Resumen y sinopsis de La vida del Buscón de Francisco de Quevedo
Hijo de un ladrón y de una bruja. Pablos, el Buscón, entra al servicio de un joven rico, vive en Alcalá, en la corte y acaba viajando a América. Aunque su argumento no deja de ser muy similar al de otras obras del género. El Buscón no es una novela picaresca al uso. La maestría de su escritura, la vivacidad y sarcasmo en la descripción de personajes y situaciones, la inteligente crueldad de sus anécdotas, hacen de ella, una obra que rebasa los límites de su género, una novela picaresca que da una vuelta de tuerca al arquetipo. Una de las más grandes obras de Quevedo.
Francisco de Quevedo coge las reglas de la novela picaresca y las destroza a base de ingenio y crueldad en El Buscón. A través de las desventuras de Pablos, un joven de origen humilde y vergonzoso que intenta con desesperación escalar en la sociedad, el autor nos muestra un viaje frenético por los bajos fondos de la España del Siglo de Oro. Sin embargo, a diferencia de otros pícaros de la literatura, aquí no hay espacio para la compasión: Quevedo observa el mundo con una mirada implacable que deforma la realidad hasta convertirla en una caricatura grotesca, como ocurre en el célebre y asfixiante retrato del dómine Cabra.
El verdadero espectáculo de la novela no está tanto en lo que se cuenta, sino en cómo se cuenta. El libro es una exhibición absoluta de conceptismo barroco, donde el idioma se transforma en un arma afilada llena de dobles sentidos, humor negro y metáforas brillantes. Al final, tras recorrer ciudades como Segovia, Madrid o Sevilla, la obra nos deja un sabor amargo y un fuerte mensaje sobre el determinismo social: por mucho que Pablos intente cambiar de ropa o de escenario, su destino está sellado desde la cuna si no cambia sus costumbres. Es una experiencia estética fascinante, incómoda y brutal que demuestra el poder destructivo del lenguaje en manos de un genio.
Es complicado que una comedia escrita hace cuatro siglos produzca la misma gracia hoy día que en la época en la que fue concebida.
El idioma castellano ha cambiado mucho, al igual que la sociedad española y el humor en general.
A pesar del tiempo que nos separa se puede adivinar lo gracioso e ingenioso que debía resultar este hombre en su época, pero en la actualidad cuesta entender algunos pasajes, y no hay nada peor que no entender un chiste y tener que preguntarle al que te lo cuenta que te explique dónde está la gracia.
Con este nickname supongo que no me puedo esconder...
La obra maestra del gran maestro español de las letras. Sí, Cervantes escribió el Quijote, pero Quevedo llevaba el lenguaje, la sátira y la ironía en las venas. A veces me maravilla leer sus obras y pensar que fueron escritas hace tantísimo tiempo.
Y cómo no, el inicio de este gran amor fue gracias al Buscón. Aquel chaval de 14 años que era yo por aquel entonces, pensaba que abría un libro sumamente antiguo, por no decir viejo, y que iba a tener que dejarlo a medias cuando me diera cuenta de que no entendía nada. A los pocos minutos de empezar la lectura me sorprendí a mí mismo partiéndome de risa con el fulgurante ingenio de don Francisco.
Ni os cuento ya cuando llegué a la parte donde describe al licenciado Cabra. El Buscón se convirtió en el primer libro que consiguió hacerme llorar, aunque de la risa, claro.
Luego también tiene unos interesantes posos filosóficos, un cierto análisis de la naturaleza humana, aunque claro, la de la época, unas gentes totalmente asalvajadas. Aunque, salvando las distancias, es probable que no nos diferenciemos tanto ¿no? Incluso en ciertos aspectos tal vez hayamos ido a peor.
En fin, a los que tengan algo de miedo por no entender ciertos pasajes de la obra, tranquilos. Si mi yo de 14 años pudo pasar un gran rato con ella, ustedes no serán menos. Y léanla, por favor.
Novela picaresca donde las haya. Si bien no es fácil su lectura ya que requiere de un esfuerzo al tratarse de castellano antiguo. Cuesta seguirlo sobre todo cuando describe la indumentaria de la época. No obstante es de lectura obligada donde se aprende y mucho sobre las costumbres de España en el siglo XVII.
Es un buen broche para finalizar un pequeño recorrido por el siglo de Oro; no se puede discutir la gracia e ingenio del autor que gracias a su enorme talento consigue que brote la risa en el lector mediante unas descripciones grotescas de personajes y ambientes.
Una de las pocas obras que me han provocado una carcajada al leerlo. El episodio con el dómine Cabra es de lo mejor en cuanto al uso de metáforas e hipérboles en nuestra lengua. Las aventuras y desventuras que sufre el pícaro protagonista (y nunca mejor dicho) bien han merecido su reconocimiento en los libros de texto de los institutos. Un clásico de obligada lectura, aunque va de más a menos.
Una abundancia de buen humor que ha trascendido hasta nuestros días. Muy recomendado.
No conseguí verle la gracia, está desfasado y ni situándose en el XVII es un libro para leer hoy.
Libro DESFASADO, en su día fue un gran libro, y cuando estudiaba lo leí y me causó buena impresión, pero hoy en día...
El pícaro, por definición, trata de salvarse de la miseria a fuerza de ingenio, siempre con la mira final de ascender de estrato social y olvidarse de su penuria congénita. Ese camino estará jalonado por dificultades, tropiezos, marchas atrás y reveses varios. ¿Qué distingue al Buscón del resto de obras de picaresca? Tratándose de Quevedo, el uso del lenguaje, sin más
No obstante, en el siglo de oro hubo muchos escritores con historias más o menos buenas de los pícaros, pero quizá la mejor sea El lazarillo de Tormes.
La genialidad en la escritura traspasada, el abc de la picaresca.