Resumen y sinopsis de Igual que ayer de Eduard Palomares
Jordi Viassolo, aprendiz de detective privado en paro, espera a que al fin le contraten en una agencia mientras sobrevive trabajando ocasionalmente como camarero. Tras servir en un lujoso cóctel en la zona alta de Barcelona, recibe la noticia de que uno de los asistentes, Mike Comabella, aspirante a la alcaldía, ha muerto en un sospechoso accidente. Poco después le llega un pequeño encargo como detective: un cliente misterioso pide que se investigue a una asociación de vecinos del Raval. En el barrio barcelonés descubrirá que la especulación inmobiliaria, las desigualdades sociales y el tráfico de drogas son más flagrantes de lo que imaginaba.
Tras el éxito de No cerramos en agosto, Eduard Palomares vuelve con una apasionante novela negra que aúna intriga, retrato social e ironía. A través de las andanzas de su entrañable detective novato y de su singular círculo de amigos, el autor adapta el género negro al siglo XXI, retratando la evolución de la ciudad en los últimos cuarenta años y demostrando que, por mucho tiempo que pase, hay cosas que nunca cambian.
Estoy harta de amateurs dentro del mundo de la novela policíaca. Y, por desgracia, lo que te encuentras en Igual que ayer, es más de lo mismo. Otro detective aficionado que, además, es un completo pardillo y con menos carisma que una alpargata en el Polo Norte. Y todo ello en la “cómoda” cantidad de más de 300 páginas de las que le sobra, como mínimo, la mitad.
Eduardo Palomares es la mente creativa detrás de esto. Ojalá no le hubiera conocido la verdad. Y es que Palomares es un escritor mediocre que posee un estilo de escritura burdo, simplón aunque con una ejecución regular, que consigue gracias a una prosa lenta, tediosa y con un desarrollo lamentable, un lenguaje funcional y unas descripciones bastante básicas para hablar de una ciudad como Barcelona y alrededores. Pero aquí lo peor son los personajes. No se si por tratarse de una segunda parte, el autor ya da por hecho que todos sus lectores van a conocer a los personajes. El caso es que no hay introducción de personajes. Ni siquiera del protagonista, Jordi Viassolo, el joven aprendiz de detective y camarero en sus ratos libres, que resulta irritantemente estúpido, ni de ningún otro, que aparece de manera tangencial a lo largo de las páginas de este bodrio. Así que te tragas una construcción de personajes horrible, superficial y sin sentido durante toda la novela.
Igual que ayer nos narra las aventuras de un joven que quiere ser detective privado. Y ya está. Pero para que quede un poco más claro, haré una pequeña sinopsis. Jordi Viassolo quiere ser detective privado. Mientras espera poder hacer una suplencia en Private Eye, una agencia de detectives, trabaja de camarero en eventos. En uno de los eventos en los que trabaja, aparece muerto un pez gordo de la política y Jordi empieza a investigar sobre el tema. Es entonces cuando le ofrecen infiltrarse en una asociación del Raval encargada de detener desahucios y hostigar a los narcopisos para que desparezcan. A lo largo de las semanas, los dos casos parecen converger. Y Viassolo deberá ir con pies de plomo. Y ya está. El libro es un catálogo de bares de mala muerte y lugares que es mejor evitar dentro del área metropolitana de Barcelona. Muy poca acción, mucha trama secundaria superflua y un misterio que te dan ganas de llorar cuando se termina de descubrir. Y eso sin hablar del estúpido final. El desenlace es una especie de “Happy Ending” pero a lo español y a lo pobre. Además de ser claramente abierto, aunque no creo que vuelva a quedar atrapada en una obra de este autor.
Definitivamente, Igual que ayer, es una obra aburrida que mantiene algún momento gracioso y una crítica social mordaz en temas como el alquiler o el mundo laboral. Pero siendo sincera, no creo que esto compense el tiempo invertido. Como dije al principio, estoy hasta el moño de detectives de pacotilla que, Igual que ayer, tratan de mostrarnos que cualquiera puede resolver un misterio.
Inevitable remitirnos a Mendoza, pero puestos a beber de fuentes, que sean de las buenas. La Barcelona actual no es la olímpica, pero tiene su aquel: movimientos vecinales, desahucios, apartamentos turísticos, fondos buitre... En este paisaje se desenvuelve el detective Viassolo, tal vez, de las pocas pegas, insultantemente joven para los pensamientos que proyecta, de cuarentón con síndrome Peter Pan. El autor consigue que la trama sea lo de menos, incluido un revival que bien poco aporta, más allá del título. Con todo, bancamos a Viassolo. Promesa.