Resumen y sinopsis de La muerte no es un juego de niños de Alan Bradley
Inglaterra, 1950. Flavia de Luce tiene once años y tres pasiones: los venenos, molestar a sus hermanas mayores y resolver misterios. Hace un tiempo ayudó a la policía con un asesinato, pero desde entonces su único consuelo son los experimentos que realiza en su laboratorio, ubicado en un ala deshabitada de la mansión en la que vive con su excéntrica familia. Así pues, cuando aparece una furgoneta anunciando un espectáculo de títeres, Flavia es la primera en meter la nariz en el asunto. El día de la función, aunque el lleno total hace prever un gran éxito, un trágico accidente lo enturbia todo. Aunque… ¿Seguro que se trata de un accidente? Sin perder un segundo, Flavia se monta en Gladys, su fiel bicicleta, y pedalea a la caza de las pistas que le permitan resolver este nuevo enigma. ¿Podrá una niña enfrentarse sola a los peligros que le acechan en el camino hacia la verdad?
En La muerte no es un juego de niños, Alan Bradley, uno de los genios de la narrativa detectivesca, vuelve a sumergirnos en una ingeniosa y apasionante historia de misterio de la mano de la investigadora más singular, sarcástica e inolvidable del panorama narrativo actual.
Comentarios y opiniones de La muerte no es un juego de niños
reah_29La muerte no es un juego de niños5
Me duele decir esto, pero La muerte no es un juego de niños, es una lectura tediosa que nos muestra un misterio muy flojo, un pueblo irritante y una protagonista que parece haber perdido todo el atractivo que tenía en la primera parte. Así que leer sus 380 páginas se convierte en una experiencia similar a la de beberse alguno de los venenos que tanto aprecio parece mostrar Flavia.
Alan Bradley es el autor de este libro. Ya le conocía de la primera parte de esta saga, Flavia de los oscuros talentos, novela que me encantó. Bradley es un escritor aceptable que tiene un estilo de escritura sencillo, ligero y con una buena ejecución que consigue gracias a una prosa lenta, intrascendente y con un desarrollo muy mejorable, un lenguaje funcional y unas descripciones bastantes básicas pero suficientes para el tipo de historia del que se trata. Pero lo peor en esta ocasión son los personajes. Obviamente, el único que tiene realmente peso en la historia es la protagonista, Flavia de Luce, que en esta ocasión está especialmente tonta, salvo en las escasas ocasiones en las que habla de venenos. El resto parecen fantasmas del poco peso que tienen en la novela.
La muerte no es un juego de niños nos ofrece exactamente lo mismo que nos encontramos en la primera parte. Es decir, un pueblecito de la campiña inglesa lleno de gente con una mentalidad cerrada, un asesinato que sacude la comunidad y nuestra detective amateur más joven, amable y educada del mundo, Flavia de Luce. En esta entrega, nos encontramos con que un famoso marionetista ha llegado al pueblo por accidente. El vicario le propone dar una función en el pueblo, algo a lo que el maestro de títeres acepta para ganar un poco de dinero. Durante la función de títeres hay un asesinato. Flavia con sus dotes de observación, su fiel bicicleta, sus conocimientos en químicos mortales y mucho tiempo libre, comienza una investigación que la llevará hasta un crimen sin resolver de hace años que sacudió a toda la población. Hasta aquí la cosa parece que pinta bien ¿no? Pues la verdad es que no. La historia se desarrolla extremadamente despacio, no hay escenas de acción y todo es bastante simplón. Incluso la resolución de quien es el asesino resulta facilona y carente de emoción.
Definitivamente, La muerte no es un juego de niños es una novela sosa que no consigue engancharte más que por momentos. El autor ha conseguido que la Flavia que nos conquistó en la primera parte se convierta en una niña insulsa, estúpida y bastante aburrida. Y esta vez ni la parte de química o las escenas en el laboratorio, que son muy pocas y breves, compensan el sufrimiento de leerlo. Está claro que la muerte no es un juego de niños. La literatura tampoco.
Caro1106La muerte no es un juego de niños7.5
Entretenida, me ha gustado incluso un poco más que la anterior.
Me duele decir esto, pero La muerte no es un juego de niños, es una lectura tediosa que nos muestra un misterio muy flojo, un pueblo irritante y una protagonista que parece haber perdido todo el atractivo que tenía en la primera parte. Así que leer sus 380 páginas se convierte en una experiencia similar a la de beberse alguno de los venenos que tanto aprecio parece mostrar Flavia.
Alan Bradley es el autor de este libro. Ya le conocía de la primera parte de esta saga, Flavia de los oscuros talentos, novela que me encantó. Bradley es un escritor aceptable que tiene un estilo de escritura sencillo, ligero y con una buena ejecución que consigue gracias a una prosa lenta, intrascendente y con un desarrollo muy mejorable, un lenguaje funcional y unas descripciones bastantes básicas pero suficientes para el tipo de historia del que se trata. Pero lo peor en esta ocasión son los personajes. Obviamente, el único que tiene realmente peso en la historia es la protagonista, Flavia de Luce, que en esta ocasión está especialmente tonta, salvo en las escasas ocasiones en las que habla de venenos. El resto parecen fantasmas del poco peso que tienen en la novela.
La muerte no es un juego de niños nos ofrece exactamente lo mismo que nos encontramos en la primera parte. Es decir, un pueblecito de la campiña inglesa lleno de gente con una mentalidad cerrada, un asesinato que sacude la comunidad y nuestra detective amateur más joven, amable y educada del mundo, Flavia de Luce. En esta entrega, nos encontramos con que un famoso marionetista ha llegado al pueblo por accidente. El vicario le propone dar una función en el pueblo, algo a lo que el maestro de títeres acepta para ganar un poco de dinero. Durante la función de títeres hay un asesinato. Flavia con sus dotes de observación, su fiel bicicleta, sus conocimientos en químicos mortales y mucho tiempo libre, comienza una investigación que la llevará hasta un crimen sin resolver de hace años que sacudió a toda la población. Hasta aquí la cosa parece que pinta bien ¿no? Pues la verdad es que no. La historia se desarrolla extremadamente despacio, no hay escenas de acción y todo es bastante simplón. Incluso la resolución de quien es el asesino resulta facilona y carente de emoción.
Definitivamente, La muerte no es un juego de niños es una novela sosa que no consigue engancharte más que por momentos. El autor ha conseguido que la Flavia que nos conquistó en la primera parte se convierta en una niña insulsa, estúpida y bastante aburrida. Y esta vez ni la parte de química o las escenas en el laboratorio, que son muy pocas y breves, compensan el sufrimiento de leerlo. Está claro que la muerte no es un juego de niños. La literatura tampoco.
Entretenida, me ha gustado incluso un poco más que la anterior.