Resumen y sinopsis de Claros del bosque de María Zambrano
Claros del bosque es todo un monumento filosófico-poético, uno de los libros fundamentales de la historia reciente del pensamiento. En él, María Zambrano sumerge al lector en un sentir primigenio, anterior a todo tiempo, al que el temible Cronos no tiene acceso y donde se recobra un paraíso perdido, una visión primordial.
Es en este no-lugar al que Zambrano accede para no sentirse desterrada, exiliada; es en él donde todos podemos recuperar una siempre añorada unidad primigenia. La pensadora malagueña propone así una regresión originaria en la que la filosofía, la poesía, la música y la mística nos indican el camino para recordar «el Sentir», para rescatar «a las cosas y a los seres de la confusión».
Introducción de Joaquín Verdú de Gregorio. Esta edición reproduce la fijación del texto que hizo Mercedes Gómez Blesa en el Tomo I del Vol. IV de las OO.CC. de María Zambrano.
Texto de madurez de la pensadora malagueña, más bien una suma de textos tan breves como herméticos, encabezados por la imagen del “claro” del bosque; un lugar despejado y sereno en mitad de esa naturaleza que es la vida humana, donde vamos a parar sin quererlo, sin buscarlo, sin expectativas, donde el “ser” se nos abre, se nos revela en toda su verdad y amplitud.
A medio camino entre la indagación filosófica, la prosa poética e incluso un misticismo sin religión, el libro en sí es un bosque denso, muy bello en su expresión del lenguaje y como puro ejercicio estilístico; por momentos impenetrable, por cuyas páginas nos llega de vez en cuando una intuición, un destello de lucidez. Un libro que en sí no trata de nada en concreto, lleno de abstracciones, alejado desde luego de una filosofía basada en argumentos rígidos o en razonamientos que debamos seguir y asimilar hasta el final… más bien un flujo de imágenes por el que dejarse llevar y que expresa esa “razón poética” de la autora. Opuesta a una razón instrumental y utilitaria, sin alma, desligada de la vida y apartada de lo humano, tan complejo siempre y difícil de reducir a términos inequívocos, uniendo esa razón con cierta poesía y misterio.
Sigue la línea, entiendo, de un Heidegger, o de su maestro Ortega, una búsqueda de las razones profundas del ser, adoptando unas formas propias de la literatura, habitando cierta contradicción en ese abrazar, si se quiere, lo irracional, pero donde la palabra aún ocupa un lugar clave, contiene ese matiz revelador. “La metáfora del corazón”, el centro hueco, perfecto e inmóvil de los antiguos, es para Zambrano una casa con habitaciones, un espacio de tránsito. La luna, adorada por la planta de la cicuta, desprende su propia luz lunar, subsidiaria del sol. Mitos con el de la medusa o Dionisio, ideas como la del punto… serían esos claros en el bosque que nos llevan a esos momentos de comprensión fugaz. Nunca una filosofía completa ni un sistema nuevo, más bien lo de Zambrano es una búsqueda, la propuesta de una forma de mirar, de una actitud hacia el mundo y el filosofar.