La serpiente blanca de Jacob Grimm, Wilhelm Grimm:
Había una vez un rey muy famoso en todo el país por su sabiduría, pues conocía las cosas más recónditas y secretas. Tenía, empero, una singular costumbre. Cada mediodía, una vez retirada la mesa y cuando nadie hallaba presente, un criado de confianza le servía un plato más. Estaba tapado, y nadie sabía lo que contenía, pues el Rey no lo descubría hasta encontrarse completamente solo. Un día le picó al criado una curiosidad irresistible y se llevó la fuente a su habitación, levantó la tapadera y vio que en la bandeja había una serpiente blanca. No pudo reprimir el antojo de probarla; cortó un pedacito y se lo llevó a la boca. Apenas lo hubo tocado con la lengua, oyó un extraño susurro de melódicas voces que venía de la ventana. Al comer aquel pedacito de serpiente había recibido el don de entender el lenguaje de los animales.

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yiyolon

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6.5
13 de diciembre de 11
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