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Heidegger y un hipopótamo entran en un bar

Thomas Cathcart, Daniel Klein

Resumen y sinópsis de Heidegger y un hipopótamo entran en un bar de Thomas Cathcart, Daniel Klein

Preguntas como: ¿Qué sentido tiene la vida, especialmente si todo va a acabar algún día? ¿Cómo debería afectar la conciencia de la muerte al modo en que vivimos nuestra vida? ¿Tendría la vida un significado totalmente distinto si viviéramos eternamente? Después de uno o dos milenios ¿nos vencería el hastío existencial y anhelaríamos que todo acabase? ¿Tenemos alma, y si es así, sobrevivirá a nuestro cuerpo? ¿De qué está hecha? ¿Es mejor la suya que la mía? ¿Es el Cielo un lugar espacio-temporal? ¿Y si no lo es, dónde y cuándo existe? ¿Y cuáles son las ventajas de alcanzarlo?

Este fue el tipo de preguntas que nos indujo a inscribirnos en nuestro primer curso de filosofía hace unos cincuenta años.

Entretanto, el tiempo iba pasando y seguíamos avanzando hacia la muerte. Finalmente, encontramos el camino de vuelta a esas Grandes Preguntas en las clases de metafísica y teología, de ética y de existencialismo. 
Pero de repente surgió otro obstáculo: la contemplación abierta de nuestra muerte nos producía un susto de muerte. No podíamos mirar a la Señora de la Guadaña cara a cara sin sentirnos aterrados y echarnos a temblar. Pero tampoco podíamos apartar la vista de ella. La muerte: no se puede vivir con ella ni se puede vivir sin ella.

¿Qué podemos hacer?
¿Y si contamos un chiste?

Millie acompañó a su marido Maurice a la consulta del médico. Después de hacerle un reconocimiento completo a Maurice, el médico se llevó aparte a Millie y le dijo “Maurice sufre una enfermedad grave producida por un estrés muy intenso. Si no hace lo que le voy a decir, su marido morirá. Todas las mañanas debe despertarlo suavemente con un amoroso beso, y luego prepararle un desayuno saludable. Sea amable con él en todo momento y procure que esté siempre de buen humor. Prepárele sólo sus platos favoritos y déjelo reposar después de las comidas. No le encomiende ninguna tarea y no le transmita sus problemas; eso no hará más que empeorar su estrés. No discuta con él, aunque la critique o se burle de usted. Trate de relajarlo por la tarde dándole masajes. Anímelo a ver por televisión todos los deportes que le apetezcan aunque eso signifique para usted perderse sus programas favoritos. Y lo más importante de todo, todas las noches después de cenar haga todo lo que sea necesario para satisfacer todos sus caprichos. Si puede hacer todo lo que le digo, día tras día, durante seis meses, creo que Maurice recuperará por completo su salud”.
De vuelta a casa, Maurice preguntó a Millie:
    - ¿Qué ha dicho el médico?”
    - Que te estás muriendo.

Poner la mortalidad en boca de Millie la hace, en cierto modo, más llevadera.  Los chistes son divertidos en el sentido de que pueden hacer una puntualización demoledora al tiempo que difuminan la ansiedad. Por eso hay tantos sobre el sexo y la muerte, porque uno y otra nos cortan el resuello.
Afortunadamente, sabemos un montón de chistes. De hecho, hemos descubierto que los chistes son una forma contundente de aclarar las ideas filosóficas generales, e incluso hemos escrito un libro sobre ello. ¿Podrían, entonces, los chistes iluminar también los conceptos filosóficos sobre la vida y la muerte, el ser y el no ser, la inmortalidad del alma y la condenación eterna al mismo tiempo que alivian nuestra angustia ante la muerte?
¡Sin la menor duda!

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