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Guía del Autoestopista Galáctico, de Douglas Adams

AutorAlfredo Álamo el 10 de julio de 2011 en Reseñas

Autoestopista Galáctico

No se asuste. Esto es una reseña de uno de los libros de ciencia ficción más peculiares de la historia. Busque un rincón tranquilo, siéntese sobre una toalla y procure no llamar la atención. Está comprobado que llamar la atención es una de las maneras más rápidas, tras insultar a un ser armado, golpear a un ser armado y asistir a un recital de poesía Vogona, de meterse en problemas.

No se asuste. Aunque la Tierra haya sido destruida para dar paso a una autopista galáctica y no quede ni rastro de una civilización que, por otra parte, jamás hizo nada remotamente significable en el universo, todo tiene solución mientras se mantenga vivo. No perder la vida es fundamental para disfrutar de un saludable optimismo.

Después de todo, el universo está plagado de maravillas que un viajero experimentado puede disfrutar mediante el sencillo método de hacer autoestop de nave en nave. No intente hacer autoestop en una nave Vogona, no les gusta. Tampoco asista a uno de sus recitales de poesía.

No se asuste. Eso es lo que primero que podrá usted leer si cae en sus manos un ejemplar de la famosa Guía del Autoestopista Galáctico, fantástico contenedor electrónico con cientos de miles de referencias, consejos, bebidas y restaurantes asequibles de todo el universo conocido.

Sin embargo, si desea conocer la respuesta a la gran pregunta, la que da sentido a la vida, al universo y a todo lo demás, le aconsejamos que lea este divertido libro de Douglas Adams, lleno de ciencia ficción, humor, sátira y cinismo, un libro imprescindible que fue llevado al cine en 2005 y que nació en los estudios radiofónicos de la BBC en 1978 en forma de serial.

No se asuste y lea este libro. Al menos aprenderá algunos de los múltiples usos que le proporcionará uno de los objetos más útiles del universo: la toalla.

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Conspira, que algo queda (IV)

AutorVíctor Miguel Gallardo el 9 de julio de 2011 en Divulgación

La gran impostura

Existen tal cantidad de teorías conspirativas que avivan la imaginación de toda clase de personas, especialmente las más crédulas, que enumerarlas todas es casi imposible. Por eso nos hemos centrado en las que tienen una base literaria, por llamarlo de algún modo. Hoy hablaremos de dos más de ellas.

La gran impostura, de Thierry Meyssan, publicado en 2002, es uno de los libros que hablan sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 que más controversia a nivel mundial ha generado. No es, desde luego, el único que intenta revelar los entresijos del ataque terrorista más famoso de la historia de la humanidad, así como tampoco el único en afirmar que dicho ataque múltiple no fue obra de la red internacional terrorista de carácter fundamentalista islámico Al-Qaeda, sino del propio gobierno de los Estados Unidos. La gran impostura formula una teoría muy difundida esta última década acerca de los atentados, según la cual estos fueron organizados por el gobierno del presidente George W. Bush para modificar de forma brutal la opinión pública estadounidense, reacia hasta ese momento al intervencionismo militar de Estados Unidos en Oriente Medio que, para el presidente y su gabinete, era de vital importancia. Las implicaciones de esta teoría son enormes: en primer lugar, supedita los intereses del gobierno estadounidense (y también del británico) a los de varias industrias estratégicas (la armamentística, la petrolera y, en menor medida, la farmacéutica). Por un lado, la industria armamentística reclamaba disponer de un nuevo teatro de operaciones para probar in situ las nuevas armas desarrolladas y, sobre todo, ansiaba un aumento del gasto militar que les beneficiaba directamente. Las petroleras estaban especialmente interesadas en Iraq, al tiempo que para las farmacéuticas Afganistán era un apetitoso caramelo. Pero, aparte de estos intereses económicos, también es importante destacar el hecho, según Meyssan, de que la supresión de ciertas libertades civiles con la excusa de la lucha contra el terrorismo internacional era algo más que deseable por el gobierno republicano, por lo que pueden ser un nuevo factor que propiciara los ataques. La teoría va más allá: Al-Qaeda, y en especial su cabeza visible, Osama Bin Laden, no eran más que títeres de la CIA, al igual que grupos homólogos al suyo lo habían sido durante la ocupación soviética.

