En El sitio de nadie, la escritora cubana Hilda Perera retrata el momento exacto en el que una sociedad se rompe por completo. Esta novela, que quedó finalista del Premio Planeta en 1972, prefiere centrarse en un estudio sobre la identidad, el miedo y la supervivencia durante los primeros años de la Revolución Cubana. La historia nos lleva de la mano de varios personajes de clases sociales muy distintas que ven cómo sus vidas cambian radicalmente con el nuevo régimen, mostrando la tristeza de las familias divididas por las ideas, la constante vigilancia y la duda del exilio.
Lo mejor del libro es que la autora evita tomar partido o lanzar mensajes fáciles, logrando que el lector sienta ese "no lugar" en el que se quedan atrapados los protagonistas que ya no encajan en su tierra. Sin embargo, al querer abarcar tantas historias paralelas y puntos de vista diferentes en mitad del caos político, el desarrollo de la trama se vuelve por momentos un tanto disperso. El ritmo de la narración se estanca en la segunda mitad debido a la falta de un hilo conductor claro, lo que puede cansar a quien busque una novela con mayor dinamismo y dirección. Aunque plantea temas universales muy interesantes como el dolor de dejar tus raíces, la falta de garra en algunos pasajes hace que la lectura se vuelva un tanto monótona y pierda fluidez.
En El sitio de nadie, la escritora cubana Hilda Perera retrata el momento exacto en el que una sociedad se rompe por completo. Esta novela, que quedó finalista del Premio Planeta en 1972, prefiere centrarse en un estudio sobre la identidad, el miedo y la supervivencia durante los primeros años de la Revolución Cubana. La historia nos lleva de la mano de varios personajes de clases sociales muy distintas que ven cómo sus vidas cambian radicalmente con el nuevo régimen, mostrando la tristeza de las familias divididas por las ideas, la constante vigilancia y la duda del exilio.
Lo mejor del libro es que la autora evita tomar partido o lanzar mensajes fáciles, logrando que el lector sienta ese "no lugar" en el que se quedan atrapados los protagonistas que ya no encajan en su tierra. Sin embargo, al querer abarcar tantas historias paralelas y puntos de vista diferentes en mitad del caos político, el desarrollo de la trama se vuelve por momentos un tanto disperso. El ritmo de la narración se estanca en la segunda mitad debido a la falta de un hilo conductor claro, lo que puede cansar a quien busque una novela con mayor dinamismo y dirección. Aunque plantea temas universales muy interesantes como el dolor de dejar tus raíces, la falta de garra en algunos pasajes hace que la lectura se vuelva un tanto monótona y pierda fluidez.