Resumen y sinopsis de Estrómboli de Jon Bilbao
Una banda de motoristas que acosa a una pareja que viaja por Estados Unidos; un hombre se ve obligado a comer una tarántula viva ante las cámaras de un programa de televisión para solucionar los problemas económicos de su familia; dos buscadores de oro aficionados sufren un terrible accidente en las montañas que pone a prueba su amistad; la muerte de dos vagabundos y el descubrimiento de unas ruinas misteriosas perturban la celebración de una boda; un hombre casado y su amante emprenden un viaje a la isla de Estrómboli para auxiliar a alguien muy importante para ambos… Los nuevos y esperados relatos de Jon Bilbao, en los que manifiesta una maestría fuera de lo común, mientras refleja de un modo inquietante y demoledor la extrañeza que se esconde tras la vida y las relaciones humanas.
Inconfundible la prosa de Bilbao, de frases muy bien construidas, poco literaria a priori, sin trampa ni cartón. Tira de imágenes sorprendentes, escenarios improbables, situaciones un punto grotescas. Se ha ido puliendo y estos relatos, que pueden dar la impresión de inacabados, de no saber qué hacer con los personajes una vez llevados al límite, son prueba de ello, pues lo cierto es que se desarrolla una técnica del iceberg a lo Hemingway que omite buena parte de lo que sólo intuimos y nos esforzamos por dilucidar. Pesan los silencios de unas masculinidades duras y frágiles a un tiempo, a menudo sin nombre ni apellidos, en ambientes extranjeros que sirven para crear un marco anómalo, de extrañamiento y huida, destacándose además cierta faceta perversa, o caracterización más o menos negativa, en las contrapartes femeninas de los protagonistas.
En “Crónica distanciada de mi último verano”, la apacible convivencia de una pareja se ve enturbiada (motivo que resulta familiar en el autor, por cierto) por una amenazante banda de moteros; provocaciones, humillaciones que van a más y hacen esperar un “Perros de paja” en su escalada… pero nos damos cuenta tarde de que esto va de resquemores soterrados y cómo emergen, de que la auténtica violencia es la de ellos dos y su incomprensión mutua, un vínculo muerto sin saberlo.
“El peso de tu hijo en oro” habla de la amistad más viril y de los empeños delirantes, quijotescos y sin sentido (aquí los de unos buscadores amateurs de oro en un río) en que se basa; una fuga en la naturaleza de las frustraciones laborales y domésticas, hasta que irrumpe una tragedia que lo cuestiona todo. Aún con mentiras (torpes, bienintencionadas), incluso lo que parece no tener vuelta atrás deja margen aún para ese vínculo, entre bonito, patético, y tal vez, algo inquietante.
“Siempre hay algo peor” a la vuelta de la esquina cuando te dejas liar en los manejos de un sujeto intrigante, en una trama mafiosa de las que acaban mal sí o sí, poblada por seres mediocres (incluyendo el propio Mefistófeles de tres al cuarto), débiles y atrapados, perseguidos por un destino que siempre se cobra sus piezas… pues mordemos siempre el anzuelo.
Se da en “Una boda en invierno” un cruce alocado de perspectivas en torno a una boda imposible. La tontería, el circo y la frivolidad, lo ridículo de todos los implicados, contrastan con el misterio de un antiguo pórtico descubierto de manera fortuita, con su permanencia y solidez. Mala uva a la hora de retratar un perfil de novia pija egoísta, o bien de la que se enamora del primero que encuentra. A destacar el truculento pero hilarante remate.
“Como en un idioma desconocido” aborda la pérdida de la inocencia de un joven ingeniero. En su recreación del pueblo, la fábrica, el ecosistema social en torno al desmontaje de un reactor nuclear, resulta magistral; el clima de hostilidad, la inadaptación, desconfianza, jerarquías, todo tiene algo muy kafkiano. Corruptelas y entretelas de una gran empresa y un sujeto que es machacado sin piedad pretendiendo hacer el bien, perdido en un idioma (técnico, social, profesional, sexual incluso, humano en definitiva...) que nunca podrá entender.