History: Fiction or Science? es una obra del matemático ruso Anatoly Fomenko que se puede complementar con lo expuesto en otro de sus libros sobre historia, Empirico-statistical Analysis of Narrative Material and Its Applications. En ellos Fomenko advierte de que la cronología histórica que habitualmente tomamos como correcta no es demostrable empíricamente, y crea una nueva cronología que acorta la historia de la humanidad a poco más de un milenio. Para él, muchos de los acontecimientos que habitualmente se relacionan con el antiguo Egipto, con Grecia o con Roma, por ejemplo, no son más que los reflejos de hechos históricos ocurridos en la Edad Media. Así, la Guerra de Troya no es más que una deformación de lo ocurrido durante Las Cruzadas. Fomenko, reputado matemático e historiador pésimo, llega al culmen de lo absurdo cuando afirma que la figura histórica de Jesucristo corresponde a la del emperador bizantino Andrónico I Comneno, un tirano cuya muerte ocurrió de manera trágica, siendo humillado y torturado hasta la muerte en medio del jolgorio popular, tal y como ocurrió con muchos monarcas durante el Medievo. Fomenko también afirma que la historia antigua de civilizaciones no mediterráneas como la china o la india no son más que invenciones de los jesuitas que fueron a aquellas tierras a propagar el cristianismo.

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Escritoras del siglo XIX (y VI): Gertrudis Gómez de Avellaneda

AutorGabriella Campbell el 8 de julio de 2011 en Divulgación

Gertrudis Gómez de Avellaneda

Incluir a Gertrudis en esta serie de escritoras españolas tal vez no sea del todo correcto, debido a que se trata de una mujer de origen cubano. Pero la escritora Gómez de Avellaneda pasó gran parte de su vida en nuestro país, y fue aquí donde produjo sus obras más conocidas. Gozaba de gran popularidad en España y ésta era, para ella, su segunda patria.

Cuando hablamos de escritoras del siglo XIX, inevitablemente hablamos de mujeres de vidas atormentadas y terribles. Aunque, en cierta forma, éste parece ser un requisito fundamental para triunfar en el ámbito literario decimonónico, podría parecer que la producción de obras grandes se basaba sobre todo en la necesidad de desahogo de vidas muy alejadas de la felicidad. Gertrudis vivió varios intensos amores no correspondidos, y perdió a su hija cuando ésta contaba con tan sólo siete meses de edad (fue, además, madre soltera, algo casi inconcebible para su tiempo). Es interesante destacar que Gertrudis era de familia noble, al igual que Emilia Pardo Bazán. Podría deducirse que la mujer de origen aristocrático tenía una oportunidad superior en lo que se refiere a la educación, y cierta libertad en lo que a situación social se refiere, tal vez cierta libertad de la que no gozaban otras mujeres de condición menor.

De Gertrudis se sabe bastante, gracias a una autobiografía en formato epistolar que envió al que seguramente fue el amor de su vida, Ignacio de Cepeda y Alcalde. Escribió a Ignacio con dos condiciones: “Primera: que el fuego devore este papel inmediatamente que sea leído. Segunda: que nadie más que usted en el mundo tenga noticias de que ha existido”, condiciones que, obviamente, no se cumplieron. Como tantos otros escritores del momento, no se limitó a un solo género, cultivando drama, novela y ensayo, pero es por la poesía por la que se le conocía en su época y por la que se le recuerda hoy en día, sobre todo por la lírica mística a la que se dedicó al final de su vida. Es también digna de mención su novela Sab, considerada por algunos como novela abolicionista, y por otros como un retrato de la Cuba que había conocido.

