Resumen y sinopsis de El castillo de Franz Kafka
El castillo es considerada por muchos especialistas de la obra kafkiana como la cúspide literaria del escritor praguense, debido tanto a su complejidad estructural y a su madurez simbólica y metafórica, como a la densidad intelectual de los motivos que la forman.
Efectivamente, en El castillo, escrito en la última fase de la vida del autor, cuando la enfermedad progresaba con una desesperante tenacidad, la fuerza expresiva de Kafka alcanza una intensidad inusual, siendo testimonio de la falta de compromisos del autor, de su firme voluntad de enfrentarse a un terrible reto existencial: el «asalto contra la última frontera terrenal» su deseo de ser «final o principio». Esta madurez e intensidad, su extraordinario estilo, el cual, como dijo Hermann Hesse, convierte a Kafka en un rey secreto de la prosa alemana, hacen de la novela El castillo un joven clásico de la literatura universal, un clásico que, como El proceso, ha desencadenado un alud de interpretaciones y comentarios, no sólo literarios, sino filosóficos, teológicos, psicológicos, políticos y sociológicos, demostrando así que ha tocado el nervio de nuestra época.
Ha participado en esta ficha: erikraul31
Quien me conoce sabe que Franz Kafka me gusta mucho y que, cuando uno de sus libros cae en mis manos, lo suelo leer muy rápidamente. Y, sin embargo, El castillo me ha dejado una sensación agridulce. Comprendo y valoro toda la construcción de la historia, pero ésta no me ha gustado en sí misma. Y eso a lo largo de más de 500 páginas es casi una tortura.
Franz Kafka es mundialmente conocido. No es el primer libro suyo que leo y, probablemente, no será tampoco el último. Desde el punto de vista literario, Kafka me parece un escritor magnífico que posee un estilo de escritura refinado, elegante y con una ejecución brillante, que consigue gracias a una prosa lenta, profunda y con un buen desarrollo, un lenguaje muy bien escogido y unas descripciones maravillosas, capaces de mantenerte en vilo a lo largo de toda la novela. Y, sin embargo, los personajes no tienen la misma fuerza que en otros libros del autor. El agrimensor K, el protagonista del libro, se muestra cabezota y rudo, muchas veces sin motivo, pero ni siquiera entonces puedes dejar de ver a un personaje hecho a medias sin valor para conseguir algo más que vegetar por los márgenes de las páginas sin hacer nada útil.
El castillo es una novela que trata sobre los temas usuales en la literatura kafkiana, a saber, la alienación, en especial contra los extranjeros, la burocracia absurda y la eterna lucha del individualismo contra el sistema. Pero haré una sinopsis para que entendáis mejor la cosa. El agrimensor K, llega a una pequeña aldea en un país remoto para realizar un trabajo. Pero cuando llega allí, nadie parece esperar su llegada o conocer el trabajo al que se va a dedicar. A partir de entonces, comienza la lucha del agrimensor K por llegar al castillo, centro burocrático de la región, para poder resolver su situación, mientras que se ve rechazado por los aldeanos al chocar con unas costumbres absurdas que el protagonista no comprende y que no se molesta en comprender. Y hasta aquí puedo contar. La obra mantiene un maravilloso ambiente opresivo que ayuda a enganchar al lector. Pero el elevado número de personajes, las tramas delirantes y los diálogos de besugos, diluyen muy pronto cualquier interés que puedas sentir en esta novela. Quizás se deba a que el autor no justifica bien (desde mi punto de vista) la necesidad del agrimensor K por entrar al castillo. O a que introduce una estúpida historia de amor que no encaja ni a martillazos. Pero el colmo es el final. Después de leer un montón de historias llenas de estupideces, la trama comienza a remontar otra vez. Y es entonces cuando termina. Y si, como todas las novelas de Kafka, el castillo está incompleta.
