El terror clásico nace de las fuentes de la novela gótica, tipo literario nacido en el siglo XVIII y cuyas influencias principales vienen de la cultura popular e historias tradicionales sobre fantasmas y aparecidos.
Podríamos considerar a El castillo de Otranto, de Horace Walpole (1765) como la iniciadora del terror clásico, mezclado todavía con la novela gótica, a la cual dejaría atrás a partir del siglo XIX, en el que aparecieron nuevas temáticas y estilos relacionados con el horror.
De esta primera época habría que destacar autores como Matthew Lewis, Ann Radcliffe o William Godwin.
A partir de estas bases, y con influencias notables de otros géneros, aparece una literatura de terror más elaborada y compleja, como pueden ser los cuentos de Edgar Allan Poe o Drácula, de Bram Stoker. Historias de imaginería oscura y recargada complementadas por un fuerte componente de acción y aventuras.
La presencia del horror y del mal como una entidad diferente o de existencia ligada al ser humana comienza a mediados del XIX con autores como Maupassant, Henry James o Arthur Machen, llegando al paroxismo de H.P. Lovecraft al crear una nueva mitología y un concepto del terror que lo sitúan a medio camino del terror contemporáneo.

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