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Elongación de rotura

Luchy Núñez
Elongación de rotura
  • Editorial: Torremozas

  • Año publicación: 1986

  • Temas: Poesía

Resumen y sinópsis de Elongación de rotura de Luchy Núñez

El libro es un poemario que la autora divide en tres partes. La primera, la más amplia que titula "Voz de arribo" data de cuando Luchy Núñez, tras años de ausencia regresa a su ciudad natal. En este reencuentro, la poetisa experimenta la desazón del paso del tiempo y, a la vez, la "perennidad" de las piedras. Aunque es tal la ausencia de las personas y amigos, y tan ubicuo el silencio de las calles y rincones, que ya en las primeras páginas se une a la indiferencia de la ciudad de su niñez y confiesa: "Las dos intuimos que la piedra y los versos/ como todo en la vida, quedarán dispersos". Pese al dolor, "aquí me quedo", dice la autora, y escribe en el último soneto de esta primera parte: "Tarragona, tú me tendrás desnuda/ mezclada para siempre a tus corrientes/ porque el crepúsculo todo lo anuda. A cambio, exigiré de tus vertientes/ sumisión. ¡Quiero verte a ti desnuda/ y amarte más en tus piedras calientes".

La segunda parte del poemario la abre un verso de Góngora: "!Oh niebla del estado más sereno!" Aquí la poetisa ya no habla de su encuentro con las piedras, de la ausencia de las personas y amigos, sino de sus sentimientos. Recupera las emociones juveniles que vivió en el marco de su ciudad y se pregunta: "Cómo explicar que habiéndome secado/ no me cabe en el cuerpo todo el cuerpo. El corazón vuelvo a notarme en la garganta/ como un redoble de tambores de Calanda". Su extrañeza llega a su máxima incredulidad al escribir: "!Qué maravilla/ esta conformidad, esta indolencia/ en marchitarse! /Qué maravilla/ esta perversidad de viejos lobos,/ este milagro del derrumbamiento/ de nuestros cuerpos!/ ¡Qué maravilla, obsceno amor mío, no rezar nada/ y poder dormir juntos como necios/ bastándonos, como se basta el mundo,/ el uno al otro!

En la tercera parte, Luchy Núñez busca trascender sus emociones, pero no encuentra al Dios de su infancia, y las creencias de antaño se le han quedado pequeñas. "No hallo el exacto cuenco de mi herida/ Dios, si estás, mírame el alma caída/ en la cascada helada donde asomo/ la pureza que me imagino lirio/ y la altura donde me vuelo azor. /Dios, si eres, déjame quieto este juego,/ este bajel que viene y va como ola/ y este negro que soy de su sentina. / ¡Oh Dios, si hay, me observe cómo agua y fuego/ me lucho entre garganta o caracola/ y entre ser rama seca o dulce endrina!. Aún así, se concede algunos momentos de nostalgia, de esperanza y dice: "Seguiré, no obstante, con la ventana abierta/ volviendo, a cada golpe de postigo, la cabeza".

Las tres partes en que se divide el poemario se unen y finalizan con un soneto dodecasílabo, en el que la poetisa confiesa su cansancio y su incapacidad para recuperar su añorada inocencia. La experiencia, la vida, deja un rastro que no pasa en vano.

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