Definitivamente, El castillo no es una lectura, es una experiencia que te obliga a tener que atravesar personajes irritantes, una atmósfera densa y desconcertante y a sentir muchísima frustración e impotencia. Pero también es una novela en la que te cuesta entrar y mantenerte. Puede que se deba a que no sabes realmente como interpretar tanto simbolismo y tanta alegoría y te sientes completamente perdido, como el propio agrimensor K, en ese pueblo. Así que pienso que es una buena lectura, aunque solo sea porque puedes comprender y sentir completamente lo que siente el personaje principal. O porque es inevitable que te pierdas dentro de la estructura laberíntica creada por el autor. En cualquier caso, el castillo representa aquello que anhelamos y queremos alcanzar, pero que no podemos o no nos dejan. Pero puede que vosotros tengáis más suerte que yo y podáis tomar el castillo...
La premisa es totalmente kafkiana, con un personaje sin nombre enfrentado a una situación ilógica que le sobrepasa sin que nadie pueda o quiera ayudarle; hasta aquí, nada que nos pille por sorpresa. K. ha sido contratado como agrimensor en una aislada localidad a los pies de un mal llamado castillo (ni siquiera tenemos una certeza de la configuración real del edificio), pero una vez llega allí, resulta que nadie ha pedido un agrimensor. Sus intentos de aclarar el entuerto con un complejo organismo administrativo, de pretendida eficacia, pero de funcionamiento arbitrario e incomprensible, al cual parece imposible tener un mínimo acceso, son la base sobre la que Kafka construye su novela de mayor extensión y ambición, culmen de todas sus obsesiones. Nos mete en su universo particular y exasperante, regido por unos postulados rígidos pero absurdos, que puede ser tan sólo una imagen deformada del nuestro, tan supuestamente racional.
El sujeto trata con unos, con otros, busca su camino sin éxito, topándose con la hostilidad de los embrutecidos lugareños; otra vez el forastero, incapaz de integrarse, de encontrar su lugar en el mundo. Las mujeres vuelven a ser figuras intrigantes y de sospecha, pero esta vez hay que decir que K. tampoco es trigo limpio y que parece usar a la gente a su conveniencia, entre la rebeldía contra ese sistema injusto y los intentos algo desesperados por plegarse a su lógica, si se puede llamar así, con tal de lograr un mínimo avance en sus pretensiones.
Mejor que por la trama (inexistente), el relato se entiende por sus personajes: Klamm, el alto funcionario del que apenas sabemos nada cierto, aunque su presencia esté en boca de todos, Frieda, el interés romántico que deriva en una relación de pareja conflictiva, Barnabás, el mensajero y tal vez el único ser inocente en todo el tinglado... O los dos ayudantes, seres grotescos que vuelven a su amo un tirano.
Se dan jerarquías de poder evidentes entre los señores del castillo y el humilde pueblo llano, que obedece ciegamente y acepta sin cuestionarse nada, pero también dentro de la servidumbre (las criadas del mesón), y dentro del propio aparato demencial de funcionarios, secretarios, etc. (abúlicos, decrépitos, y a la vez, curiosamente, muy estresados…). También tenemos a una familia caída en desgracia y marginada socialmente a causa de un simple gesto que les sentencia; el silencio, hacer el vacío, como el más letal mecanismo de exclusión.
Hay en el castillo algo de autoridad feudal, despótica y del antiguo régimen, combinada con una burocracia propia del estado moderno, y la parábola política convive habitualmente con la interpretación teológica; la imposibilidad de alcanzar la verdad trascendente, las relaciones siempre difíciles, dependientes, con un Dios que se esconde mientras el tiempo pasa y nos dejamos la vida y el alma en el empeño de conocerle.
Lectura de dificultad considerable, con grandes bloques de texto y con diálogos interminables, que se retuercen puntillosos sobre sí mismos, que parecen relevantes pero no dicen quizá nada; con escenas, también, muy propias del checo, como la del delirante reparto de documentos en el pasillo, o el encuentro con el alcalde. Y una vez más, la condición de texto inacabado resulta crucial para su comprensión... si es que algo puede comprenderse del todo en la obra de un autor cuyo cierre, o lectura definitiva, estará siempre en manos del lector.
