El hombre asediado de J. L. Rodríguez García:
El hombre espera. Sorbe el licor aparentando sastisfacción, suda copiosamente. Como acaba de sospechar, Olavarría y su hijo se levantan y, haciendo una seña al camarero, sin pagar la cuenta, se disponen a salir. El hombre deja transcurrir escasos segundos antes de incorporarse. Abandona precipitadamente el local y, ya en la calle, mira a un lado y a otro.

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