Es interesante que la valoración de Gómez de Avellaneda por parte de críticos y escritores de su tiempo suela coincidir en un punto importante: de ella se dijo que no era poetisa, sino poeta, debido a características de su lírica, y de su obra en general, que solían atribuirse a escritores masculinos. La fuerza de sus versos y el tratamiento sobrio de sus emociones la situaban, para sus lectores, junto con los grandes hombres del Romanticismo, lejos del sentimentalismo de sus contemporáneas. Gertrudis aprovecha su calidad “varonil”, huyendo de la habitual discriminación de los círculos literarios que frecuentaba, usando diversos pseudónimos masculinos. De ella dijo su amigo Nicasio Gallego: “Todo en sus cantos es nervioso y varonil; así cuesta trabajo persuadirse que no son obra de un escritor de otro sexo”. Fue Gertrudis una criatura camaleónica, adaptada a su ambiente, a quien la desgracia personal no hizo sino fortalecerse, para terminar convirtiéndose en una de las figuras estrella no sólo de la literatura romántica cubana, sino también de la española.

Leyendo en voz alta

AutorGabriella Campbell el 7 de julio de 2011 en Divulgación

Leer en voz alta

Durante muchísimo tiempo se nos ha hablado de los beneficios de leer en voz alta. Todos recordamos cómo, en el colegio, leíamos por turnos, pero el mayor placer nos lo proporcionaban los momentos en que nos leían nuestros padres y familiares. Los especialistas recomiendan que se lea en voz alta a los niños (y cuantas más personas diferentes lo hagan, mejor, para que puedan tener varios modelos de lenguaje), lo que mejora su uso de la lengua, su vocabulario, su conocimiento del lenguaje escrito y su interés por la lectura en general (aparte de los conocimientos que puedan adquirir del contenido de lo que se les lee). Se recomienda que dicha lectura se produzca también en el entorno escolar, por parte del profesor o profesora hacia los alumnos. Y no sólo en lo que se refiere a niños, los profesores de idiomas han descubierto que leer en voz alta a alumnos adultos es igual de beneficioso, debido a que ayuda a sus estudiantes a reconocer patrones del lenguaje y a enriquecer su léxico.

Parece ser que con el apretado currículo de la mayoría de las aulas pocos profesores tienen ya tiempo para dedicarse a la lectura en voz alta. Más allá de lo que se considera estrictamente necesario (el fomento de la lectura en niños que todavía están aprendiendo a leer), llega un momento en que los docentes ya no consideran que la lectura en voz alta sea un estímulo necesario para sus alumnos, a partir de cierta edad. Sin embargo, muchos profesores (incluso profesores universitarios) están redescubriendo las ventajas de este tipo de actividad. En lo que a la lectura se refiere, nunca dejamos de aprender, somos siempre lectores en prácticas, debido a que el proceso de aprendizaje asociado a este acto es ilimitado. Así, algunas universidades (como, por ejemplo, Oxford) crean sesiones de lectura para sus alumnos, que les ayudan a relajarse y a reavivar la capacidad imaginativa y la pasión por los libros.

Además, parece ser que la afición por la lectura a viva voz va bastante más allá de la enseñanza. El grupo británico The Reader Organisation hace apología del poder social de la lectura compartida, organizando visitas a residencias de mayores, centros de acogida, hospitales, etc., simplemente para leerle a personas que pueden beneficiarse no sólo de la compañía, sino del acto de leer. Algunos estudios apuntan hacia los beneficios de la lectura en la recuperación de pacientes, pero aparte de esto la organización también lleva sus libros, cuidadosamente seleccionados, a zonas deprimidas donde prima el analfabetismo. Y esto no es todo. Una sencilla búsqueda por Internet revela una comunidad creciente de personas que leen no sólo a sus hijos, sino a sus parejas. Antes de dormir como medio de relajación; durante el día, algún párrafo de un artículo o un poema suelto; o mientras uno de los dos conduce y el otro hace de copiloto, para mantener al conductor entretenido. Parece ser que este acto, sencillo pero entretenido, crea un vínculo especial y afianza los lazos de pareja. El acto de leer se convierte en una actividad compartida, interactiva, preparado para ser disfrutado junto a las personas a las que más queremos. Y si nos apetece leer en voz alta y no hay nadie para escucharnos, siempre podemos recurrir a un perro, que por lo visto son excelentes compañeros de lectura, ya que escuchan sin ningún tipo de prejuicio o crítica y, como señalan en The Guardian, se están utilizando en la actualidad en varios centros educativos para ayudar a niños tímidos o con problemas de aprendizaje a mejor sus habilidades lectoras.

