Estudió para maestro, pero su verdadera formación fue autodidacta con la lectura en bibliotecas. Ejerció el magisterio y trabajó como bibliotecario. Fundó las revistas Leonardo, l´Ánima y Lacerba, y fue director de La Voce. Polemista empedernido pasó de ser un escéptico a ser un fervoroso católico, lo que marcaría la última parte de su obra. En 1935, siendo simpatizante con el fascismo, fue nombrado profesor de la Universidad de Bolonia “por decreto”. Tras la guerra, siguió escribiendo y colaboró con numerosos artículos en Il Corriere della Sera.