Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

113.493 libros, 24.683 autores y 95.072 usuarios registrados

¿Debe la cultura ser gratuita?

AutorAlfredo Álamo el 27 de diciembre de 2011 en Opinión

Cultura libre y gratuita

La respuesta a la pregunta que da título al artículo no debería suponer un esfuerzo para toda persona de bien: En las condiciones adecuadas la cultura siempre debe ser gratuita. No sólo eso, debería ser, además, libre. Libre para ser copiada, transmitida, modificada, usada, denostada, ensalzada, mordida, digerida y gastada. Todo siempre, y este es el punto importante, en las condiciones adecuadas.

Sostener que la cultura debe ser onerosa, que hay que pagar por ella sí o sí, sólo puede responder a intereses puramente personales. Pensemos de manera utópica durante unos segundos, ¿no sería maravilloso un mundo en el que toda forma artística, todo conocimiento, estuviera al alcance de nuestras manos con tan sólo quererlo? ¿Acaso se banalizaría la cultura por disponer de un acceso universal y gratuito a ella?

Sin embargo, no estamos en un mundo utópico. La cultura conlleva un coste de creación, no se genera de manera espontánea, aunque a muchos pueda parecerles que el acto creativo no requiera dificultad o esfuerzo. Siempre hay un gasto, aunque no contemos con los entresijos editoriales que hacen que una obra se defina, perfeccione y llegue a nuestras manos de la mejor manera posible, el gasto personal existe y suele ser más grande de lo que pensamos.

Hasta ahora los autores, los creadores, permitidme que hable de los escritores en concreto, reciben un porcentaje por libro vendido, tradicionalmente establecido en un 8 o un 10 por ciento. Con esta premisa no es tan raro que pocos autores clamen al cielo por lo caro de sus libros y también pocos vean con buenos ojos los precios bajos que se reclaman por los ebooks. Ese, más el anticipo, calculado en base a tirada y prestigio, es el maná con el que las editoriales llevan décadas alimentando a los escritores. No me malinterpretéis, es un negocio cómodo para el escritor, que se desentiende de prácticamente el resto del proceso editorial. Ni márketing, ni organizar giras, ni preocuparse de portadistas, correctores o distribuidores. Nada de nada. Es lógico entonces que cuando el sistema se tambalea y las cosas cambian, los propios escritores se asusten al ver amenazado un modo de vida que ha demostrado su solvencia.

O, al menos, eso es lo que nos cuentan los escritores que viven de sus libros. Si hiciésemos un listado de escritores y nos fijáramos en los que única y exclusivamente viven de sus libros con este sistema nos daríamos cuenta de que son muy pocos, una élite de gran éxito, éxito conseguido por sus medios y valía, que conste, pero que no pueden ser representativos de la mayoría.

¿Y qué le parece a esa mayoría? Bueno, para qué engañarnos, a mi me encantaría dedicarme sólo a escribir, mandar un correo electrónico a mi editor y olvidarme hasta cobrar el cheque. Pertenecer al olimpo literario es una aspiración llena de glamour, vivir bajo los focos, ser conocido, popular… el masaje de ego que todo escritor necesita amplificado por mil. Ahora, tampoco pasa nada por combinar trabajo y literatura, sobre todo, en mi caso, por ejemplo, si mi trabajo, o trabajos, están dentro de ese «mundo literario» (talleres, charlas, artículos). Otros autores, por ejemplo, son muy felices siendo químicos, ingenieros, arquitectos, periodistas o músicos, además de escritores, aunque no siempre se tiene esa suerte (no ya que te guste el trabajo, sino, simplemente, tener uno).

Pues bien, la cultura en un mundo ideal sería gratuita, y la literatura, en el mundo que nos ha tocado vivir, no lo es. Sin embargo, parece que en el futuro es más que probable que el sistema actual de producción y venta de libros cambie, si a mejor o a peor, no se sabe, lo que está claro es que va a ser mucho más grande y más barato. ¿Se repartirá más el dinero en una base amplia y menos en una élite? ¿Se creará una nueva élite que ganará mucho más dinero? ¿Se agruparán los autores para pagar servicios editoriales al margen de las grandes empresas? ¿Conseguirán desde las editoriales controlar las descargas y el modo de consumo al que nos dirigimos?

