La vicuña de ocho patas de Hernán Garrido-Lecca:
Yana Ñawi era como cualquier otra niña del imperio del Tawantinsuyo. Vivía en Cusco y le gustaba dibujar bastante. Un día conoció a Cusi Yupanqui, hijo del gran Inca, quien le pidió un dibujo especial para él, pintado con pétalos de flores. Sin saberlo, Yana Ñawi entregó en esa tela un gran símbolo para la paz de su pueblo.

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