"Allí estaba el castillo, quieto como siempre; jamás había visto K. en él el menor indicio de vida; quizá ni siquiera era posible distinguir nada a esa distancia; y sin embargo, los ojos exigían esos indicios y se resistían a tolerar esa calma. Al contemplar el castillo, K. sentía, por momentos, como si viera alguien que estuviese tranquilamente sentado, con la mirada dirigida hacia adelante, pero de ningún modo ensimismado ni ajeno a todo lo que le rodeaba, sino en una actitud libre y despreocupada, como si estuviese solo y seguro de que nadie lo observaba; parecía, sin embargo, darse cuenta perfectamente de que sí lo observaban, sin que eso afectase, empero, en lo más mínimo, su tranquilidad..."
Novela inconclusa en la que el protagonista, K., se enfrenta a un mundo externo que pone a prueba su capacidad para adaptarse a circunstancias adversas, intrigas, trabas, amores fallidos, y a una red sin fin de procesos agobiantes, inaccesibles, burocráticos, los cuales le impiden llegar al "castillo" a ejercer su oficio de agrimensor, debiendo conformarse con ser integrante de una aldea cercana, con unos habitantes muy peculiares: Barnabás, Frieda, Amalia, Olga, Pepi, los ayudantes Jeremías y Artur, entre otros, con personalidades también "burocratizadas" en su trato para con K., quien termina por sentir cansancio de ese entorno enrevesado, anodino, lejano a sus propósitos.
La imposibilidad de K. de llegar al "castillo" simboliza la incapacidad de poder medir la condición humana en sus temores, enigmas, aspiraciones, metas, en descifrar un camino que lleve a alguna parte, así como también refleja la confrontación entre la soledad y el sentido de la existencia, junto con el fracaso en trascender, temas muy recurrentes y presentes a lo largo de la trayectoria literaria del autor checo.
Una de sus grandes obras, escrita ya en el tramo final de su vida, por momentos densa y compleja en su lectura.
¡Qué poco se habla del humor de Kafka!
Es en esta obra donde mejor se puede apreciar el humor de Kafka.
¿Por qué el público en general no quiere aceptar que Kafka era un escritor religioso?
La verdad es que no lo he disfrutado. Lectura densa y pesada, en la que se pone de manifiesto la aversión que este autor tenía a la burocracia. Tiene sobre todo personajes muy bien elaborados como los dos ayudantes, pero fuera de eso me ha costado terminarla.
Extraño, inteligente, enrevesado y muy elocuente. Un libro incompleto que te dejará huella.
Se trata de un libro denso y complejo, así que iré por partes. Lo positivo: el protagonista se mueve, o arrastra, en una realidad absurda, irónica, claustrofóbica y opresiva, rodeado de personajes miserables y mezquinos, que tan pronto dicen como desdicen, en un intento por llegar a las autoridades del Castillo, que a cada página se hacen más inalcanzables. Magnífica la forma en que Kafka satiriza la burocracia y las autoridades, volviendo un laberinto interminable a la primera y en pusilánimes a las segundas. Lo negativo: la narración es muy enrevesada, con diálogos (o monólogos, más bien) que se extienden páginas y páginas; hacia la mitad la acción se empantana y avanza poco y nada; reconozco que me costó terminarlo, por eso lo recomiendo únicamente a los seguidores del escritor (entre los que me incluyo, sino no hubiera llegado hasta el final).
El castillo juega en todo momento con la psique de los personajes y con el lector; contribuyendo de ese modo en los acontecimientos y provocando un auténtico debate de reflexiones, teorías y puntos de vista en torno al complejo, dominante e inquisitivo sistema burocrático del que Kafka hace gala en esta novela. Recomendable.
Estoy descubriendo a Kafka, del cual había oído hablar pero nunca me había atrevido con su lectura. Éste es el segundo libro que leo en pocos meses y me ha encantado. A veces denso, muchas con cierta carga de absurdo surrealismo, atrapa, al menos a mí me ha atrapado, y mantiene el interés por llegar al desenlace de la historia, y he aquí lo que más me está gustando de este autor, aunque ya se sabe que es una obra inconclusa, el final me ha dejado con ganas de más, así que voy a ponerme con otro relato de este gran autor.
Uno de mis libros favoritos.