Todo son preguntas a las que no tengo respuesta, y sé que vosotros, lectores, escritores, libreros, editores, tenéis más preguntas todavía. Creo que es el momento de comenzar a dialogar, de conocer más vuestras inquietudes y propuestas. Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

Kitchen, de Banana Yoshimoto

AutorRaquel Vallés el 26 de diciembre de 2011 en Reseñas

Kitchen - Banana Yoshimoto

Kitchen fue el primer libro escrito por Banana Yoshimoto, escritora japonesa que ya nos ha visitado en blog unas cuantas veces. Con este libro Yoshimoto consiguió un gran éxito con más de cincuenta ediciones, un par de películas y multitud de premios, convirtiéndose así, en uno de los estandartes de la nueva literatura contemporánea japonesa. Esta historia, muy breve, va acompañada en muchas ediciones de otro relato, Moonlight Shadow. La prosa de Yoshimoto es engañosamente sencilla, directa, al igual que sus historias, contadas en primera persona.

En Kitchen la protagonista es una joven japonesa que debe enfrentarse a la pérdida de un ser querido. Mikage, se encuentra sola tres la muerte de su abuela, la mujer que la ha criado, y encuentra refugio en la casa de Yuichi, un chico de su edad, que hizo amistad con su abuela.

Yuichi y su madre, Eriko, forman una curiosa familia. Eriko, una mujer espectacular, es en realidad, el padre de Yuichi; tras la muerte de la madre biológica de Yuichi, el amor de su vida, decidió adoptar el papel de madre con todas sus consecuencias. Eriko trabaja en un bar de transexuales y, a pesar de que su vida nocturna hace que no la vean mucho, la vida de los dos jóvenes gira entorno a ella. Mikage siempre se ha encontrado cómoda en las cocinas. Limpiándolas, cocinando en ellas encuentra una paz y una seguridad que le niega el mundo (la muerte de sus padres, la de su abuela). En casa de los Tabane, en su cocina y en su desordenado modo de vida, consigue encontrar el impulso para seguir adelante. La modernidad, los electrodomésticos que sin parar compra Eriko, la propia vida de Eriko y la independencia que busca Mikage, contrastan con el sentir tradicional de cocinar, el ritmo lento de la cocción.

Cuando parece que su vida, ya fuera del refugio que habían supuesto los Tabane, empieza a enderezarse, rodeada de cocinas y de recetas, una nueva muerte le lleva a volver a coger impulso, a replantearse su vida.

En Moonlight Shadow, Satsuki vive conmocionada por la muerte de su novio en un accidente de coche, una muerte súbita que le impide seguir adelante. El encuentro con una mujer, Urara, le brindará la oportunidad de pasar página.

Como vemos, nuevamente Banana Yoshimoto, como en NP o en Sueño profundo, nos cuenta la historia de una joven mujer que debe enfrentarse a un trauma que la ha sumido en un estado de inercia y consigue hacerlo tan bien y con protagonistas tan curiosos, que no nos importa que nos esté contando la misma historia.

Autores relacionados Autores relacionados:
Banana Yoshimoto
Libros relacionados Libros relacionados:
Kitchen

Cómo se hace un libro (IV): La importancia del catálogo

AutorVíctor Miguel Gallardo el 25 de diciembre de 2011 en Divulgación

Libros - Catálogo

Una de las razones más comunes que tiene un editor para rechazar un original es argüir que no encaja en el catálogo de la editorial. A los escritores les puede sonar a excusa, y si bien es cierto que a veces se recurre a este tópico ya no sólo para no herir la susceptibilidad del autor dando las verdaderas razones sino también para ahorrar tiempo en la explicación, lo cierto es que la importancia del catálogo, y la sutileza en su confección, es fundamental. No estamos hablando de enviar un libro de cocina a una editorial especializada en textos técnicos de arquitectura, sino de algo más complejo. Aunque el autor no sea consciente y crea que su obra “encaja”, ha de tener en cuenta que las editoriales planifican minuciosamente su fondo editorial. Aunque un libro de sonetos y otro que usa rima libre sean poesía, ambos difícilmente podrían estar juntos en una colección que haya sido meticulosamente planeada. En una colección de novela, por poner otro ejemplo, tal vez se hayan fijado unos estándares de calidad (no sólo temáticos o de extensión) que el original recibido no cumpla. Lo cual no quiere decir que la novela sea mala: simplemente no encaja en el catálogo de esa editorial en concreto.