Los lamentables concursos televisivos donde dejarse la dignidad por dinero y la araña como símbolo del mal son el trasfondo de “Avicularia avicularia”. Un padre de familia lo da todo por sostener la cómoda estructura familiar, pero es más bien cierta frialdad e indiferencia suya la que le hace ganar el gran premio. Sin embargo, queda tocado por el miedo, el asco y la humillación; no merece la pena el sacrificio, ni la pretendida fuga a un entorno natural idílico, pues en el fondo su vida es una ficción y las risas son aquí terriblemente amargas.
“El castigo más deseado”. Amor, amistad, sus frágiles contornos. Una competición de pesca, supuesto evento benéfico que huele a pescado podrido; de nuevo, un grupo de facinerosos amenazadores, pero peor aún es la trama de rivalidad, rencores, desgracias de un pasado compartido y personas, hombres y mujeres, que nunca dejarán de ser unos completos desconocidos entre sí. Algo malo se fragua, pero remata en un no menos escalofriante anticlímax, en un tablón que chorrea una sangre que nadie ve salvo el ojo atento del narrador.
Finalmente, “Estrómboli” indaga en infidelidades, tensiones entre hermanos y relaciones laborales, amistosas y románticas que se enquistan en la temible “friendzone”. Amores y sexo superficial, actos irreflexivos de huida que sirven para propiciar incómodos encuentros de pareja dignos de una película de Antonioni, ambos ante su propio vacío y dependencias emocionales. Lo elocuente aquí es la discapacidad (falta de un brazo) y como opuesto, la incapacidad psicológica. El paraje volcánico de la isla italiana, la grandeza de sus procesos geológicos y naturales, empequeñece no sólo al turista que va de visita, sino lo banal del conflicto humano que se desarrolla a sus pies.
La recopilaciones de cuentos siempre son difíciles de valorar. Pero Estrómboli constituye una poderosa excepción. Ha sido horrible en toda su extensión. Bilbao tiene una obsesión con lo desagradable y lo perturbador de la cotidianidad. Pero sus relatos no logran alcanzar el equilibrio y se vuelven grotescos y carentes de cualquier sentido.
El pulso narrativo de Jon Bilbao es excelente. Sus cuentos están muy bien escritos, llenos de detalles y descripciones esmeradas y líricas. Además la estructura del texto va variando a lo largo de los relatos, lo que proporciona un cierto dinamismo a la lectura.
Otro acierto son los personajes. Al ser relatos, relativamente cortos, me esperaba personajes chapuceros, poco perfilados y menos profundos que un charco. Pero me ha sorprendido ver todo lo contrario. Son profundos y complejos de tal manera que, a veces, no eres capaz de entenderlos del todo.
Como otras selecciones de cuentos las historias son muy diversas. No hay ningún claro nexo en común y los argumentos van apareciendo un poco a batiburrillo. Así, entre sus páginas, nos encontramos con parejas siendo perseguidas por moteros, graves accidentes en la montaña, negocios turbios, bodas con historias extrañas, obras llenas de corruptos, soluciones peculiares a los problemas económicos, ángeles deseando castigar a los "malos" y la curiosa búsqueda de un hermano. Soy consciente de que, dicho así, el libro suena interesante. Pero, la verdad, es que no es así. Ahora que lo pienso, y a pesar de lo que he dicho antes, puede que estos cuentos tengan algo en común: no aportan nada. Es decir, la mitad del cuento se va en describir paisajes, hacer introducciones de personajes, hechos y paisajes. Y eso es mucho, si hablamos de cuentos de 20-40 páginas. De repente el ritmo cambia y el autor entra de pleno en la trama, aumentando la tensión, hasta llegar al final... donde no ocurre nada. Todos tienen un final abrupto, dejando incompleto el cuento... y vuelta a empezar con otro nuevo relato.
Definitivamente, Estrómboli ha sido una decepción. La idea de partida es original y, aunque la estructura narrativa es magnífica, el autor consigue diluir el interés de la historia hasta, a veces, hacerla aburrida. Siendo sincera, os recomendaría que leyerais otra cosa y no perdierais el tiempo con esto.