Resumen y sinopsis de Blanco de Han Kang
En algunas culturas orientales el blanco es el color del luto. Quizá las cosas blancas que nos rodean preservan nuestro dolor, contienen una angustia que no sabemos ver a primera vista. Kang se adentra en una delicada indagación literaria y busca, a través de la descripción de cosas cotidianas, el mal que siempre ha sentido por la ausencia de una hermana a quien no conoció.
A partir de la redacción aparentemente banal de una lista de cosas blancas, Han Kang hace un conmovedor ejercicio de introspección, buscando el epicentro de su dolor existencial.
"Su escritorio está limpio y ordenado. Dentro de la pantalla blanca de la lámpara que está a la izquierda, la bombilla irradia luz y calor. Todo está en silencio. Al otro lado de la ventana con la persiana levantada, se ven los faros de los automóviles que corren por la carretera pasada la medianoche.
Ella está sentada ante el escritorio como alguien que no sufre ningún dolor. Como si no acabara de llorar ni fuera a echarse a llorar. Como si nunca se hubiera desmoronado. Como si no hubiera existido nunca el tiempo en que el único consuelo era que la eternidad no podía ser nuestra".
Libro hecho a partir de pequeños fragmentos de texto que combina auto-ficción y literatura del duelo, poesía, prosa poética, micro-relato… que es todo y nada de ello a la vez y que, sobre todo, supone la exploración de un concepto como es el color blanco, en todos sus matices, tonalidades, teñido (aunque suene paradójico) de un significado impreciso. El blanco es el color de la pureza, el vacío y el silencio, la transparencia y las verdades esenciales, de lo cambiante y evanescente, también es un color que es el no-color, no tan positivo, sino fúnebre, el del luto, la pérdida, la melancolía, el color de la muerte, o al menos de cierta frontera entre la vida y la muerte.
El libro es un recorrido por diversos objetos y elementos blancos que actúan como metáfora o pantalla de algo mucho más trascendente, y aquí estamos en pleno territorio de aquella literatura oriental que nos habla como en un susurro mediante una voz quebradiza, que evoca, recuerda, que intenta reconstruirse y entenderse a sí misma. Mediante la observación detenida de lo cotidiano, la naturaleza, las anécdotas, las cosas, son puerta de acceso a un caudal de emociones, pensamientos… que se deshacen como la nieve nada más ser pensados o expresados.
La presencia de una ciudad europea (Varsovia, aunque no se dice el nombre), con su historia oculta de destrucción, regeneración y trauma, conecta la vivencia íntima de la desubicada narradora con lo colectivo y político. El texto se presenta en párrafos breves, arduos de leer en su extrema simplicidad, dejando grandes espacios en blanco en la página, como si mediante su pura presencia física pudiera darse forma a eso que falta, que queda al borde del lenguaje. En sí mismo trata del duelo por la muerte prematura de una hermana recién nacida por circunstancias azarosas; es decir, alguien que ni siquiera llegó a conocer, que apenas vivió y respiró unas horas, pero que le ha dejado una huella, una herida invisible. Una existencia tan banal e intrascendente como la suya propia, una muerte necesaria para que ella misma pudiera vivir, lo cual conduce a una culpa soterrada y a una indagación sobre la existencia que sobrepasa el mero lamento por la ausencia de un ser querido. Entre el amor y el dolor, el recuerdo (por raro e imposible que resulte) de alguien desconocido, que permanece muy cercano aunque ya no esté… contradicciones a la que la autora intenta poner palabras, un vínculo imposible con la literatura como puente.
Libro que presenta el tono introspectivo de una historia personal donde el color blanco se presenta en formas tan diversas como objetos, alimentos, recuerdos familiares y paisajes de la naturaleza, y cuyos significados van ligados a estados de ánimo sumergidos en la tragedia por la pérdida temprana e irremediable de algunos seres queridos, que pueden entenderse aquí como "espacios en blanco", vacíos que no pueden llenarse, vidas inexistentes que solo cobran algún sentido en la memoria de quien escribe, intentando conectarlas a procesos y situaciones en las que, a pesar de todo, nunca estarán presentes.
El proceso de luto ligado al blanco se plantea bajo formas simbólicas interesantes: la tela blanca como mortaja, las nubes que cubren la luna, la nieve que cae y cubre lo que vemos y pisamos, la luz de las bombillas, la ciudad y los monumentos que se reconstruyen, las letras negras sobre el papel blanco para escribir y hasta el vapor que sale del tazón donde se cuece el arroz, entre muchos otros ejemplos que se describen a lo largo del texto, forman parte de un presente de contrastes en el que el dolor, la angustia, la sombra de la muerte, tratan de sobrellevarse en aras de establecer el propósito de seguir adelante en la vida, en un intento de asimilar y aceptar el destino asignado, aún en medio de circunstancias adversas y, muchas veces, inexplicables.
Obra de gran contenido intimista, sentidamente evocadora y con trazas poéticas de gran mérito.