Existen editoriales, sobre todo las grandes, con catálogos muy amplios y en los que cabe prácticamente todo, pero en las pequeñas y medianas los catálogos tienen una coherencia interna que, aunque es difícil de observar desde el exterior, existe. Los libros de dicho catálogo, para el editor, forman un conjunto y guardan relación entre sí, aunque dicha relación parezca vaga.

Los catálogos, por otra parte, nunca pueden estar parados: por un lado, las novedades han de ser lo suficientemente interesantes y, a la vez, mantener el nivel de calidad del resto de títulos. Los libros antiguos que se siguen vendiendo bien o que dan prestigio a la editorial se deben reeditar, evitando que lleguen a agotarse completamente ya que esto dificultaría volver a colocarlos en distribuidoras y librerías. La calidad del fondo editorial es, pues, esencial, y en tiempos de crisis como los que vivimos un buen fondo puede suponer un soplo de aire para las editoriales (no hay que olvidar que las reediciones son mucho más baratas).

La estructuración del catálogo en colecciones, a veces cada una con un director que es el que propone y supervisa los títulos, es otro detalle a tener en cuenta para que la coherencia no se pierda. La inclusión de un índice para facilitar a librerías y eventuales lectores la localización de los libros deseados también es fundamental. Los catálogos, ahora mismo, deberían estar disponibles por completo a través de Internet, aunque no todas las editoriales han comprendido la importancia de estar presentes en la red.

Cómo se hace un libro (III): El inicio del proyecto editorial

AutorVíctor Miguel Gallardo el 24 de diciembre de 2011 en Divulgación

Proyecto

Aunque a lo largo del proceso de elaboración de un libro el editor puede llegar a introducir modificaciones de casi cualquier tipo, hay una serie de elementos que ha de tener planificados de antemano. Lo principal es conocer la expectativa que el título que se planea publicar generará en el mercado, si responde a una demanda real o no, cuál es el público objetivo (o target), así como detalles técnicos tales como el formato de publicación o el precio de comercialización. Una vez solucionadas ciertas problemáticas junto a los responsables de marketing y de producción, se pasaría a la negociación con el autor, firmando un contrato, estableciendo cuáles serán las regalías y los adelantos de derechos y, por supuesto, fijando una fecha tope (en el caso de los libros por encargo) para la entrega del material, así como determinar la extensión que tendrá.

Por otra parte, muchos autores, sobre todo los noveles, no son conscientes de que la presentación de originales completos no es a veces lo más apropiado, sobre todo en ciertas editoriales. Es lógico pensar que una editorial, para que valore una novela, debe tener esta ya finalizada en sus manos, pero ¿no es igualmente razonable darse cuenta de que en editoriales de pequeño y mediano que no cuentan con personal específicamente empleado para la lectura y valoración sería mejor ponerles las cosas más fáciles? El autor haría bien en dejar su original bien guardado y redactar una presentación de su obra más o menos detallada. La más simple podría reducirse a una sinopsis y una pequeña parte del texto (un par de capítulos, por ejemplo), material más que suficiente para que el editor se haga una idea de la obra. Si a la sinopsis general y al texto de ejemplo añadimos una escueta sinopsis de cada capítulo, una evaluación del público al que va dirigido (argumentando las razones por las que será atractiva la obra) e incluso una DAFO en la que pormenorizar las fortalezas y debilidades respecto a otros libros publicados, mejor que mejor.

