Laura, de ¿Nabokov?

Ya hemos comentado en Lecturalia en varias ocasiones cómo se están utilizando cada vez más las novelas dejadas a medio terminar -o simplemente esbozadas- por escritores que ya no pueden decidir sobre su obra. Uno de los ejemplos más claros es el de Nabokov, quien dejó muy, pero muy claro, que se quemaran las notas que tenía sobre un proyecto de novela de título Laura.
Pues bien, ya se sabía que se pretendía publicar el apaño de novela que el hijo del escritor, Dimitri, ha completado a partir de dichas notas. Esta vez, como ejemplo de honestidad con el escritor, el New Yorker ha rechazado la publicación del avance de dicha novela, recayendo el dudoso honor de presentarla a cargo de la revista más famosa del mundo por sus artículos: Playboy.
¿Lo habrá hecho el New Yorker por respetar a Nabokov o por la propia calidad de la novela? Eso no está claro todavía. Eso sí, Nabokov era conocido por su meticulosidad y su perfeccionismo a la hora de escribir, algo que a su hijo no se le conoce -o al menos soy yo el que lo ignora-.
La otra cara de la moneda: recordemos que Kafka también pidió que se quemaran sus obras inéditas, deseo que no se respetó y nos dejó leer joyas como El castillo. ¿Es lo mismo una obra terminada que un conjunto de notas? ¿Hasta donde el derecho al arte o al conocimiento es superior a la libertad personal?
Vía: El bibliómano
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28 de julio de 2009 a las 22:24
Pues personalmente, opino que para nada es lo mismo una obra inédita, del autor, que un conjunto de notas escritas por él. La primera sale de su puño y letra, con su personal estilo y las ideas que tenía. También con los griso que puede haberle dado a la historia y que no tenía planeados desde el inicio. Lo segundo son sólo las ideas que sirven de base para la historia. No está su personal estilo, ni plasmadas sus ideas y giros argumentales, tan sólo está asentada la base. Por eso me parece tan mal que el hijo de Nabokov (al que nunca he leído, por cierto), se aproveche de la fama de su padre y escriba un libro basándose en sus ideas, más si éste había especificado que se quemasen, seguramente para evitar algo así. Una cosa es que te presentan la idea y después desarrolles tú la historia, y otra muy distinta robarla, que es lo que ha hecho.
Debería haberse respetado su decisión, aunque no opino exactamente lo mismo sobre el caso de Kafka, pues ahí sí lo había escrito él y sí estaba terminada, ergo no estaba adulterada por nadie. Tal vez teía sus razones, pero gracias a que no le hicieron caso, se publicaron obras geniales.