Resumen y sinopsis de Los girasoles ciegos de Alberto Méndez
Un girasol ciego es un girasol que no busca el sol, un girasol inmóvil, un girasol –podría decirse– derrotado. Y la certeza de la derrota, de ese vacío que atenaza tanto a los vencidos como a los vencedores de la guerra, es lo que anuda las cuatro historias de Los girasoles ciegos, que se sitúan en la inmediata posguerra española: un capitán del ejército franquista se rebela contra la avaricia de muerte y se rinde al enemigo el último día de la contienda; un bisoño aprendiz de poeta, huido a la montaña con su novia embarazada, afronta allí el sufrimiento atroz que lo hará madurar demasiado tarde; un preso renuncia a la argucia de Sherezade que le ha permitido demorar su condena a muerte; un diácono obsesionado con la mujer de un republicano oculto desencadena con su lascivia la desgracia de aquella a quien pretendía amar.
Pocas veces un éxito tan inesperado ha sido tan justo como en este emocionante libro de Alberto Méndez. Más allá de su tupida pero nítida prosa, del virtuosismo de su estructura o de su fuerza metafórica y poética, sobrecoge la impecable precisión con que sus cuatro historias capturan un dolor inasible y lo exponen sin una palabra de más.
Ha participado en esta ficha: Beatriz83
El título Los girasoles ciegos lo interpreto como una metáfora de los cuatro relatos que en este libro se narran. Sus connotaciones políticas son bastante evidentes, pero mi lectura, y ahora esta reseña, se centran en el sentido moral y emocional de cada historia.
Aunque son relatos independientes, comparten una misma situación: los años de la posguerra, desde 1939 a 1942.
¿Pudieron evitar la muerte el capitán Alegría, el poeta, Juan Senra y Ricardo? Ciertamente sí. Tuvieron la oportunidad y casi llegaron hasta el final, pero las circunstancias agotaron su capacidad para elegir.
La desilusión del capitán Alegría fue descubrir que el final de la guerra no había traído la paz. Podemos pensar que su decisión fue absurda, pero cuando descubres que mantenerte fiel a ciertos valores no garantiza la vida ni la dignidad; cuando no encuentras una razón para seguir adelante; si no paras de girar buscando una luz que no existe, encuentras la muerte.
En la guerra, la derrota no solo está en la zona de combate. Sus consecuencias llegan más lejos, a cualquier rincón, y no por huir estás fuera de peligro. En el segundo relato, el poeta trata de salvar el amor que siente hacia Elena y el ser que esta lleva dentro. No desea luchar en la guerra porque su ideal de vida es escribir y formar una familia. Huyen porque ahora sienten que el mundo en el que están no les corresponde. La guerra le ha quitado aquello para lo que estaba hecho.
Juan Senra, personaje del tercer relato, en su instinto de librarse de la muerte teje una mentira del hijo del militar que lo interroga. Le dice lo que quiere oír y eso le salva la vida, día a día, mientras ve morir a sus compañeros de prisión. Pero a medida que aumenta su mentira, también lo hace la rabia que siente por la ficción que ha construido y cansado del héroe muerto decide contar la verdad. La derrota antes que vivir corrompido por crear la falsedad de un soldado muerto.
En el cuarto relato, y quizá el que más alusión hace al título, Ricardo y Elena viven con su hijo Lorenzo en la oscuridad para preservar la identidad del padre, a quien se le da por muerto cuando vive escondido en la casa. La supuesta viudedad de Elena es atractiva para un diácono que anda tras ella. La familia vive con el miedo a que su secreto sea descubierto destacando así el autor la situación de clandestinidad tras la posguerra y la falta de libertad.
No fueron derrotas individuales. Sus tragedias no dependen de quien gane o pierda, o de si están en el bando correcto, se trata de lo que cada uno de ellos cree que es justo y lo que se le permite hacer.
Un ser humano puede sentirse moralmente atrapado en cualquier bando si su conciencia entra en conflicto con lo que se le exige.
En el absurdo moral de las cuatro derrotas cada personaje intenta orientarse, como los girasoles, hacia una forma de luz, pero el mundo que habitan no permite que esa luz exista. Por eso todos son girasoles ciegos.
Se trata de cuatro relatos cortos en torno a los estragos acaecidos por la Guerra Civil española, a cual más impactante. En el primero ("Si el corazón dejara de latir") se nos describe las penurias de un antiguo capitán fascista que es castigado por renegar de la guerra, pero que sobrevive milagrosamente. El segundo ("Manuscrito encontrado en el olvido"), asistimos a una lucha por la supervivencia de un padre y su hijo aislados por la guerra en la montaña. El tercero ("El idioma de los muertos") una mentira piadosa consigue prolongar la vida de un preso republicano, y en la que da título al libro un niño es testigo de la injusticia bélica al convivir con su padre escondido en el armario. Muy buenas historias, especialmente la tercera y la que otorga el nombre al libro.
Trata muy acertadamente el abandono del ser humano cuando la desolación ha corrompido su capacidad de supervivencia.
Un tanto inverosímil e incongruente el primer cuento, siendo a mi juicio los mejores los dos siguientes.
Magnífica interpretación de Javier Cámara en su adaptación al cine.
Grandiosa historia, que aunque sea corta, su prosa barroca hace que lo tengas que leer despacio y saboreando cada instante. Muy recomendable.
Son cuatro grandes historias que forman un todo delicioso, quizás la peor es la que da título al todo. Muy bien escrita, muy poética. Expresa de manera magistral los sentimientos de los personajes.
La verdad es que la lectura me sorprendió gratamente. En su contexto - el de una España en busca su "Memoria histórica" - tiene una gran relevancia, ya que a fin de cuentas resulta ser una novela que trata de reflejar la historia de los derrotados de nuestra guerra civil, todo contado en una prosa trabajada con momentos líricos muy emotivos. Lo recomiendo.
Los personajes realizan profundos viajes interiores a través de estas cuatro historias que cuentan la guerra. Para mí la esencia del libro está en el siguiente párrafo, "Sueño constantemente sin saber si estoy dormido, y me imagino sin querer un mundo casi vacío en el que todos hablan un idioma extraño que no entiendo aunque no me siento forastero. Cuando lo aprenda te hablaré del lenguaje que se habla en el mundo de mis sueños.”(...) "He intentado enloquecer pero no lo he conseguido. Renuncio a seguir viviendo con toda esta tristeza. He descubierto que el idioma que he soñado para inventar un mundo más amable es, en realidad, el lenguaje de los muertos." Un libro intenso y memorable.
Cuatro historias cortas de personas recién acabada la Guerra Civil.
En general buenas historias cortas. Nos decantamos por la segunda, que nos habría gustado conocer más en profundidad...
Cuantos sentimientos se pueden expresar en tan pocas páginas. Historias cortas y reales que te enseñan la brutalidad y la tristeza de una guerra. Recomendado para los que les guste este género.