La sinagoga de los iconoclastas de Juan Rodolfo Wilcock:
La sinagoga de los inconoclastas evoca los retratos imaginarios de Marcel Schwob y los libros inventados de Borges, pero la produsión de los temas, el ingenio siempre renovado de Wilcock, y su inagotable arsenal de humor, casi siempre homicida, acaban por conducir a un resultado a menudo escalofriante.