Cuando el original (o la propuesta de hacer cierto libro) llega al editor nos podemos encontrar con un problema: aunque se presupone en él una cultura general amplia, puede que el tema tratado, sobre todo cuando hablamos de ensayos, no le sea siquiera familiar. No obstante, cualquier editor con cierta experiencia debería ser capaz de valorar el interés de la propuesta simplemente formulándose ciertas preguntas básicas acerca de la consistencia lógica de la obra, de la coherencia de su estructura, o de si la información que presenta está fundamentada. En el caso de una novela es tan sencillo como comprobar que la prosa es sólida y el argumento se sostiene, sin olvidar otros factores que harán “vendible” el libro final.

Otro aviso a escritores en ciernes: los editores muchas veces se mueven por instinto, y valoran cada detalle antes de lanzarse a aprobar un libro. La comunicación con el autor es, entonces, un tema peliagudo: un autor que, incluso antes de firmar el contrato, se muestra agresivo, tarda en contestar correos electrónicos (o no coge el teléfono) o es descuidado en la redacción de sus mensajes hará plantearse al editor muchas cosas, y no precisamente buenas a la hora de decidirse finalmente por su obra. En este sentido, y dado que en este punto del proceso es la editorial la que tiene la sartén por el mango, es normal pensar que el escritor ha de ser más permisivo con el editor que viceversa, algo que cambiará una vez se haya formalizado la relación de forma contractual.

Cultura y Ciudad

AutorGabriella Campbell el 23 de diciembre de 2011 en Divulgación

Libros - Ciudad

¿Qué es lo que hace que una ciudad sea “cultural”? ¿Qué es lo que hace que una ciudad tenga fama de intelectual, de culta, más aun, qué es lo que hace que sea una ciudad literaria? En nuestro artículo sobre las ciudades más literarias basado en la selección que realizó National Geographic, descubrimos que las ubicaciones literarias por excelencia eran aquellas que incluían rutas turísticas dedicadas a escritores famosos (algunas más alcohólicas que otras), librerías gigantescas y espectaculares ferias del libro. Pero, si reflexionamos sobre ello, ¿no sería el número de lectores visibles un factor fundamental? ¿De qué sirven las casas-museo de escritores si no hay interés manifiesto de los ciudadanos por la lectura?

Esto es algo que ha tenido muy en cuenta Chris Gilson, un investigador de la London School of Economics, que en un concurso reciente de ideas para la ciudad de Londres expresadas a través de Twitter, sugirió la creación de una red de intercambio de libros en las más de 700 estaciones de tren y de metro que existen en la inmensa urbe londinense. La sugerencia ha tenido una muy buena acogida por parte del alcalde, Boris Johnson, que ha asegurado que se intentará llevar a cabo para coincidir con las Olimpiadas del 2012, que se celebrarán en Londres. Aunque la capital británica ya es, de por sí, una de las ciudades más relevantes del mundo de la literatura, Johnson quiere afianzar su imagen de ciudad lectora animando a los habitantes a intercambiar sus ejemplares, favoreciendo también de esta manera el reciclaje de libros que, de otro modo, podrían acabar en la basura. Debido a las restricciones actuales de los ebooks y sus lectores electrónicos, el acto de compartir sigue siendo un terreno propio del libro en papel, y una red oficial de préstamo social (máxime en un entorno propicio como es el transporte público, lugar de lectura principal para una gran cantidad de viajeros que aprovechan el paréntesis de tiempo que ofrece el tren o el metro para avanzar con una buena obra) impulsaría la ya pujante afición de los londinenses por la lectura en movimiento. La idea no es original: ya existen algunos de estos puestos de intercambio, pero se reducen a tres, y Gilson pretende que todas las estaciones tengan su propio punto de lectura. Esta nueva vida para los libros podría servir de ejemplo para otras grandes ciudades, y por otro lado otorga a esta en concreto una imagen poderosa de cultura y amor por lo literario, muy conveniente para unas Olimpiadas, evento en el que la ciudad anfitriona se halla siempre bajo el más estricto escrutinio. Eso sí, Johnson ha dejado muy claro que la idea se desarrollará siempre que no le cueste ni un penique a los contribuyentes, así que como Gilson no se ponga a reclutar twitteros voluntarios o surja alguna empresa privada que vea alguna forma de rentabilizar el proyecto, es posible que una buena idea se quede simplemente en eso, en una buena idea.