Marinero en tierra, a subasta

AutorAlfredo Álamo el 6 de julio de 2011 en Noticias

Rafael Alberti

De la obra de Rafael Alberti, Marinero en tierra es con toda seguridad el libro que define su estilo y caracteriza temas y recuerdos. Con él ganó el Premio Nacional de Literatura gracias a su cancionero popular pasado por el tamiz personal del genial poeta gaditano.

Pues bien, en poco tiempo se realizará una subasta de un manuscrito original de Alberti, no de una primera edición, no, del libro escrito de su puño y letra en una copia que realizó en 1930, y contiene más texto que la edición de 1925, posiblemente revisiones y notas a la edición original.

Aunque es cierto que me encantan los libros bien editados y alguna vez he pagado por alguno más de lo que me podía permitir, sigo sin comprender el fetichismo por este tipo de obras. Creo que el valor que poseen debería ser el de estudio y archivo, muy interesante para analizar la vida y obra del poeta, pero cuyo valor económico no debería ser alto, cosa que, al menos en este caso, no parece que vaya a ser así.

Así que ya sabéis, en el caso de que os sobren unos 150.000 euros y seáis unos verdaderos fanáticos de Rafael Alberti, os podéis pasar por Madrid del 6 al 7 de julio y permitiros un capricho en forma de pedazo de vida de un artista desaparecido. En caso contrario, os dejamos aquí uno de los fragmentos más famosos de Marinero en tierra, cuyos versos son conocidos en todo el mundo.

Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!

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El mundo, un poema gigante

AutorVíctor Miguel Gallardo el 5 de julio de 2011 en Noticias

Granada ha sido una de las seis ciudades españolas que este año se han sumado al proyecto “El mundo, un poema gigante“, y la que lo ha hecho de forma más espectacular. En el marco incomparable del bosque que circunda el conjunto monumental de la Alhambra y el Generalife, más concretamente en la Puerta de las Granadas, la puerta de acceso a dicho bosque y al monumento más visitado de España más cercana al centro de la ciudad, se ha desplegado una lona de 130 metros de longitud que docenas de personas han llenado con versos que hablan de paz, justicia e igualdad. El primero en hacerlo ha sido el barcelonés Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco, que es hijo predilecto de la Comunidad Autónoma Andaluza y cuya vida y carrera han estado vinculadas estrechamente a la ciudad de Granada y a su universidad. Los versos que Mayor Zaragoza escribió en el descomunal lienzo en blanco fueron “Desde Granada, todos los colores, todas las palabras y una voz clara“, versos que fueron seguidos por otros muchos hasta completar el poema.

El mundo, un poema gigante

El proyecto “El mundo, un poema gigante” no es nuevo: se inició en México hace cuatro años, siendo el de Granada el trigésimo poema que se escribe de forma conjunta. En total estamos hablando de más de 90.000 personas que han participado en estos cuatro años, y de poemas escritos en 34 idiomas diferentes, una buena muestra de que los objetivos solidarios y de concienciación del proyecto se van cumpliendo poco a poco y de forma más que llamativa. Lo principal que se busca es fomentar el diálogo, la comprensión entre distintas realidades culturales y el entendimiento ya no sólo entre culturas y civilizaciones, sino entre las personas. Las ciudades que durante estos años han participado son muy variopintas: desde grandes urbes como Praga, Ciudad de México, Madrid o Barcelona a ciudades medianas como Granada o pequeñas localidades como Icod de los Vinos, localidad canaria de la isla de Tenerife.

En Granada Mayor Zaragoza ha manifestado que existen hoy día muchos disparates gigantescos, considerando oportuno hacer un poema gigante “que hable de valores, de la justicia, de la igualdad, y sobre todo de la igual dignidad de todos los seres humanos”. También estaba presente el creador del proyecto, Ángel Arenas Haro, un albaceteño de Villarrobledo que, pese a su juventud, puede presumir de tener en sus espaldas un gran bagaje de proyectos solidarios en los que desde hace tiempo colaboran docenas de instituciones tales como Unesco, AECID o el Instituto Cervantes.Aparte de “El mundo, un poema gigante” también es el responsable del “International Ecoart Festival”, “El banco de la sabiduría popular” o “Emprendescuela”.

