estos que te hacen reflexionar, parar después de un par de páginas para poder digerir todo lo que has leído y comprender de verdad el mensaje. Es una obra que tiene diferentes lecturas de lo abstracta que es, muy interesante, pero que puede dejar confusa a mucha gente.
Irbis.
La historia está dividida como en tres capítulos, contados por tres personas de la misma familia, pero lo he dejado en la segunda historia porque me estaba aburriendo, no me enganchó en absoluto, ni me perturbó, ni me impactó, ni me sorprendió.
La primera historia, La vegetariana, está más o menos bien, me la he leído, pero en la segunda historia, La mancha mongólica, me ha parecido un rollo insulso, no entiendo lo que quiere explicar la autora, y mucho menos entiendo cómo se ha llevado un premio.
Tiene una forma de narrar que a mí no me gusta, es muy simple, y no tiene el efecto “wow” como tienen otras novelas que da placer leerlas, se me hizo muy pesada y poco ágil.