Los silencios que se guardan dentro de una casa a veces pesan más que las palabras, y eso es lo que Pedro de Lorenzo retrata a la perfección en Cuatro de familia. En esta ocasión, el autor se olvida de la naturaleza y nos encierra por completo en la intimidad de un hogar para enseñarnos cómo son por dentro los hilos que unen a los padres con sus hijos. En el libro no pasa nada extraordinario hacia el exterior; el verdadero movimiento ocurre en el interior de cada personaje, en sus recuerdos, en las cosas que deciden callar y en la forma en que los traumas de los padres terminan pasando a la siguiente generación.
Cada miembro de la familia tiene su propio espacio para hablar y contar las cosas desde su punto de vista, lo que nos permite descubrir que, aunque viven bajo el mismo techo, cada uno carga con su propia soledad. La historia viaja constantemente del presente al pasado para que podamos entender de dónde vienen sus heridas, sus renuncias y sus distancias. Al final, es una lectura muy íntima y pausada que cuida muchísimo el idioma y que te deja pensando en lo complejo que es, a veces, convivir con las personas que más queremos.
Los silencios que se guardan dentro de una casa a veces pesan más que las palabras, y eso es lo que Pedro de Lorenzo retrata a la perfección en Cuatro de familia. En esta ocasión, el autor se olvida de la naturaleza y nos encierra por completo en la intimidad de un hogar para enseñarnos cómo son por dentro los hilos que unen a los padres con sus hijos. En el libro no pasa nada extraordinario hacia el exterior; el verdadero movimiento ocurre en el interior de cada personaje, en sus recuerdos, en las cosas que deciden callar y en la forma en que los traumas de los padres terminan pasando a la siguiente generación.
Cada miembro de la familia tiene su propio espacio para hablar y contar las cosas desde su punto de vista, lo que nos permite descubrir que, aunque viven bajo el mismo techo, cada uno carga con su propia soledad. La historia viaja constantemente del presente al pasado para que podamos entender de dónde vienen sus heridas, sus renuncias y sus distancias. Al final, es una lectura muy íntima y pausada que cuida muchísimo el idioma y que te deja pensando en lo complejo que es, a veces, convivir con las personas que más queremos.