Fallece Isabel Salueña

AutorVíctor Miguel Gallardo el 4 de julio de 2011 en Noticias

A muchos lectores actuales el nombre de Isabel Salueña no les sonará de nada. Y si recurren a los lugares habituales de la world wide web para buscar información se llevarán una sorpresa: ni siquiera tiene referencias en Wikipedia. Y lo que no está en Wikipedia, desgraciadamente, parece que no existe.

Pues Isabel Salueña, que murió recientemente a los 84 años de edad y después de una convalecencia causada por un cáncer, existió, vaya que si lo hizo: estamos hablando de una de las escritoras más leídas de los años 60 y 70 en España, y desde luego de una de las más prolíficas, contando en su haber la friolera de más de medio millar de obras. Sí, más de 500 libros, han leído bien. En realidad, de casi 600 libros publicados a lo largo de aproximadamente dos décadas, lo que da una media de más de dos obras al mes. No siempre fue así: llegó a entregar a Bruguera, la editorial para la que trabajaba, cuatro libros al mes.

Novela de Isabel Salueña

Isabel Salueña, a estas alturas ya muchos habrán atado cabos, era autora de “bolsilibros”, esos libros de pequeño formato que “enseñaron” a leer a toda una generación de españoles. Los bolsilibros tocaban gran cantidad de géneros, siendo especialmente famosos los “westerns” (¿quién no ha tenido en sus manos una obra de Marcial Lafuente Estefanía?), los de terror (con Ralph Barby, perdón, Rafael Barberán como máximo exponente y casi mil libros salidos de su fecunda imaginación), los de ciencia ficción (con Ángel Torres Quesada, alias A. Thorkent, por ejemplo) y, por supuesto, los enfocados al público femenino, no menos populares, por cierto, y cuya autora más popular, que no la única, fue Corín Tellado. Tellado es la segunda autora más leída en idioma español, sólo por detrás de Miguel de Cervantes, y según muchos la más vendida de la historia. Con casi 4000 títulos a sus espaldas (el número no es una errata: cuatro mil obras publicó esta autora asturiana) también debe ser la más prolífica de nuestras letras.

Salueña, al igual que Tellado, publicó novela “rosa”. Empezó a escribir más tarde (Tellado publicó por primera vez en 1946) y lo dejó mucho antes, en los años 70 (Tellado, fallecida en 2009, siguió publicando hasta dos o tres años antes de su muerte). Al contrario que Tellado, que solía escribir sobre mujeres corrientes de su tiempo, Salueña hizo lo que muchas otras autoras: situar la acción en lugares remotos y exóticos, y convertir en protagonistas a mujeres “especiales”. Con la llegada de la democracia los gustos de las lectoras cambiaron radicalmente: Tellado no tuvo ningún problema en seguir siendo del gusto del público, pero a Salueña sus editores le pidieron que cambiara sus planteamientos para adaptarse a los nuevos tiempos, algo a lo que ella no estuvo dispuesta.

Cada vez quedan menos autores de bolsilibros con vida. No es una afirmación catastrofista, es simple ley de vida. Tal vez deberíamos, ahora que todavía estamos a tiempo, concederles a estos autores el reconocimiento que se merecen. Después de todo, a Corín Tellado le dieron la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 1998, ya anciana y después de toda una vida entregada a su profesión. En otras ocupaciones las autoridades no tardan ochenta años en felicitar públicamente a quien lo merece.

Conspira que algo queda (III)

AutorVíctor Miguel Gallardo el 3 de julio de 2011 en Divulgación

From Hell

Seguimos con el repaso a esos libros que han ayudado a la difusión de las teorías de la conspiración más conocidas, algunas de ellas (hoy hay buenos ejemplos) sencillamente hilarantes.