Cómo se hace un libro (II): Las tres elecciones

AutorVíctor Miguel Gallardo el 22 de diciembre de 2011 en Divulgación

Tres elecciones

Tres son las elecciones fundamentales en la génesis de un libro, dos por parte del editor y una del autor.

-¿Cómo seleccionan los editores un libro?

Seamos francos: el libro es un producto y las editoriales son empresas. Por tanto, el principal motivo para que un editor elija un texto y no otro para su publicación son las expectativas de venta. Existen salvedades, por supuesto: algunas pequeñas editoriales (alguna hay, sí) no tienen ánimo de lucro y publican lo que a su editor (que a la sazón también es el que financia) le gusta. Son editores por vocación, que no tienen inconveniente en perder dinero para hacer lo que más les apetece y lanzar al mercado libros que, de otra forma, no se publicarían o lo tendrían francamente difícil. Pero, ¿qué porcentaje de editoriales responden a este patrón? Sin duda estamos hablando de un fenómeno minúsculo. Tampoco son aplicables del todo los criterios racionales de selección de textos a las instituciones (ayuntamientos, fundaciones, diputaciones, etc.), ya que por compromisos u otro tipo de intereses pueden acabar publicándose a través de ellas libros de dudoso interés comercial. Además, existe otro fenómeno, el de las editoriales que se benefician de subvenciones de las administraciones locales y autonómicas. Por poner un ejemplo muy concreto y que sería extrapolable a otras comunidades, en Andalucía existen subvenciones para la edición de libros “de temas andaluces”. Son bastantes las editoriales que hacen negocio con estas subvenciones, dedicándose casi en exclusiva a la publicación de libros que puedan ser subvencionados, ahorrándose así una buena parte de los costes. Pero, por lo general, y en el caso de las editoriales comerciales, se buscará ante todo, a la hora de publicar un libro, una rentabilidad económica siempre y cuando el original recibido encaje dentro de su catálogo.

-¿Cómo eligen los editores a los autores?

En los libros por encargo, los editores han de ser conscientes de qué necesitan, así como los plazos que han de cumplir. Ellos mismos eligen un tema que consideren que tendrá éxito en un futuro inmediato, algo muy habitual sobre todo en ensayos y novelas, y se ponen en contacto con autores de reconocido prestigio intentando atraerlos para firmar un contrato. Ya no estamos hablando solamente de réditos a nivel comercial: a veces para una editorial es más importante contar con un autor prestigioso en el catálogo incluso a sabiendas de que la inversión no vaya a ser rentable a corto plazo. Sin embargo, los fondos editoriales y la creación de catálogos compensados y de larga duración en el tiempo de vida comercial son importantísimos. Como se suele decir, para saber ganar primero hay que saber perder.

-¿Cómo eligen los autores a los editores?

Algo que muchos autores noveles no se plantean siquiera es realizar ellos mismos una criba que les ahorrará tiempo y, por qué no decirlo, dinero. ¿Para qué enviar originales a editoriales que difícilmente estarán interesadas en tu obra? Ciertas editoriales no publican a noveles, eso está claro, y no todas las editoriales publican cualquier obra, sea cual sea la temática. Torpedear a una editorial especializada en libros de cocina con envíos de obras de novela negra es un esfuerzo baldío. En el caso de los autores consagrados esta cuestión ya es totalmente diferente, y elegirán una u otra editorial por el prestigio de la misma, por la calidad de sus ediciones y, tema nada baladí, por la importancia de otros autores de su catálogo.

El lamento del escritor analógico

AutorAlfredo Álamo el 21 de diciembre de 2011 en Opinión

Queja del escritor

Desde luego, llueven los ejemplos de autores reconocidos que parecen algo perdidos al afrontar estos nuevos tiempos de redes sociales y cultura compartida. De grandes literatos a mediocres ensalzados, son numerosos los encontronazos, revueltas, malentendidos y salidas de tono en cuanto nos acercamos de puntillas al espinoso tema de los ebooks.

