Resumen y sinopsis de Mejillones para cenar de Birgit Vanderbeke
La familia espera a que el padre vuelva de un viaje de trabajo. Cuando éste no llega, el resto se revela contra su autoridad. En una familia modelo alemana, todos esperan el regreso del padre, que ha salido en viaje de negocios. Han dispuesto un montón de mejillones, su cena preferida. Pero, a medida que las horas pasan y él no llega, se va organizando una «revuelta» que pondrá en cuestión todos los valores de la familia tradicional.
La narradora, la hija mayor de esta familia de cuatro miembros, nos va contando los preparativos de la cena y el tiempo de espera con su madre y su hermano y, al mismo tiempo, nos habla de la vida en esa casa con un padre autoritario y violento y con una madre (y unos hijos) que tratan de amoldarse (espeluzna ese verbo) al padre.
Estoy completamente anonada. Y es que Mejillones para cenar, no puede ser descrita realmente como una novela al uso. Más bien una serie de estampas sobre una familia desestructurada con sorpresa final incluida. Lo mejor de todo es que es tan corta que no te tortura demasiado.
Birgit Vanderbeke es la autora de este libro. La verdad es que no lo conocía y sinceramente creo que era más feliz antes de hacerlo. Como autora es correcta con un estilo de escritura sencillo, superficial y con una ejecución aceptable. Este estilo lo consigue con una prosa dinámica, ágil y con un desarrollo un tanto caótico, un lenguaje funcional y unas descripciones normalitas, con muy poco atractivo que no logran atraer ni invitan a leer. Los personajes son harina de otro costal. Con una construcción insustancial y poco elaborada, no conocemos prácticamente nada de ellos y, por lo tanto, no puedes empatizar con su situación, gracias a la enorme distancia que la autora pone entre ellos y el lector.
Mejillones para cenar es una historia de dolor y control camuflada en el ámbito familiar. Pero para proporcionar el contexto de manera adecuada haré una breve sinopsis. Es una noche cualquiera en un hogar de clase media de algún sitio de Alemania Oriental. La familia, compuesta por la madre y sus dos hijos, un chico y una chica, esperan el regreso del padre que vuelve de un viaje de trabajo. Para festejar su llegada, la madre prepara su plato favorito, mejillones para la cena. Pero el padre se retrasa y, esta anomalía dentro de la rutina familiar, invita a la rebelión de la familia que nos va desvelando que todo no era tan perfecto como podía parecer desde afuera. Y no puedo continuar sin desvelar nada fundamental. Nos encontramos ante una historia con el clásico tema de “las apariencias engañan” aunque con un giro algo más oscuro que te hace perder la poca fe en la Humanidad que te quede. Pero sin duda alguna, lo peor es el final. El desenlace es estúpidamente abierto y abrupto, como si a la autora no le apeteciera seguir con esta trama y la abandonara sin miramientos.
En suma, Mejillones para cenar, es una historia bastante indigesta que solo mejora cuando comprendes que, probablemente, toda la historia sea una metáfora de la caída del régimen comunista en Alemania Oriental. No obstante, no lo recomiendo. Creo que hay mejores novelas sobre los conflictos familiares y/o cambios en regímenes políticos que este terror gastronómico literario. Así que tirad los mejillones a la basura sin remordimientos y buscad algo mejor que vuestro cerebro pueda paladear con gusto.
Con una escritura arriesgada nos narra la vida familiar desde el punto de vista de la hija mayor y lo que ella interpreta de su madre y su hermano. Y nos cuenta cómo ve ella a su padre y cómo piensa que los ven su madre y su hermano. Todo con una falta de empatía que asusta. Aunque intenta que el padre aparezca como un monstruo dictador solo muestra el rencor mal contenido de la hija. Como relato de denuncia es un fracaso pero lo salva su buena narración.
No le he encontrado la gracia, por así decirlo a esta novela. Escrita como muy apelotonada, si que trasmite la urgencia de la situación pero nada más.
A través de una madre y sus dos hijos conocemos a su marido y padre; un ser despreciable, abyecto, déspota, dictador, caradura, insoportable e impertinente al que todo lo de su mujer e hijos le molesta y nada le parece bien. Vamos, para tenerlo bien lejos.