Earth not a globe fue un tratado de 1881 firmado por Samuel Birley Rowbotham. Inicialmente no fue más que un panfleto de dieciséis páginas, pero Rowbotham lo reescribió, dando lugar a una obra de casi quinientas. Sus teorías acerca de que la Tierra en realidad es plana tuvieron alguna difusión mientras él vivió, siendo su Astronomía Zetética, tal y como él la llamó, motivo de disputa con algunos importantes científicos de su tiempo. Tras su muerte la Astronomía Zetética siguió ganando adeptos, aunque vivió un período de decadencia tras la Gran Guerra. La carrera espacial mostró fotos por primera vez de nuestro planeta desde el espacio, aunque los zetéticos seguían afirmando que la Tierra en esas fotos parecía redonda porque los observadores no tenían el ojo bien entrenado (sic). Los zetéticos fueron uno de los grupos que manifestaron públicamente que la llegada del hombre a la Luna fue un montaje, un rodaje de Hollywood basándose en un guión del escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke (años más tarde Clarke, jocosamente, se quejó de no haber visto ningún dinero por tan importante trabajo). A partir de los años 70 los zetéticos se multiplicaron, y todavía hoy afirman que la tierra es un disco plano, rodeado por una muralla de casi cincuenta metros de hielo, cuyo centro es el Polo Norte. Han llegado a afirmar que la bandera de las Naciones Unidas, que muestra un planeta con esa forma, es una prueba palpable de que las altas esferas saben de sobra que la esfericidad de la Tierra es un gran engaño.

Jack the Ripper: The Final Solution, de Stephen Knight, fue publicado en 1976, y arrojaba un poco de luz sobre algunos de los crímenes del famoso (y anónimo) asesino en serie Jack el Destripador. Eso sí, lo hacía a costa de elaborar una alucinante teoría que implicaba al popular pintor inglés nacido en Alemania Walter Sickert, a sociedades francmasónicas y a la familia real británica. Según Knight, los asesinatos se cometieron para encubrir un matrimonio secreto del hijo primogénito del príncipe de Gales (y por tanto heredero a la Corona), Alberto Víctor de Sajonia-Coburgo-Gotha, y una chica católica. Fue precisamente el supuesto nieto de ésta, Joseph Gorman, que también aseguraba ser hijo ilegítimo de Sickert (que sería el que le habría contado en primera instancia la historia) el principal testimonio en el que basó Knight su libro, todo a raíz de un exitoso docu-drama emitido en la televisión británica. El libro causó gran impacto, y ha calado en el imaginario popular gracias a múltiples versiones que incluyen la popular novela gráfica de Alan Moore, llevada después al cine, titulada From Hell. Sin embargo, Gorman acabó retractándose de todas sus afirmaciones, lo que invalida totalmente las teorías de Knight. Pero el mal ya estaba hecho, y la implicación del heredero al trono ya es tomada como cierta por gran parte de la sociedad británica. La complicada vida secreta del príncipe tampoco ayuda: murió supuestamente por una neumonía, pero para muchos realmente no fue sino víctima de uno de los estadios finales de la sífilis. Se ha llegado a afirmar que contrajo dicha enfermedad en las Antillas, pero otras teorías aún más inverosímiles hablan de que Alberto Víctor enfermó de sífilis después de una visita a un burdel homosexual londinense.

Escritoras del siglo XIX (V): Cecilia Böhl de Faber

AutorGabriella Campbell el 2 de julio de 2011 en Divulgación

Cecilia Böhl de Faber

Si no le suena el nombre de Cecilia Böhl de Faber y Larrea, es posible que le sea más familiar el seudónimo con el que habitualmente escribía: Fernán Caballero. La vida de Cecilia no fue más sosegada que la de las otras escritoras de las que ya hemos hablado: enviudó ni más ni menos que tres veces, vivió en diferentes países (nacida en Suiza, habitó en España, Alemania y Puerto Rico), sin, al parecer, conseguir llegar a aposentarse. Murió en la pobreza, ya que en la Revolución de 1868 perdió lo único que le quedaba, una vivienda cedida por Isabel II, quien la tenía en alta estima.