Los hay que reniegan de su esencia, ya que parece que la literatura se banaliza al mutar de papel a unos y ceros, y luego los hay que se asustan ante una bajada de sus ventas en papel y no tardan en acusar a la descargas fuera del mercado. Ni a la crisis, ni a un libro fallido, ni a que su editorial ya no gasta lo mismo en promoción que antes, no, eso, por lo visto, resulta impensable. Es mejor buscar un chivo expiatorio informe, anónimo, y que por lo tanto, no pueda defenderse. Si se hace todo en base a conjeturas y cavilaciones, mejor que mejor. Es más, puede que ponerse en el disparadero sirva para aquellos autores que se han acostumbrado a vivir de la polémica y conseguir esos minutos extra en radios y televisiones que se les había negado en los últimos tiempos.

Pero seamos serios, la pose gamberra tiene su gracia unas cuantas veces, pero lo que no puede hacer un provocador es quejarse de la respuesta que reciba. Es una lección dolorosa, pero el mundo de las redes sociales no es el de los diarios y revistas de antaño, donde unas declaraciones «audaces» sólo recogían el feedback de unos cuantos amigos y un par de críticos. Ahora hay que tener en cuenta que el diálogo es mucho más amplio, Internet es un altavoz prodigioso, pero el eco es tan poderoso que puede llegar a dejarte sordo.

En cuanto a las descargas digitales, hay que dejar las cosas claras. El parque de ereaders en España, aunque en continuo crecimiento, todavía es ridículo como para afectar de verdad a las ventas de un libro en papel. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una descarga no es un libro leído, ni una venta no realizada. Teniendo en cuenta que en el mundo de las ebooks se descargan archivos con cientos de títulos a la vez, mucho hay que afinar para saber qué novelas pueden resultar afectadas en un futuro. Lo que está claro es que los usuarios de lectores electrónicos quieren usarlos, es de perogrullo, sería interesante para los autores cuyos libros circulan por la red que se preguntaran los motivos por los cuales sus editoriales no los ponen a la venta. ¿Acaso no quieren llegar a todos sus lectores? ¿Acaso no quieren ser leídos?

Es más, creo que ya es hora de que muchos autores dejen el apesebramiento del 10% y comiencen a explorar los nuevos caminos que se abren ante ellos en este momento. Es difícil para un escritor novato, pero los que mantienen una fiel comunidad de seguidores lo tienen mucho más fácil para dar un paso hacia delante y negociar nuevos contratos, dejar de lado a editoriales tradicionales e incluso, para los más valientes, liarse la manta a la cabeza y publicar en solitario.

Nadie ha dicho que sea sencillo, desde luego, nos enfrentamos a un cambio profundo en la industria cultural y va a suponer un reajuste doloroso para los autores ya establecidos y con pocas ganas de actualizarse. Espero que todos, desde los más grandes a los que viven de rentas antiguas, sean capaces de darse cuenta.

Alejandro Dumas y sus recetas de cocina

AutorAlfredo Álamo el 20 de diciembre de 2011 en Divulgación

Diccionario de cocina

A nadie se le escapa que los libros de cocina son un regalo perfecto para Navidad, aunque en muchas ocasiones no sean más que un recopilatorio de fotos bonitas con recetas que te exigen tener en la cocina desde extrañas algas a instrumentos como sifones.

Tampoco es raro regalar ediciones curiosas de grandes autores clásicos de la literatura y son muchas las editoriales que realizan un gran trabajo de documentación buscando obras poco o nada editadas en castellano y que puedan resultar de interés. Pues bien, uniendo estos dos preceptos de la obra perfecta para regalar en fiestas, nos encontramos con un libro de lo más curioso, el Diccionario gastronómico de Alejandro Dumas (padre).

