Resumen y sinopsis de La isla del holandés de Ferran Torrent
Lluís Dalmau, un novelista en crisis ha sido confinado a una isla porque sus ideas son contrarias al régimen dictatorial. La desolación inicial pronto cambiará cuando entra en contacto con la gente dispuesta a preservar la pequeña parcela de libertad que se han construido en la isla. Un misterioso personaje, propietario de la mayor parte de la isla, mantiene el anonimato y es conocido como El Holandés.
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Aborrezco las novelas en las que se blanquea a los delincuentes y se les hace pasar como “pobres víctimas de la sociedad”. Y por desgracia, uno de los trasfondos de esta novela es este mismo blanqueo y normalización de las personas que deciden llevar vidas delictivas. Lo mejor de este amasijo de estupideces es que son solo poco más de 160 páginas.
El autor de esta obra es Ferran Torrent. No le conocía y, la verdad, es que tampoco creo que me esté perdiendo nada realmente extraordinario. Y es que Torrent es un escritor bastante mediocre que posee un estilo de escritura simplón, plano y con una ejecución lamentable que se apoya en una prosa lenta, pesada y con un desarrollo muy mejorable, un lenguaje funcional y unas descripciones bastante básicas y muy sosas. Algo esperable dado que la isla al igual que la propia novela parece bastante gris y poco llamativa. Pero el punto negativo se lo llevan los personajes. Para empezar, son demasiados para una novela tan corta, pero es que tampoco están bien construidos. Resultan superficiales, aunque les concedo ese punto de nobleza que todas las personas que se oponen a un régimen político tienen. Pero nada más.
La isla del holandés nos narra dos historias en paralelo que parecen estar relacionadas. En la primera nos ubicamos en una isla cerca de Barcelona. En ella está Lluís Dalmau un escritor y profesor desterrado por sus polémicas obras contra el régimen. También está el Doctor Ferrús, un auténtico disidente, castigado por su cabezonería; Patrice, un belga sumamente enigmático, dueño del hotel y, sobre todo, el holandés, un misterioso personaje dueño de todas las tierras de la isla y responsable de que sus ciudadanos no dependan de nadie y puedan mantener su estilo de vida. Por otro lado, conocemos a Manuel Boixadós, un viejo y enfermo delincuente que está muriéndose en la cárcel por sus robos. Pero estas dos historias tienen un mismo punto en común que involucra a los nazis, un gran golpe a un banco suizo y una serie de muertes que conducen a la isla, un lugar donde el tiempo parece no discurrir y en el que sus habitantes viven aferrados a sus costumbres y a su modo de vivir desde hace siglos. El eterno debate del bien colectivo frente al bien individual y de si es correcto aceptar la ayuda de personas de dudosa moralidad, se entremezclan con la crítica política, la amistad y la lucha por defender aquel lugar al que sentimos que pertenecemos frente a todo. Y por eso el final te resulta tan insípido. Ese desenlace tan banal, que se pierde en la memoria en cuanto terminas la lectura, me ha resultado un tanto decepcionante.
En definitiva, La isla del holandés, es una lectura un tanto aburrida pese a su contenido moral. Lo mejor de todo es que es tan corta que la indignación te dura un suspiro y lo olvidas antes incluso de haberte arrepentido de haberlo leído. Yo por mi parte, no volveré a pisar la isla de este ciudadano de los países bajos.
Es un libro entretenido pero bastante previsible.