Resumen y sinopsis de Parentesco de Octavia E. Butler
La obra más famosa de Butler, aclamada por la crítica, cuenta la historia de Dana, una joven negra que de repente e inexplicablemente es transportada desde su hogar en la California de los 70 hasta la Guerra Civil del Sur. Mientras viaja en el tiempo entre ambos mundos, uno en el que es una mujer libre y otro en el que forma parte de su propia y complicada historia familiar en una plantación del sur, se enreda aterradoramente en la vida de Rufus, un conflictivo esclavista que es a la vez un antepasado de Dana, y en las vidas de las muchas personas que están esclavizadas por él.
Por la historia pasan numerosos personajes, ocurren muchas, no sé si demasiadas cosas, y muy rápido, no sé si la autora pierde algo el foco y se le va de las manos, pero se echa en falta mayor pausa y desarrollo en este relato fantástico de viajes en el tiempo que convive con una cruda exposición de la esclavitud en el sur de los Estados Unidos a principios del siglo XIX.
Una escritora afroamericana de los años 70 se ve transportada sin explicación a una plantación esclavista donde salva la vida de un niño, su antepasado blanco. Desde entonces, se desplazará continuamente entre el pasado y su presente sin que sepamos nunca la causa, salvo el “parentesco” o vínculo que une a estas dos personas tan diferentes, cuyos destinos parecen entrelazados, pues dependen entre sí para seguir vivos y desarrollan un vínculo, a lo largo de los años, que sólo puede calificarse como complicado, determinado por cierto aprecio mutuo, pero también por el chantaje y la negociación.
La novela de Octavia E. Butler tiene algo de ajuste de cuentas con la historia de su país, las raíces del odio y unas fechas en que transcurre la acción que no son casuales. La protagonista intenta influir de algún modo en una realidad donde los esclavos negros son tratados como ganado, comprados y vendidos, objeto de castigos atroces y de la separación de sus familias, debiendo asumir cada uno sus estrategias para sobrellevarlo y normalizando el horror. No se trata de maldad pura, sino de personas que integran, sin más, un sistema económico en cuya cúspide se encuentra el dueño de la plantación, que es incluso un hombre de principios y que azota a sus negros como si fuera un hombre que corta leña; ocurrencia igual o más impactante que las imágenes de violencia física y tortura que no escasean precisamente en estas páginas.
Vemos como un niño va asimilando estas lógicas crueles y convirtiéndose en su padre, también conocemos a personajes tan odiosos como el de la madre, que sin embargo acaba inspirando compasión; se muestran unos amores envenenados, dependientes, un racismo que no entiende otro modo de relación que el del abuso. Tenemos una heroína fuerte, resolutiva y con recursos, un poco por requerimientos de una trama que exige una resistencia extrema ante situaciones que acabarían con la integridad física y mental de cualquier persona común. La posición de Dana en la plantación es delicada y siempre pendiente de un hilo, al no encajar en ningún orden; como mujer, será víctima de lo peor, como persona alfabetizada, está por encima de lo que se presupone a un “negro” y es potencial fuente de conflictos que pueden sacudir tan rígida estructura social. Salvará a su antepasado del fuego, del agua, de sí mismo… pero parecen condenados a un encuentro brutal, a una herida que dejará su huella de por vida.
Frente a aquellos tiempos difíciles, una moderna pareja interracial propia de un mundo más avanzado y con derechos, pero siguen percibiéndose señales de esa discriminación que se niega a extinguirse, al igual que los protagonistas experimentan una disociación, empiezan a abrazar ese mundo atroz con el suyo propio, esa violencia que repercute en el presente.
Fantasioso relato de un viaje en el tiempo que no es sino la excusa perfecta para narrar el espeluznante vivir de los esclavos negros en el sur de los Estados Unidos. De lectura muy sencilla, el final carece de una mera explicación de los hechos, por absurda que resultase su conclusión.