Desde luego, la figura de Dumas parece fuente de inagotables anécdotas, que todavía hoy resultan frescas y sorprendentes. Dumas, autor -con o sin «ayuda»- fue el responsable de innumerables folletines hoy ensalzados como clásicos literarios, como Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo, pero no hay que olvidar sus libros históricos, de viaje o incluso periodísticos. Que Dumas era un personaje más grande que la vida también es cierto, se enriqueció varias veces, lo perdió todo, se compró una mansión a las afueras de París y al final tuvo que esconderse en casa de su hijo mientras los acreedores le daban caza. Mujeriego, provocador y bon-vivant, el autor francés fue toda una estrella de su época.

Aunque su padre fue un general del ejército francés, su abuelo trabajó como maître del Duque de Orleans y se ve que esa curiosidad por la cocina se le metió en la sangre y aprovechaba siempre que podía para pasar un rato entre fogones. Es más, su fama como conocedor de la cocina francesa era la comidilla entre otros autores de la época como Bouilhet o Flaubert; se decía que incluso pagaba en el hotel que se alojaba en París para que le dejaran hacer sus pinitos en la cocina.

El Diccionario gastronómico que comenzó a escribir en 1858 es fruto de esa pasión, aunque casi serviría como remate a su obra, once años más tarde, poco antes de morir. Que nadie se engañe, esta no es una obra que se tomara a la ligera y tampoco es un recetario basado en sus obras. Es un libro de cocina que combina también la pasión de Dumas por las anécdotas, por las increíbles historias escritas y vividas a lo largo de su vida. Un libro a todas luces diferente que la editorial Gadir recupera para el disfrute de todos los amantes de la cocina, la historia y los grandes autores.

Autores relacionados Autores relacionados:
Alejandro Dumas
Libros relacionados Libros relacionados:
Diccionario de cocina

Los libros de Lecturalia en 2011 (y V)

AutorGabriella Campbell el 19 de diciembre de 2011 en Noticias

Método - Juli Zeh

Seguimos con nuestra lista particular de libros favoritos. Como en el artículo anterior, hemos preguntado a diferentes profesionales del mundo de la literatura para conocer sus recomendaciones acerca de los títulos que más les han llamado la atención de este año que termina. En esta ocasión, tenemos la aportación de Javier Ruescas, escritor de novela juvenil, conocido por obras como Tempus fugit o Los cuentos de Bereth, y del traductor Manuel de los Reyes, que ha adaptado a nuestro idioma obras tan conocidas como La chica mecánica de Bacigalupi o El rebaño ciego, de John Brunner.

Javier nos ha confeccionado una lista ambientada, sobre todo, en el género en el que se especializa. Encabeza su lista La sombra de la luna, de José Antonio Cotrina, obra de la que dice: “en mi opinión, un desenlace épico para una de las mejores sagas que ha dado el género juvenil fantástico español”. Por otro lado, también menciona Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea, de Annabel Pitcher, “un conmovedor relato sobre la familia, el primer amor y el valor para enfrentarse a los prejuicios”; Divergente, de Veronica Roth, “una distopía cargada de acción trepidante, personajes fuertes y emoción a raudales”; Bendecida por la sombra, de Richelle Mead, “tercera parte de una gran saga juvenil, con un ritmo trepidante y un argumento más que adictivo”; y Zafiro, de Kerstin Gier, “segunda parte de esta original trilogía alemana sobre viajes en el tiempo, romance y adolescentes que ningún lector de juvenil debe perderse”.

Por otro lado, el traductor Manuel de los Reyes nos habla de libros que aún no se han traducido al español, y que esperamos ver pronto en nuestras librerías habituales. Estos son Who Fears Death?, de Nnedi Okorafor (que Manuel describe como “la historia de un viaje iniciático, tanto físico como espiritual, con un Sáhara posapocalíptico como telón de fondo”); Of Blood and Honey, de Stina Leicht (“irresistible mezcla de tradición feérica y repaso histórico a los conflictos que sacudieron Irlanda en los años setenta”); y God’s War, de Kameron Hurley (“contundente crítica al fundamentalismo y la intolerancia en todas sus formas, amenizada por una espectacular trama de aventuras”). En cuanto a las que sí podemos leer en nuestro idioma, el título predilecto de Manuel es El método, de Juli Zeh, que define como “una distopía que nos traslada a un futuro no muy lejano en el que las autoridades velan por la salud de la población… tanto si a ésta le gusta como si no”. Añade que: “Aunque la trama languidezca en los compases finales, las extrapolaciones sociopolíticas de esta sátira contemporánea se bastan para revestirla de un atractivo especial”. Pero si tuviera que recomendar un solo título publicado en 2011, Manuel mencionaría Brave New Worlds, la antología recopilada por John Joseph Adams; “un espectacular compendio que aglutina varios de los mejores relatos de ciencia-ficción de las últimas décadas”.

