Las cenicientas de la literatura

A todos nos encantan esas historias de escritores sin fortuna cuyo manuscrito es rechazado constantemente por editoriales hasta que de repente tienen un golpe de suerte y consiguen un montón de pasta. Tal vez uno de los ejemplos actuales más conocidos es el de J. K. Rowling, que escribió su primera novela de Harry Potter en los escasos momentos que le permitía su frenética vida de mamá trabajadora; y recuerdo cómo en una charla universitaria la española Almudena Grandes contó que se levantaba a las cinco de la mañana para escribir un par de horas antes de tener que entregarse a la rutina diaria del trabajo y los niños. El caso de Marina Fiorato es todavía más llamativo: escribió su primera novela de cafetería en cafetería, con su bebé en brazos. Escribía en bares y cafeterías de librerías para poder utilizar la documentación que estas ofrecían, ya que no podía permitirse viajar a Venecia, donde se basaba su primera novela, El misterio de Murano.
Fiorato finalmente consiguió que una editorial independiente, Beautiful Books, se fijara en ella. El libro cosechó un tremendo éxito (está traducido a más de veinte idiomas) y recientemente ha firmado un contrato para su adaptación cinematográfica. Su novela más reciente, The Botticelli Secret (El secreto de Botticelli), le ha valido un adelanto de publicación de nada menos que 250000 libras esterlinas (casi 300000 €). Sin embargo, escarbando un poco nos damos cuenta de que tampoco es una madre trabajadora cualquiera: esta licenciada en Historia de la Universidad de Oxford, medio veneciana y medio inglesa, es actriz, diseñadora (ha colaborado en la puesta en escena de giras de los Rolling Stones y de U2), ilustradora y crítica de cine, medio en el que también trabaja su marido, que es director. Se casó en Venecia, ciudad donde obtuvo también una titulación de Historia y que conocía relativamente bien. Así que, aunque su nueva situación económica le haya venido de nuevas, tampoco era precisamente una cajera de supermercado ni estaba fregando escaleras. A los medios les encanta vendernos estas historias de fama y fortuna de la noche a la mañana, si bien raras veces son ciertas. ¿Quién no se tragó aquello de que El Código da Vinci se hizo célebre simplemente por el boca a boca, sin ningún tipo de promoción editorial?
A la mente del ávido lector acuden enseguida mitos de aquellos escritores que realmente subsistían de mala manera, incluso de aquellos cuya obra no se valoró hasta después de su muerte. Gran parte de la generación beat estadounidense se hizo famosa precisamente por no tener un duro y escribir sobre ello (un ejemplo perfecto sería Jack Kerouac, que escribió sus mayores obras durante su vida como marino mercante), por no hablar de tantos poetas malditos franceses que se dieron a la lujuria y al alcohol barato sin que les llegase el dinero para comer. Por supuesto que el escritor, por lo general, desea una compensación económica, y si ésta es enorme, tanto mejor. Pero eso no quita que tantas noticias sobre pobres autores muertos de hambre atrapados en empleos anodinos empiezan a parecer sospechosamente parecidas, y sospechosamente idóneas para la promoción editorial. Porque está claro, ¿a quién prefieres comprarle, al autor establecido y ricachón, o al marginado por las editoriales, padre de familia con un trabajo parecido al tuyo? Queremos sentirnos identificados con el escritor cenicienta, ya que deja las puertas abiertas a la posibilidad de que nosotros también podamos llegar a serlo.
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30 de mayo de 2010 a las 16:33
No he podido evitar recordar que, aunque no se trate del tema principal de este blog, esto mismo también se da con los actores. Resulta que todos han repartido pizza y servido copas… O es cosa de artistas o definitivamente tenemos que dar gracias por que ninguna de estas personas vive como uno de nuestros grandes (por poner un ejemplo, pues hubo muchos más), don Benito Pérez Galdós.
11 de agosto de 2011 a las 13:41
Yo soy una de esas escritoras cenicientas de la que hablas, pero yo no he tenido ningún golpe de suerte ni creo que lo tenga jamás, no soy ni seré una de las elegidas, de las que se cuentan con los dedos de la mano que han logrado salir del anonimato por casualidad, soy una de entre millones que nunca lo consiguen pero que necesitan imperiósamente, como si en ello me fuese la vida, escribir. Yo soy de las que escribe cuando está en la cocina alrededor de las patatas, mientras arregla la casa y cuando todos se acuestan, para no escuchar los reproches de un marido que no soporta una casa con las camas sin hacer, mientras yo, me he evadido tanto al escribir que el tiempo traidor termina por vencerme dejándome al descubierto ante él. Soy una de esas cenicientas que por lo que veo, no le gustan demasiado y aunque tengo que pelearme continuamente con mi mundo, no me arrepiento y no puedo dejar de serlo. Esta es mi manera de expresar mis sentimientos, mis pensamientos. Así soy yo…así es mi vida… A veces, los elegidos se olvidan lo difícil que es estar donde están ellos y de la suerte que tienen.