Llegar al final de este descomunal ciclo con La tumba del relámpago ha sido una experiencia tan dolorosa como literariamente perfecta. Me ha impresionado la maestría con la que Manuel Scorza recoge todos los hilos sueltos de los libros anteriores para hacernos converger en este clímax definitivo: la gran sublevación masiva de las comunidades andinas por la recuperación de sus tierras. El autor decide rebajar aquí las dosis de realismo mágico y fantasía lírica de entregas previas para adoptar el pulso de una crónica urgente y épica; un cambio de tono que le sienta de maravilla al relato a la hora de detallar la impresionante logística de la rebelión, el papel crucial de las mujeres y el despertar definitivo de una conciencia colectiva encarnada en la fe ciega de Remigio Villena o el liderazgo de Genaro Ledesma.
Lo que verdaderamente me ha desgarrado de esta conclusión es la aplastante sensación de fatalidad histórica que sobrevuela cada página. Scorza no nos engaña; nos hace testigos del choque brutal e inevitable entre un campesinado armado únicamente con la razón y la dignidad frente a un Estado que responde con la fuerza bruta de su ejército. Sin embargo, la genialidad del cierre radica en su estructura circular: lejos de dejar un regusto de derrota estéril, el autor transforma el trágico desenlace militar en una rotunda victoria moral y literaria que da sentido a toda la pentalogía. Es una obra cumbre escrita con una prosa en su cénit absoluto, capaz de indignar y conmover a partes iguales, consolidando este ciclo como un monumento imprescindible para la memoria histórica de América Latina.
Llegar al final de este descomunal ciclo con La tumba del relámpago ha sido una experiencia tan dolorosa como literariamente perfecta. Me ha impresionado la maestría con la que Manuel Scorza recoge todos los hilos sueltos de los libros anteriores para hacernos converger en este clímax definitivo: la gran sublevación masiva de las comunidades andinas por la recuperación de sus tierras. El autor decide rebajar aquí las dosis de realismo mágico y fantasía lírica de entregas previas para adoptar el pulso de una crónica urgente y épica; un cambio de tono que le sienta de maravilla al relato a la hora de detallar la impresionante logística de la rebelión, el papel crucial de las mujeres y el despertar definitivo de una conciencia colectiva encarnada en la fe ciega de Remigio Villena o el liderazgo de Genaro Ledesma.
Lo que verdaderamente me ha desgarrado de esta conclusión es la aplastante sensación de fatalidad histórica que sobrevuela cada página. Scorza no nos engaña; nos hace testigos del choque brutal e inevitable entre un campesinado armado únicamente con la razón y la dignidad frente a un Estado que responde con la fuerza bruta de su ejército. Sin embargo, la genialidad del cierre radica en su estructura circular: lejos de dejar un regusto de derrota estéril, el autor transforma el trágico desenlace militar en una rotunda victoria moral y literaria que da sentido a toda la pentalogía. Es una obra cumbre escrita con una prosa en su cénit absoluto, capaz de indignar y conmover a partes iguales, consolidando este ciclo como un monumento imprescindible para la memoria histórica de América Latina.