Autores relacionados Autores relacionados:
Annabel Pitcher
Javier Ruescas
José Antonio Cotrina
Juli Zeh
Kerstin Gier
Libros relacionados Libros relacionados:
Bendecida por la sombra
Divergente
El método
La sombra de la luna
Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea

Cómo se hace un libro (I): El trabajo del editor

AutorVíctor Miguel Gallardo el 18 de diciembre de 2011 en Divulgación

Imprentas

Resumiéndolo mucho, podríamos decir que el trabajo del editor consiste en evaluar y seleccionar las obras, la lectura detenida y la corrección de las mismas, así como convertirlas a un formato apto para imprenta y, tras la impresión (y corrección de los errores, de haberlos, de las pruebas de imprenta) la posterior puesta en el mercado del libro utilizando todos los medios de promoción y distribución a su alcance. Pero se hace necesario diferenciar claramente la labor de los editores de las grandes editoriales comerciales y la de los que pertenecen a pequeñas empresas. En las grandes editoriales existe personal especializado, ya sea en nómina o externo, que se ocupa de ciertos aspectos como la maquetación, las relaciones con imprenta y distribuidores, las correcciones o el diseño, limitándose la labor del editor prácticamente a la evaluación y selección. En las pequeñas, sin embargo, el editor participa (e incluso lleva él solo) en todo el proceso que va desde la llegada del libro a sus manos (o su encargo) hasta la colocación del libro en el punto de venta (y todo lo que viene después, que no es poco).

Los libros se escriben por varias razones. La principal es por iniciativa del autor, pero no es raro que un editor se ponga en contacto con él para hacerle un “encargo”. Las razones de estos encargos son variopintas, pero suelen responder a una expectativa de ventas generada, por ejemplo, por una fecha significativa (el aniversario de un hito histórico, una efeméride, etcétera) o por seguir las tendencias editoriales de ese momento. Por ejemplo, un editor bien podría ponerse en contacto con un autor especializado en literatura de terror para encargarle escribir un libro sobre zombis ahora que el mercado parece estar demandando esa temática.

El trabajo del editor es esencial, porque es él el que elegirá qué títulos van a publicarse y cuales no, al menos en editoriales pequeñas. En las grandes, ellos son los que criban qué enviarán a los responsables últimos de la publicación, ya estemos hablando de un Consejo de Administración, un Director o, en el caso de instituciones, el diputado o concejal de turno. Paralelamente a esto, el marketing ha adquirido cada vez más importancia, y en gran parte de las editoriales la opinión de los expertos en mercadotecnia es imprescindible para la aceptación de un original, imponiéndose a veces incluso su criterio al del editor. Este hecho es especialmente significativo en las grandes editoriales comerciales.

Otra función esencial del editor es la de “cuidar” al autor. Los escritores son fundamentales para el desarrollo del proyecto editorial por muchas razones, y a veces dan auténticos quebraderos de cabeza al editor, sobre todo cuando son autores de éxito. Los editores con poca experiencia tienen dificultades para enfrentarse a las demandas de autores agresivos, aunque también sucede al contrario: un autor novel puede verse totalmente desprotegido ante un editor sin escrúpulos, y ya no estoy hablando tan sólo de las peliagudas relaciones contractuales, sino sobre todo del libro en sí mismo, si bien es cierto que algunos autores son reacios a introducir cambios en el texto original incluso cuando es evidente que son necesarios para la correcta comprensión del futuro libro. El autor debería ser consciente de eso: aunque el libro le pertenece de forma genuina, es el editor el experto en convertirlo en un producto vendible.