Resumen y sinopsis de La tía Águeda de Adelaida García Morales
España, años cincuenta. Marta, que ha perdido a su madre, se va a vivir con su tía Águeda, a una casa de buena familia que esconde un cruel entramado de pasiones, donde el primer inocente atisbo del sexo desencadena una suerte de caza de brujas, donde la maldad surge de la desdicha... Una de las escritoras más fascinantes de la literatura española actual regresa al oscuro mundo de la infancia, escenario de sus más espléndidas narraciones.
La niña Marta se va a vivir con su tía Águeda tras la muerte de su madre, ya que su ocupado padre es médico y no puede ejercer debidamente como padre. Comienza para ella un duro paso de la niñez a la edad adulta, tratándose la suya de una de esas voces femeninas frágiles, vulnerables, que tan bien sabe manejar García Morales para componer uno de sus relatos turbadores y de reminiscencias góticas.
Águeda es una mujer frustrada, de carácter autoritario y amargado, una de esas personas que te sorben el alma, las fuerzas, que acaban con tus ganas de vivir; la existencia de Marta se convierte en algo parecido a una película de miedo, poblada de muñecas siniestras y de terrores nocturnos. Se intuye algo de la miseria de la época, el oscurantismo de algunos hogares, el miedo y la culpa, las habladurías y el silencio, la presencia de la religión como entidad asfixiante, mecanismo de control del comportamiento del individuo y más aún si resulta que este es mujer.
El punto de vista de la niña es clave, pues parece que la tía intenta hacer el bien a su manera, pero es tan odiosa que quienes la rodean acaban desarrollando un rechazo feroz hacia ella y unas ansias de librarse del insoportable yugo al que han ido a caer. El padre ausente, otra temática ya abordada por la autora, corresponde a un tiempo en que la figura de autoridad masculina no puede ocupar el lugar de la madre y esto obliga a su hija a mudarse para ser educada por otros parientes.
Aportan algunos instantes de luz la vida en el colegio, los juegos con la amiga y en el desván de la casa. Y otros personajes, como el de la tía simpática que parece el reverso mundano y experimentado de Águeda, y el del hijastro, que propicia el primer encuentro con el mundo, así como los primeros escarceos de carácter erótico… por supuesto, fuertemente reprimidos. El marido y tío, pese a su carácter positivo, es una figura que parece más muerta que viva y celosa de sus secretos.
El lenguaje llano y directo se combina con una atmósfera pesada, triste, donde es muy expresiva la penumbra y la ausencia de luz en los ambientes que se describen, y donde se hace patente una cercanía de muerte atormentando a los vivos; el espacio del cementerio, la propia madre de Marta, una presencia consoladora que se torna ominosa por quien hace más mal que bien en una mente infantil. Y uno se pregunta ¿Es que nadie se da cuenta aquí del sufrimiento de una persona inocente?
Importantes son todos aquellos elementos que no se y que sólo se intuyen a partir de la mirada de la narradora, el oculto porqué de lo que se torció en algún momento, del carácter tan intransigente de alguien que sólo impone y no escucha. El tremendismo del relato acaba por completarlo la criada y se manifiesta en ciertos actos de crueldad y resentimiento que incluso acaban contagiando a Marta. Como si su tan detestada tía acabara formando parte de ella.
El libro está ambientado en la Andalucía de la década de los cincuenta. Narra las desafortunadas vivencias de una niña que tiene que irse a vivir con su tía porque su madre ha fallecido. La tía es una mujer adusta y amargada que no le hace pasar muy buenos momentos a la niña. Pese a ser una historia muy triste y angustiosa, me ha gustado mucho como está escrito. Además es muy corto y se lee de una sentada.