Con su novela La gaviota, apareció en España el costumbrismo, y traía rumores de lo que estaba por llegar, la novela realista y naturalista, en definitiva, la novela moderna, adornada de prosa romántica. Cecilia bebía de fuentes extranjeras, no en vano podía leer en francés, inglés, alemán e italiano. Su excelente educación, poco habitual (como ya hemos comentado hasta la saciedad) para una mujer de su época, se debía sobre todo a la influencia de sus padres. Su madre era escritora, traductora y anfitriona de una de las tertulias gaditanas más conocidas de su tiempo. Su padre era un gran amante del teatro clásico español, y no puso obstáculos a su hija ni impidió su formación. Cecilia bebió de su amor por los libros, del mismo modo que bebió de su formación tradicional: su novela hace apología de las enseñanzas cristianas y pretende ofrecer moralejas acerca de la resignación cristiana, la caridad y la humildad. Su intención moralista se ve reflejada sobre todo en su relato breve, en sus cuentos pretende analizar los males de su sociedad, ofreciendo soluciones maniqueístas y clásicas, eluyendo, pese a su condición ya revolucionaria de escritora, cualquier tipo de rebelión en sus letras.

Su seudónimo parece responder a una clarísima condición de inferioridad, de mujer que se sabe por debajo de las posibilidades de prestigio de la literatura de su época, de hecho rechaza la Cruz de Leopoldo (por su obra Relaciones Populares), debido a que, según ella, “es una señora y no un hombre”. Todavía no nos queda muy claro si ésta es una reivindicación de individualidad o de inferioridad. En cualquier caso, al hablar de Cecilia Böhl de Faber siempre es interesante contrastar un evidente interés por el pueblo, por la vivencia costumbrista, frente a una educación elitista y tradicional. La práctica de Cecilia es siempre dentro del más estricto catolicismo y de la más estricta moralidad, frente a un materialismo que dominaba la literatura europea y que influye, aun a su pesar, en las obras de su época y, por supuesto, en las suyas. Hablar del XIX español es complejo, pero hablar, en este cabo, de una mujer de educación y comportamiento aristócrata, que intentaba escribir dentro del género de la nueva burguesía y la nueva revolución moral y religiosa, es de una complejidad absoluta. Tomar la pluma siendo del género, la clase y el entorno equivocado es, cuanto menos, atrevido. Aun así, dentro de las limitaciones propias de su formación, se convierte en una de las muy escasas mujeres realistas de nuestro extraño XIX, siempre luchando entre las revelaciones filosóficas y políticas europeas y la realidad conservadora de su época española.

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Adopta un ebook, salva un libro

AutorAlfredo Álamo el 1 de julio de 2011 en Noticias

Digitalizando libros

Inmersos como estamos en el mundo de los derechos de autor y los libros digitales siempre es reconfortante ver cómo el amor por los libros y las nuevas tecnologías se pueden, no sólo complementar, sino que empiezan a disfrutar de una relación casi simbiótica.

Nos llega a este respecto una noticia desde la India: se ha puesto en marcha una iniciativa para preservar antiguos manuscritos y literatura descatalogada a través de la digitalización. Tienen tanto material sobre el que trabajar que han decidido atraer al gran público a este proyecto mediante un sistema de adopción.

La literatura india en lenguas que no sean el inglés -idioma al que se recurre desde hace tiempo como elección de modernidad- tiene una tradición milenaria, y además tienen un buen montón de dialectos sobre los que trabajar. La gente de Bookganga, que son los que han montado este proyecto, van a comenzar con los escritos Marathi y de ahí irán hacia delante.

Esta iniciativa, en la que usuarios privados pagan un pequeño precio por cada libro que adoptan, viene a complementar la actividad de instituciones indias que siguen un camino similar, solo que a un ritmo y prioridades muy diferentes. Es posible que con este proyecto consigan un empujón importante a la hora de preservar gran parte de su legado cultural.

En España y Europa se vienen realizando programas de digitalización a nivel institucional desde hace varios años y tenemos excelentes portales donde acceder a miles de obras. Un ejemplo claro sería la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes o, añadiendo además obras de arte o música, Europeana, un portal imprescindible para todos los amantes de la cultura, así como la Biblioteca Digital Mundial.