Resumen y sinopsis de Bajo el volcán de Malcolm Lowry
El Día de Muertos de 1938 es una jornada aciaga para el ex cónsul británico en México, Geoffrey Firmin, un hombre alcohólico, arruinado por los fantasmas de su mente y de su pasado y cuyos oscuros sentimientos de culpabilidad alimentan una soterrada voluntad de autodestrucción. Incapaz de reaccionar al regreso de su ex mujer, Yvonne, el cónsul deja que ella se acerque de nuevo a su hermanastro Hugh, trotamundos implicado en actividades políticas. Y durante las veinticuatro horas en que transcurre la novela, en un México que simboliza al tiempo el paraíso y el infierno terrenales, se suceden alejamientos, malentendidos y encuentros conflictivos, y hasta violentos, con personajes de toda índole. Un funesto augurio un indio moribundo al borde de un camino da la primera señal de alarma. Mientras Geoffrey, cada vez más ensimismado, naufraga lentamente en sus delirios etílicos ante los ojos de Yvonne y Hugh, éstos asisten impotentes a los estragos de su trágica caída.
Miento si digo que he disfrutado, o siquiera entendido de principio a fin una lectura tan compleja, abrumadora por momentos, que costó (y se entiende) años de su vida al autor y que sigue el legado vanguardista del “Ulises” de Joyce, pero llevado a un México visto desde la mirada extranjera; tierra exuberante y a la vez escenario de decadencia que parece la antesala del infierno.
Novela total y de muchas capas, en la que afrontamos parrafadas interminables al borde del galimatías y continuas descripciones de un entorno que pasa a ser un personaje más, que demoran una acción apenas existente. Es a la hora de analizar los abundantes símbolos, lo entredicho, los detalles que dan su verdadero sentido a la obra, cuando más sugestiva se vuelve. Crónica del desmoronamiento psicológico, existencial, de un hombre caído en desgracia, consumido por un alcoholismo severo cuyos síntomas, tanto físicos como mentales (la manera errática en que se percibe la realidad) y espirituales (la pérdida de dignidad de quien lo padece) se muestran vivamente; la dependencia de la bebida y los débiles, patéticos intentos por controlarla.
Se intuye una historia de infidelidad, resentimiento, culpa y daño mutuo de una pareja, también un amor incorregible entendido como tabla de salvación, entre promesas rotas y un enorme desgaste emocional. El cónsul es un ser arrinconado en el último y más infame rincón de la tierra, asediado y tentado por sus demonios, que le arrastran a una realidad cada vez más alucinada, perdida toda esperanza.
El tiempo se condensa en una única jornada, correspondiente al día de difuntos, que se carga de premoniciones e indicios de muerte, a la vez que dicha temporalidad se expande y se focaliza, según el capítulo, en el trío protagonista. Los espacios se adueñan del relato, y en concreto, la ciudad de Cuauhnahuac, profusamente descrita; calles y edificios, monumentos, la presencia de los dos volcanes, la naturaleza, el clima y el paisaje, la hondonada y las “cantinas” como hábitat natural de Firmin, bastante lejos de la pretendida dignidad de su cargo. La presencia de la historia: el palacio del emperador Maximiliano y sus desgraciados amores, la conquista de Cortés… y del entonces presente: la guerra civil española y el apocalipsis inminente en Europa, la presencia insidiosa del fascismo en México, la xenofobia y el odio ideológico que rematarán la caída del cónsul. La iniciativa individual y romántica que encarna Hugh, el hermanastro metido a hombre de acción, se presenta como igualmente limitada e incluso hipócrita, mientras que Ivonne, la actriz fracasada y amante de la astronomía, expresa el paraíso irrecuperable, la redención imposible de lograr.
El texto adquiere su pleno sentido, pese a esta carga política, en un plano trascendente y metafísico. La cábala, la numerología (los números 7 y 12), simbolismos como el del caballo como fuerza desatada e incontrolable, puntúan todo el libro cual motivos o alusiones a un sentido más profundo; la caída a los abismos desde el paraíso terrenal de Adán y Eva, las cimas del Popocapepetl, al tugurio infecto de “El farolito”, suma de toda inmundicia, habitado por monstruos... como el propio Firmin (“Las manos de Orlac”, las manos que le tiemblan). El indio muerto, ¿asesinado? Al que nadie ayuda y del que incluso se aprovechan, las fuerzas del orden totalmente inoperantes y corrompidas. Tanto como el lenguaje, donde abundan ciertos juegos de palabras, algo intraducibles (el “pollo espectral”, la “gatástrofe”) que aportan algo de humor sombrío.
El largo y deslavazado monólogo de un borracho. Por más que se trate de un borracho muy culto, la lectura acaba haciéndose pesada y demasiado larga. Lo mejor, el capítulo final: un "delirium tremens" genial. Si has visto la película de Huston "La noche de la iguana" y has leído "Los días de Birmania", de Orwell, apenas nada novedoso encontrarás en esta novela. Buena, pero no la recomendaría.
Aunque un poco difícil de leer, es una historia alucinante sobre los extremos a que puede llegar el alcoholismo, narrada de una manera compleja pero que te deja con una buena impresión al final.
Libro complejo, narración particularmente densa en una historia llena de simbolismos. El final es trepidante y la novela tiene pasajes brillantes. La mejor recreación literaria de una borrachera que he leído.
Novela con un clima agobiante.
Libro muy difícil pero una autentica joya. En la primera edición en castellano, en la contraportada, decía que sus editores americanos se negaron en principio a publicar este libro si el autor no hacia profundos cambios. Lowry les respondió con una extensa carta (ojalá se pudiera leer en futuras ediciones) en las que explicaba pormenorizadamente el porqué de esas situaciones. Por suerte se editó sin "censura".
En mi opinión, se trata de una obra de difícil lectura. La historia en si no está mal, pero el estilo narrativo del autor hace que resulte complicado engancharse a ella (discurso inconexo, frases incompletas, apelotonamiento de ideas unas veces y prolijas descripciones insustanciales otras, párrafos interminables). Creo que no es un buen libro para disfrutar de la lectura y el único reto es el ser capaz de engancharse a la historia y ser capaz de acabar el libro que, aunque no es muy largo, puede llegar a hacerse eterno. Evidentemente no soy un crítico literario y mi opinión es solo eso, mi opinión, que en mi ignorancia no me ha permitido descubrir y disfrutar el sentido de esta obra.
Cuidado con la nota porque no es un libro cualquiera. Es bastante complejo sobre todo al inicio, pero creo que es una obra maestra. Lleno de simbolismos por todo el libro, te lleva literalmente al infierno y hay pasajes que son geniales. Es más que una novela pero mucho, mucho más; tiene una profundidad y una Sabiduría muy grande.
Es muy recomendable, aunque de lectura difícil, y no me explico como esta obra ha pasado tan desapercibida en nuestro país.